Luego de varios meses de intensas y difíciles negociaciones en el Consejo de Salarios del sector rural (dificultades que también hubo en prácticamente todo el resto de los sectores de la negociación laboral) en los últimos días del mes de diciembre se llegó a un acuerdo tripartito (productores, trabajadores y gobierno), que estableció los nuevos valores de salarios mínimos rurales para las distintas categorías y rubros, y los aumentos en las distintas escalas de ingreso.
La negociación se demoró por varios factores. En primer lugar cabe recordar que -si bien se negocia para el sector rural en su conjunto- la situación de los distintos sectores tiene bastantes diferencias. El sector ganadero está atravesando un escenario de precios particularmente positivo, pero el sector lechero ha visto un retroceso importante en los precios y algo similar sucede en la agricultura. Por otra parte, evidentemente la situación es muy diferente entre los productores con escalas importantes o empresas de agronegocios con varios rubros, respecto a los productores medianos y pequeños, para los cuales sostener los salarios de sus trabajadores es bastante más difícil.
A su vez, la negociación de la nueva ronda venía con un antecedente complejo porque en los ajustes de la ronda previa se debían incorporar correctivos por inflación a la baja, pues la inflación resultó menor a la prevista. En el sector rural se había acordado no aplicar la reducción de sueldos sino mantener los salarios y aplicar los correctivos al cierre del ciclo, con aumentos menores.
Con este contexto previo, la nueva ronda arrancó con nuevas cuestiones que motivaron varias idas y vueltas entre los negociadores del ministerio, los representantes de los trabajadores y de los productores.
Sucedió que las pautas planteadas por el Poder Ejecutivo establecían aumentos diferentes según el nivel salarial, con aumentos mayores para los salarios más bajos (de menos de 38.950 pesos nominales), y menores para ingresos superiores a ese nivel.
En el Consejo de Salarios del sector rural los representantes de los trabajadores planteaban que en el agro correspondía aplicar los aumentos correspondientes a los sectores de menores ingresos. Pero el agro -y esto puede ser sorpresivo para personas no cercanas al sector o que tienen cierta carga de prejuicio-, está pagando salarios bastante mejores que hace años atrás y notoriamente mejores que algunos sectores de servicios urbanos.
En efecto, ateniéndonos a los salarios mínimos previamente establecidos y -por supuesto- considerando no solo el componente salarial básico, sino también el pago correspondiente a casa hay comida, los ingresos de los trabajadores rurales están por encima del referido nivel de $ 38.950 nominales. De manera que -según las pautas del propio Poder Ejecutivo- les correspondían aumentos más modestos que a los trabajadores de menores ingresos.
Si bien la diferencia no era sustancial (5,9% vs 7,0% anual, en dos ajustes consecutivos), se generó una intensa discusión en el Consejo Salarial del sector. Los representantes de los trabajadores recurrieron a economistas del Pit-Cnt para que se hagan presentes en las reuniones para apuntalar su posición; hubo hasta incluso jerarcas del propio Secretariado Ejecutivo de la central sindical, metiendo baza. La negociación estuvo varias veces al borde del fracaso, lo que habría llevado a que el Poder Ejecutivo definiera los ajustes por decreto.
Sin embargo desde el ministerio de trabajo se perseveró en la negociación intentando acercar a todas las partes; allí tuvo un rol importante la Directora de Trabajo , la maragata Marcela Barrios. Finalmente, se acordó que para los trabajadores que en sus categorías estén con salarios 10% o más por arriba del laudo se aplicó el aumento menor (6%), mientras que el resto de los trabajadores tuvieron un aumento mayor (7%).
En cualquier caso, el acuerdo implica que el salario rural en términos reales -tomando una inflación de 4%- llega este año a un nuevo máximo histórico. En la gráfica adjunta se muestra la evolución según el salario mínimo para la categoría peón especializado.
Cómo se observa, el salario real rural ha tenido fluctuaciones bastante similares a las que ocurrió con el salario de la economía de su conjunto. Pero en la tendencia de largo plazo el salario real rural está casi 20% por encima de su nivel de hace 10 años.
También es de interés observar cómo se mueve el salario en el campo medido en dólares, en la medida que es en esa moneda en la que se denominan los ingresos de buena parte de la producción. En este caso, el aumento en el último año es de un impactante 20% lo que se explica por la fuerte caída del dólar (de más de 11%) y el citado aumento nominal del 6 o 7%. Aquí la tendencia es de constante aumento de manera que el salario rural medido en dólares prácticamente se duplicó en los últimos 10 años (gráfica).
Empleo rural
Mientras estas tendencias se observan en el salario, el empleo en el sector rural ha mostrado un descenso en los últimos años aunque recientemente esa baja se ha moderado. En la gráfica adjunta se muestran los promedios anuales de trabajadores del sector rural y afines, cotizando en el BPS (empleos formales). Se ve la fuerte caída en los años previos a la pandemia, luego una cierta estabilización y finalmente otra caída que se modera en el último año.
Cuando cruzamos los datos de empleo y salario -en una aproximación a lo que sería la masa salarial en el sector rural- hay una caída luego de la pandemia, pero de allí en adelante se ve una recuperación hasta el año 2024 en que la masa salarial se ubicó casi 5% por encima del año 2021. En 2025 hubo una cierta caída pero este año seguramente se recupere a los niveles de 2024.
Estas tendencias son una aproximación a una realidad en el empleo rural que es variada y dinámica. Uno de los puntos clave es que el empuje productivo del sector en las últimas décadas ha aumentado la demanda de trabajo y -por lógica económica- ha llevado a ofrecer salarios mejores para retener trabajadores, aumentar las plantillas y contratar personal con mayor capacidad profesional y productividad. De manera que en muchos establecimientos los salarios están claramente por encima del laudo.
Aún así, hay mucho para hacer en términos de mejora de las condiciones de trabajo y de vida en el campo. El agro ha transitado un proceso de acumulación de inversiones e incorporación de tecnología muy potente en las últimas décadas, siendo uno de los sectores líderes de la economía.
Además de la automatización y las mejoras en los procesos productivos y calidad del empleo -lo que hace el trabajo más sofisticado y valioso- se requiere sostener más inversiones en infraestructura en el campo, que permitan mejores comunicaciones y transportes y accesos a los servicios por parte de la población rural y las pequeñas localidades. Con ese soporte el trabajo rural alcanza niveles de calidad y desempeño que no le envidian el trabajo urbano.
El acuerdo tripartito firmado en Consejo de Salarios incluye además -y por primera vez- beneficios adicionales extra-salariales para los trabajadores rurales que ya se han incorporado hace tiempo en otras áreas del empleo. En concreto, se incorporaron 2 días anuales de licencia con goce de sueldo por cuidados de personas a su cargo. Además, se establece el otorgamiento de un set escolar de $ 2.000 por hijo, con un máximo de $ 6.000 por trabajador. Desde el MTSS se valora especialmente que se hayan incorporado estas cláusulas, que también son parte de la mejora en las retribuciones.