El 2025 dejó un balance positivo para el sector agropecuario uruguayo. Con un clima favorable como factor transversal y desempeños destacados en varios rubros, la ganadería se consolidó como el sector más dinámico del año. Así lo analizaron los directores de AgroOriental, Christopher Brown, Martín -Slinger, Alberto Gómez y Jaime Gómez, quienes proyectaron el 2026 que se presenta desafiante, pero con fundamentos sólidos.
-¿Qué balance hacen del año 2025 para el sector agropecuario?
-Fue positivo. Si bien hubo realidades distintas según el rubro, el agro en su conjunto mostró resiliencia y capacidad de adaptación. La ganadería fue claramente el sector destacado del año, pero también hubo desempeños relevantes en otros sistemas productivos. El sector arrocero, por ejemplo, alcanzó cosechas récord, reafirmando el posicionamiento de Uruguay a nivel mundial en tecnología y rendimientos, aunque con el desafío de precios internacionales más ajustados. En agricultura, la zafra de soja logró volúmenes récord, con márgenes acotados por precios deprimidos, pero positivos gracias a los altos rendimientos. En cultivos de invierno, la colza tuvo un muy buen desempeño, mientras que el trigo enfrentó problemas de calidad y precios, trasladando presión a la próxima zafra de verano. El sector forestal se mantuvo estable, con producciones maduras y un ajuste en los precios internacionales de la celulosa. En lechería, la mejora en los precios internacionales permitió aliviar una situación compleja, aunque el desafío sigue siendo la eficiencia productiva, especialmente para los tambos más chicos.
-¿En qué pilares se basa este balance?
-El primero fue claramente el clima, que acompañó de muy buena forma durante todo el año y permitió expresar el potencial productivo en todos los rubros. A partir de ahí, cada sector tuvo sus propios motores, pero en el caso de la ganadería confluyeron varios factores clave que explican su desempeño diferencial en 2025.
-¿Cómo vieron al mercado de haciendas gordas?
-Fue un año excepcional. La faena se ubicó aproximadamente un 10% por encima del año anterior, con precios internacionales muy firmes. Esto respondió, en gran medida, a la escasa oferta de carne vacuna a nivel mundial y a una demanda creciente, especialmente desde Estados Unidos y Europa, donde los stocks vacunos vienen en descenso. A esto se sumó una exportación en pie históricamente alta, cercana a las 400.000 cabezas, principalmente con destino a Turquía y países de Medio Oriente. Lo más relevante es que todo este movimiento se dio sin comprometer el stock ganadero nacional, que se mantuvo estable, con crecimiento en el número de vacas de cría, verdadero motor del sistema.
-¿Cómo vieron la creciente incidencia de los corrales de engorde?
-Los confinamientos han crecido de forma sostenida en los últimos años y hoy se estima que superan 20% de la faena total del país. Ese crecimiento no sólo es cuantitativo, sino que está transformando estructuralmente la ganadería uruguaya. La mayor demanda de los corrales por novillos de entre 350 y 400 kilos traccionó una aceleración de todos los procesos productivos. Esto impacta desde el inicio del sistema: los criadores buscan terneros más pesados al destete, los recriadores apuntan a dietas de mayor calidad -ya sea con mejores pasturas o suplementaciones estratégicas- y todo el sistema se orienta a acortar los tiempos productivos. Para dimensionarlo, si la faena anual ronda los 2,4 millones de cabezas, estamos hablando de más de 500.000 novillos terminados a corral. Históricamente, esos animales requerían entre tres y cuatro años para llegar a faena en sistemas exclusivamente pastoriles. Hoy, gracias a la recría acelerada y a la terminación a corral, esos mismos novillos se están faenando entre los 20 y 36 meses. Esto demuestra que los corrales han tenido un papel fundamental, no como sustitutos del sistema pastoril, sino como complemento que mejora eficiencia, regularidad y respuesta a la demanda industrial, marcando un antes y un después en la ganadería uruguaya.
-¿El productor incorporó el tema de generar carcasas más pesadas?
-Sí, cada vez más. El productor entendió la señal de la industria y del mercado, y viene trabajando para lograr animales más pesados y mejor terminados. Esto no es solo una decisión coyuntural, sino el resultado de una mejora sostenida en manejo, alimentación y planificación productiva.
-¿Cuánto incide la genética?
-Es un factor clave y el productor ganadero uruguayo lo tiene muy claro: la inversión en genética se paga sola. No se trata solo de producir más kilos, sino de hacerlo con mayor eficiencia, mejor conversión y animales más adaptados a sistemas cada vez más exigentes. Esta convicción se refleja en el mercado de reproductores. Si se compara la zafra 2025 con la de 2024, se observa un crecimiento cercano al 8% en la cantidad de reproductores vendidos, acompañado también por un aumento en el precio promedio de los toros. Son datos contundentes que muestran que, aun en contextos desafiantes, el productor sigue apostando a mejorar su rodeo. La genética, combinada con una buena nutrición y manejo, es lo que permite responder a las exigencias actuales de la industria y de los corrales: animales que ganan kilos más rápido, llegan antes a los pesos objetivo y mantienen calidad de carcasa. La inversión genética no es un costo, sino una decisión estratégica de largo plazo para sostener la competitividad del sistema ganadero.
-¿Qué opinan del año para el mercado de ganados de reposición?
-Fue un año muy firme y sostenido, con demanda activa durante todo el año y para todas las categorías. Fue, además, un año particularmente desafiante para el país, teniendo en cuenta que se volcó al mercado una producción récord cercana a los 3 millones de terneros, un volumen históricamente alto para Uruguay. Lejos de generar presión negativa, quedó claramente demostrado que la demanda estuvo a la altura del desafío. Esa producción fue absorbida con fluidez y con muy buenos valores, tanto por el mercado interno -recriadores e invernadores- como por la exportación en pie, que se mantuvo activa a lo largo de todo el año y fue un componente clave en la colocación del ganado de reposición. Más allá del ternero, el resto de las categorías de reposición también mostró un mercado ágil, demandado y con alta liquidez, reflejando las buenas perspectivas que tuvo la ganadería en 2025 y que se proyectan para 2026. El marco internacional, con una demanda de carne vacuna que supera ampliamente la oferta disponible a nivel mundial, aportó respaldo y previsibilidad a todo el sistema. Un punto a destacar fue la relación flaco-gordo, que se ubicó por debajo de los niveles históricos del país, tradicionalmente en torno a 1,25. El sostenido aumento del precio del ganado gordo, especialmente a partir del segundo semestre, permitió una relación más favorable para recriadores e invernadores, mejorando la ecuación económica y reforzando el dinamismo del mercado de reposición. En síntesis, fue un año de mercado firme, desafiante y muy bien resuelto, que dejó bases sólidas para encarar un 2026 con expectativas positivas.
¿Cómo fue el año de Plaza Rural?
-Fue muy bueno. Más allá de su volumen y alcance nacional, Plaza Rural se consolidó como un verdadero generador de mercado, donde cada remate establece precios de referencia para las distintas categorías de ganado de reposición. A lo largo del año, Plaza Rural volvió a demostrar su fortaleza como sistema, combinando transparencia, liquidez y acceso para productores de todo el país. Esa regularidad permitió sostener el dinamismo del mercado incluso en un año particularmente desafiante, con una producción récord de terneros que debía ser absorbida por el sistema. Un diferencial clave fue la incorporación continua de herramientas comerciales que agregan valor tanto a vendedores como a compradores. Entre ellas, se destacó el acceso al crédito del Banco de la República, con condiciones diferenciales para los clientes de la institución, lo que amplió las posibilidades de compra y facilitó la toma de decisiones en un contexto de alta demanda. Además, la implementación de la modalidad de pago al contado para los vendedores fue una innovación muy bien recibida por el mercado. Esta herramienta aportó mayor previsibilidad y agilidad financiera, transformándose en un incentivo concreto para la oferta y fortaleciendo la confianza en el sistema. En conjunto, Plaza Rural no solo acompañó el buen momento del mercado de reposición, sino que potenció sus resultados, reafirmando su rol como uno de los principales referentes de la comercialización ganadera en Uruguay.
-En materia de compra y venta de campos, ¿cómo fue el balance del 2025?
-Fue un año muy relevante para el mercado de tierras, marcado por un precio promedio récord, que alcanzó valores cercanos a US$ 4.000 por hectárea, el nivel más alto registrado hasta el momento. Este dato refleja la firmeza del mercado, aun en un contexto donde el área total transada fue inferior a la de 2024. Esa menor superficie comercializada no respondió a una caída de la demanda, sino principalmente a una menor oferta de campos a la venta. La demanda, tanto local como extranjera, se mantuvo firme durante todo el año, sosteniendo los valores y consolidando un mercado más selectivo. Uruguay continúa posicionándose como un destino muy atractivo para la inversión en tierras, apoyado en atributos estructurales como la seguridad jurídica, reglas de juego claras y estabilidad institucional. Estas condiciones hacen que la tierra siga siendo percibida como un refugio de valor, tanto para inversores nacionales como para capitales del exterior. A este escenario se sumó el contexto internacional, con un dólar depreciado a nivel global, lo que impulsó el interés por activos reales como la tierra. En ese marco, se observó la participación activa de distintos grupos inversores extranjeros, que junto a los inversores locales aportaron dinamismo al mercado de compraventa, aun con una oferta más acotada. En síntesis, fue un año de menos volumen, pero de precios firmes y récord, que reafirmó el valor estratégico de la tierra en Uruguay como activo productivo y de resguardo de capital.
-¿Se “sinceró” el mercado de rentas?
-Tuvo un ajuste moderado, lejos de los escenarios más pesimistas que se manejaban a comienzos de año. La principal incógnita estaba dada por la salida al mercado de una importante superficie de campos que habían estado en manos de distintos fondos ganaderos, y por el impacto que eso podía tener sobre los valores de arrendamiento. En los hechos, lo que se observó fue un sinceramiento leve, con ajustes que se ubicaron en el entorno del 7% al 10%, sin caídas abruptas ni desarmes del mercado. Más allá de ese ajuste, lo más relevante es que la demanda por campos para renta se mantuvo firme durante todo el año. Históricamente, el arrendamiento de campos en Uruguay ha sido una herramienta clave para distintos perfiles: productores que buscan aumentar escala o complementar sus sistemas productivos, ya sea incorporando más vacas de cría o mejorando la eficiencia de su rodeo, y también inversores ajenos al sector que ven en la renta una forma de diversificar y entrar al negocio ganadero. A este escenario se suma un contexto internacional muy favorable para la carne vacuna, con perspectivas sólidas de precios y demanda, lo que termina de respaldar el interés por este tipo de inversiones. Así, el mercado de rentas mostró estabilidad, racionalidad y continuidad, confirmando que el ajuste fue más un ordenamiento de valores que un cambio estructural.
-Con todos estos elementos, ¿cómo fue el año para AgroOriental?
-El 2025 fue un año de consolidación y crecimiento, acompañado por un contexto favorable del sector, pero también por decisiones estratégicas que fortalecieron su posicionamiento en distintos frentes del negocio. En primer lugar, nuestro objetivo estratégico siempre fue convertirnos en una empresa referente en la comercialización de haciendas y hoy creo que lo hemos logrado por nuestra participación de mercado y la calidad de nuestros servicios. El haber tomado la decisión estratégica hace ya unos años de enfocarnos en la comercializan de ganado fue acertado porque nos permitió concentrarnos donde realmente agregamos valor como empresa. También seguimos invirtiendo mucho en la digitalización de nuestros procesos que mejoren la calidad de los nuestros servicios. En segundo lugar, en materia de compra y venta de campos, tuvimos un año activo, con operaciones concretadas tanto en campos ganaderos como agrícolas, en un mercado más racional y profesional. AgroOriental asesoró a clientes en varios procesos de venta, priorizando el valor productivo del activo y el momento adecuado para cada decisión, lo que permitió concretar negocios sólidos y sostenibles para compradores y vendedores. El trabajo junto a Cabaña Chimango fue uno de los puntos destacados del año. Logramos generar una propuesta de valor bastante creativa con el remate de los potros a fin de año y el Redomón posterior. La gente se enganchó bastante con el programa y los precios del remate reflejaron la genética de la oferta como la confianza del público en el trabajo conjunto.
-¿Qué hechos distintos concretaron?
-Dos hitos relevantes, en primer lugar, la apuesta al nuevo local en Minas, una decisión estratégica que refuerza la presencia territorial del escritorio y profundiza el vínculo con los productores de la región. Este nuevo espacio no solo amplía la capacidad operativa, sino que reafirma la vocación de cercanía y atención personalizada que caracteriza a AgroOriental. Y también una nueva alianza para la comercialización de ganado con Unión Rural de Flores. Sumamos experiencia, compromiso y una mirada renovada para seguir ofreciendo respaldo, transparencia y los mejores servicios ganaderos incluyendo. En conjunto, el 2025 fue un año que permitió afianzar relaciones, ampliar presencia y seguir construyendo confianza, sentando bases firmes para encarar los desafíos y oportunidades que plantea el 2026, con una empresa más fuerte, cercana y consolidada en el mercado.
-¿Qué proyectan para 2026 en un mundo tan cambiante?
-Las perspectivas para el sector ganadero uruguayo en 2026 son muy auspiciosas. Ya a lo largo de 2025 se venía anticipando un escenario favorable y, salvo la aparición de algún evento disruptivo de magnitud, los fundamentos que sostienen este buen momento siguen plenamente vigentes. A nivel macro, el mundo atraviesa una situación muy particular: los principales productores de carne vacuna registran niveles históricamente bajos de stock. Estados Unidos se encuentra con el stock bovino más bajo de los últimos 100 años, cuando históricamente fue uno de los grandes exportadores mundiales de carne. En paralelo, la Unión Europea viene acumulando varios años de caída en su producción de carne vacuna. Este escenario de menor oferta global se da, además, en un contexto de demanda creciente. A los mercados tradicionales para la carne uruguaya, como Estados Unidos y la Unión Europea, se suman mercados emergentes que vienen incrementando su consumo de proteína vacuna, como los países de Medio Oriente, ampliando y diversificando los destinos de exportación. En ese marco, Uruguay juega con ventajas claras. El país cuenta hoy con más de 100 mercados habilitados, una reputación sanitaria sólida y una marca país que se ha posicionado a nivel internacional como sinónimo de carne premium, confiable y trazable. Ese trabajo sostenido como país es un activo clave para capitalizar este contexto internacional. A esto se suma la reciente decisión de China de aplicar medidas de salvaguarda a partir del primero de enero, donde Uruguay quedó contemplado con una cuota cercana a las 370.000 toneladas, en una posición diferencial frente a otros países de la región. Este factor puede contribuir a ordenar el mercado y afirmar los precios de la carne uruguaya con destino a China durante el año. En síntesis, el 2026 se perfila como un año de muy buenas oportunidades para la ganadería uruguaya, con fundamentos sólidos desde la oferta y la demanda, y con un país bien posicionado para capturar valor en un mercado internacional cada vez más exigente y selectivo..