Historias

Mujer rural: hoy más que ayer

Cinco historias, una misma pasión y varios mitos para derribar…

Foto: Pexels

Manuela García Pintos

Si bien hay estudios cualitativos y cuantitativos que demuestran que en las últimas décadas las desigualdades de género parecen haberse mitigado, aún persiste un importante sesgo de género en las diferentes dimensiones.

Según datos de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (de 2016), de 115.000 personas que trabajan en establecimientos agropecuarios, el 27,3% son mujeres. Más aún: el 35% de ellas no percibe una remuneración por su trabajo, y solo el 12% de los hombres está en esa situación.

Las mujeres rurales experimentan importantes dificultades para el acceso y control de los principales factores de producción, como la tierra, financiamiento o asesoramiento técnico.

En general, hay una preferencia masculina a la hora del traspaso de las explotaciones familiares lo cual limita fuertemente las posibilidades de las mujeres de gerenciar emprendimientos productivos y en la práctica bloquea el acceso de las mujeres a la propiedad de la tierra.

En ese sentido, y en el marco del Día Mundial de la Mujer Rural -celebrado el pasado 15 de octubre- Rurales El País se comunicó con cinco mujeres (estudiantes de carreras afines al agro y productoras rurales) vinculadas con el medio.

Camila Ramírez, Agustina Carrasco, Fernanda Guerra, Antonella Gordillo y María Agustina Buenahora son cinco jóvenes uruguayas que han llegado al rubro por diferentes caminos, pero comparten un objetivo común: hacerse un lugar que les permita vivir de lo que más les gusta y para lo cual han trabajado.

Derribar mitos, deconstruir culturas que han quedado atrás y preparar el camino para las mujeres vendrán en el futuro -que ojalá así sea- es a donde pretenden llegar, y según afirmaron hoy cuentan con el apoyo del Estado.

Camila Ramírez: “No es fácil transitar la ruralidad siendo mujer”

Camila tiene 24 años, es estudiante de Agronomía y proviene de Treinta y Tres. Su vinculación con el campo se da, en primer lugar, vocacionalmente y entiende este aspecto como la base de lo que se da después.

“Mujeres cinchando y poniéndole el cuerpo a las tareas rurales existieron siempre y en el sentido más literal, porque existe la costumbre, errónea, de entender el aporte de las mujeres rurales como tareas livianas únicamente. El aporte de las mujeres en el agro se da en la parte productiva, en la técnica, en la gremial y en la estatal y, como en cualquier ámbito, suma, abre la cancha, aporta al abanico de opciones y decisiones. Pero no es fácil transitar la ruralidad siendo mujer. Esto, además de vivenciarlo en experiencias propias, consta en informes estadísticos de organismos gubernamentales que se encargan de medir las desigualdades del sector agropecuario. Ahí se constatan las diferencias, no solo en el reconocimiento al trabajo de mujeres y hombres, sino en su remuneración, en el acceso a recursos y en la toma de decisiones. Cambiar esta situación tiene un gran tinte cultural, pero existen fuertes competencias estatales. En este sentido, hay avances y es importante reconocerlos. El MGAP está generando un Plan Nacional que incorpore la perspectiva de género a las políticas agropecuarias. Además de reconocer las faltas, la situación debe encontrar a la institucionalidad agropecuaria, gremiales, colectivos de mujeres y a cada una individualmente, desde su lugar, trabajando para achicar estas brechas. En este proceso, nuestro rol como mujeres jóvenes en el medio rural es indispensable para mostrarle a las que vienen que se puede y vale la pena, como nosotras lo notamos en aquellas que nos preceden. Toda esta labor diaria, va a resultar en el justo reconocimiento y remuneración del trabajo de las mujeres en el medio, se va a reflejar en la valoración del aporte de las técnicas a la producción. Estoy convencida de que, algún día, ninguna joven va a tener que elegir irse del medio rural porque no puede desarrollarse plenamente en él. Queda un largo trecho, sí, pero vamos de avanzada”.

 Agustina Carrasco: “¿Por qué nos cuesta alcanzar esos lugares?” 

Tiene 21 años y es estudiante en la Facultad de Agronomía. Actualmente está cuarsando el 4° año de la carrera. Nació y se crió en Zapicán, en Lavalleja, donde su familia se dedica a la producción ganadera.

“Considero que el rol de la mujer rural es fundamental pero muchas veces está invisibilizado, relegado, a un lugar de la compañera o la ayudante. Todavía falta encontrarse con mujeres con roles protagónicos y de mayor poder de decisión. Las estudiantes de Agronomía somos minoría, todavía somos menos. Llama la atención, porque la realidad indica que son más las mujeres que ingresan a la universidad que los hombres, pero en Agronomía pasa lo contrario. Pienso que es normal, porque el sector todavía está muy masculinizado. No me asombran las cifras, pero preocupan mucho. Confirman lo que pensamos; que el trabajo de las mujeres está invisibilizado o minimizado. Podemos ser técnicas, trabajadoras, productoras. Me preocupa que las mujeres no encontremos en el campo un clima adecuado para desarrollarnos profesionalmente. Sabemos que muchas veces tenemos que demostrar más nuestras capacidades. Cuando sea una agrónoma no me gustaría que alguien me contratara solo por ser mujer, ni que ser mujer me impida desarrollarme profesionalmente. Uno sabe que los cambios son lentos. Hay que buscar formas de acelerar esos procesos en busca de una sociedad que nos trate igual. Creo que el apoyo del Estado y el enfoque de políticas públicas sin dudas contribuye, así como el enfoque de descentralización. Creo que las gremiales y las instituciones rurales deberían incluir más mujeres como representantes. Primero, porque hay capacidad; y segundo, porque es clave ser un ejemplo para las otras, para las que venimos. La pregunta debería ser: ¿por qué nos cuesta alcanzar esos lugares? ¿Por qué aún es más fácil el camino de los hombres? Quiero ver más mujeres empresarias, agrónomas, veterinarias, peonas, esquiladoras. Que estemos en todos los lugares y ocupemos todas las actividades.No quiero que carguemos con una mochila más pesada por ser mujeres”.

Fernanda Guerra: “El campo de hoy ya no es el de hace 40 años”

Tiene 25 años y es productora rural en el departamento de Colonia. Forma parte de la quinta generación trabajando en el establecimiento familiar dedicado a la ganadería y la lechería.

“Al rol de la mujer rural lo veo muy bien. El campo de hoy ya no es el de hace 40 años, cuando no había carreteras de tierra. Hoy está mucho más globalizado. Eso impulsa a la gente a quedarse. No hay tanto aislamiento. El tema tecnológico cada vez es más fácil trabajar. Trabajamos cada vez más, pero tenemos mucha ayuda con las nuevas tecnologías. Creo que no nos podemos quejar. Somos pocas, pero a mi generación la veo bien. Conozco muchas chiquilinas que estudiaron alguna carrera vinculada con el campo. Se fueron a estudiar y luego volvieron y siguieron con lo familiar. Me parece espectacular porque se perdió bastante. Me dijeron muchas veces que el trabajo en el campo no es para mujeres, pero por suerte cada vez más confirmo que hay más mujeres que se quieren quedar y se han criado toda la vida en el ambiente y quieren continuar. El campo siempre fue de los hombres, estoy segura que muchos años atrás las cifras eran diferentes. Me atrevería a decir que antes sería casi un 100% que los hombres eran propietarios de las tierras. Es algo de la cultura, ahora se va desarmando eso de que la mujer no es para el campo y me parece genial. Vamos por un buen camino. Hoy es mucho más fácil para trabajar, no es el trabajo de fuerza, ordeñar a mano, cosechar con bolsas. Hoy está todo más mecanizado y cualquier persona puede trabajar en eso. Veo muy bien el rol de la mujer a futuro, ojalá fuéramos más. Sé que es un rubro complicado. A veces tenes que levantarte a las 5 de la mañana o cuando llueve, pero si te gusta y estás contenta con lo que haces eso pasa a un segundo plano. Espero que sigan apareciendo más”.

Antonella Gordillo: “Hay que hacer visible algo que está presente”

Tiene 30 años y es granjera, trabaja junto a su hermano en la producción de zanahorias. Se dedica a la parte de la comercialización, es operadora del Mercado Modelo y también está vinculada al lavadero.

“Para mí la granja es el sector más noble; es el que más mano de obra en la parte rural mueve. El rol de la mujer es fundamental, no es el que más se destaca pero es el pilar. En la granja somos muchas mujeres rurales. Hay que dar un salto muy grande y hacer visible algo que está presente. Hay muchos equipos de trabajo, y en la mayoría de ellos hay mujeres. Quizás no se les da el rol o la notoriedad que se necesitan. El año pasado tuve invitaciones para ir a encuentros productivos en Brasil y en Holanda. En ninguno de los dos habían mujeres productoras. Me presentaba y no podían creer que yo era la productora. Eso dice que esto no pasa solamente en Uruguay, sino que en el mundo. Sí hay ingenieras, técnicas, encargadas, pero productoras no. Somos pocas, pero no solo en Uruguay, sino que en el mundo. Eso está cambiando. Soy directiva de la Cámara Frutícola y comparecimos ante Confederación Granjera y ahí me dijeron que no recordaban a una mujer que haya estado sobre la mesa opinando e intercambiando. Tenemos que estar en el ámbito gremial. Considero que han habido cambios y avances. Mi generación tiene que hacer este cambio, abrirle las puertas para las que vengan. Creo que ha faltado eso. Podría ser una meta a futuro. Dejar un camino marcado para las nuevas generaciones. No pretendo que otros hagan el trabajo por nosotras. También es cierto que el rol de nuestros padres es fundamental, en mí caso siempre nos trataron de manera igual a mí y a mi hermano. Y si yo quería formar parte iba a tener las mismas oportunidades para poder emprender. Fue un puntapié inicial fundamental. En el caso de las mujeres de la granja, por lo general, están más preparadas que los hombres. Hay una generación de mujeres que aprende de sus padres, pero también estudia. Por ese lado tiene un plus que otras generaciones no lo tenían”.

Agustina Buenahora: “El campo ya no es terreno de hombres”

María Agustina Buenahora tiene 26 años, es de Salto y cursa el 4° año de Veterinaria. Describe su vínculo con el campo como “atípico”. Se enamoró de la profesión de su padre, y decidió seguir el mismo camino.

“Mi vínculo con el campo es atípico, porque si bien siempre tuve amor por la naturaleza y contacto con animales, siempre estaba intrigada con el trabajo de mi padre, que es investigador del INIA. Tengo más de un recuerdo visitándolo en su trabajo, entrando al laboratorio sin entender muy bien lo que pasaba. Así fui creciendo, viendo y escuchando sobre horticultura, citricultura, ganadería. Escuchando palabras que recién hoy entiendo el significado. Eso me ayudó a descubrir mi vocación. Veo bien el rol de la mujer rural, a nivel nacional e internacional. Las mujeres estudian, se preparan. El campo ya no es terreno de hombres ni la mujer cumple solo el rol de cuidar a sus hijos, sin desmerecerlo. Hay opciones que antes no estaban. Hay más cosas que van cambiando. Me pasó que me dijeron que ser veterinario era cosa de hombres, que tratara de buscar cosas que me gustaran más y que no hiciera eso porque era para los hombres. Hoy no me pasa lo contrario, pero sí hay gente con otra opinión que incentiva que las mujeres se dediquen al rubro. Como estudiante, puedo afirmar que el número de mujeres es igual o superior al de los hombres. Eso es reflejo de un cambio. El campo siempre fue de los hombres, pero que están sucediendo cambios lentos pero significativos. Las cosas hoy son muy distintas que hace 30 años. Ojalá no tengan que pasar otros 30 años para que lleguen más cambios. Las mujeres tenemos mucho para aportar. Peleamos por hacernos un lugar en el rubro. Tenemos la ayuda de los avances tecnológicos para involucrarnos porque hoy no es un trabajo de fuerza, que quizás en su momento fue la excusa. Espero un futuro sin disparidades en cargos, en salarios, en responsabilidades o derechos. Espero que se pueda trabajar a la par y en equipo. Aplica en todos los trabajos. Como mujer, ojalá sigan apareciendo más que se dediquen a cualquiera de las ramas”.