Historias

“Un recuerdo simpático de mi formación en el sector agrario”

El siguiente es uno de los relatos ganadores del concurso “Yo amo mi trabajo en el campo”, organizado por las Cooperativas Agrarias Federadas (CAF)

Foto de archivo.

Juan Carlos Canessa (COPAGRAN) fue otro de los ganadores del concurso “Yo amo mi trabajo en el campo” en la categoría relatos. A continuación compartimos su creación y conocemos más sobre su historia de vida.

El jurado del concurso –que estuvo integrado por Marina González, comunicadora de la FAO; Lucía Pintos, comunicadora del MGAP, y Bernardo Ramos, comunicador de Unión Rural de Flores- fue responsable de seleccionar a los dos relatos reconocidos en el marco de esta iniciativa, que fue organizada por Cooperativas Agrarias Federadas con el apoyo del SICOOP y de la FAO.

 

“Un recuerdo simpático de mi formación en el sector agrario”

“Sabido es que los espacios de formación no solo nos dejan capacidades técnicas, sino también amigos entrañables, momentos y anécdotas que quedan para siempre en nuestra memoria. El recuerdo que hoy comparto data del año 1978, cuando empecé la carrera de Técnico Agropecuario en la Universidad del Trabajo (UTU), que se dictaba en la Escuela Agraria de Durazno. Fueron tres años en los que conviví con cerca de 40 compañeros. Las noches de invierno eran largas. Cenábamos temprano y después nos entreteníamos estudiando y conversando. Me acuerdo de un compañero, El Canario Varela, que hacía unos cuentos muy divertidos. Quedábamos todos en silencio, escuchándolo. De alguna forma, con la imaginación, uno podía abandonar la barraca tras la pista de los paisajes, cañadas y pueblos que nos traía con sus relatos. Hay uno que hasta hoy resuena en mí y que me gusta contar a los niños en los fogones. Es la historia de un domador que comenzó a domar un caballo y estuvo años realizando esta tarea, sin parar, sin bajarse del animal. Viajó en el tiempo domando, se perdió en el horizonte, visitó distintos parajes, cruzó tempestades y sintió los rayos del sol infinitas veces posados sobre su piel. Pasaron años hasta que un día lo vieron aparecer nuevamente por su rancho. El domador traía el rostro curtido y feliz, pero el caballo era chiquito, tenía un montón de centímetros menos porque se le habían gastado las patas de tanto jinetear. Cuando vi al gaucho de la foto encima de ese petizo, no pude evitar volver hacia mi juventud, con este cuento que me acompañará por siempre”.

Sobre el autor. “Este concurso ayuda a acortar la brecha que existe entre el campo y la ciudad, contribuye a arrimar a las partes, muestra el valioso capital humano y la creatividad que hay en nuestro campo”, valoró Juan Carlos, quien es productor ganadero, socio de COPAGRAN, directivo de CAF y autor del segundo relato premiado en el marco del certamen.

“Actualmente vivo una parte del tiempo en Montevideo y otra parte en el campo. Estoy en una etapa de la vida en la que disfruto cada etapa de la actividad a la que me dedico. Trabajo a conciencia, en un espacio sano y en contacto con la naturaleza”, cuenta.

Juan Carlos también se refirió al rol clave que las cooperativas desempeñan en el quehacer de los productores rurales: “Nos brindan un apoyo indiscutible. Rescato fundamentalmente su rol social: nos permiten intercambiar con otros productores para identificar problemas comunes y resolverlos en conjunto. También nos brindan la seguridad de contar con asesores técnicos que nos ayudan a saber qué caminos tomar. Gracias a la cooperativa, uno no se siente tan solo como cuando tiene que tomar decisiones”, concluye quien es socio fundador de COPAGRAN.