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La joven artista que pinta lo que sus ojos ven y su cuerpo siente

Sus pinturas hablan de los paisajes rurales y los animales pinta lo que conoce, lo que le hace bien y los lugares en donde fue feliz...

Milagros Bonino Morixe tiene 25 años. Nació en Montevideo un 14 de agosto, pero se crió entre el campo y la ciudad de Salto en donde donde desarrolló su gusto por el campo y los animales..jpeg
Milagros Bonino Morixe tiene 25 años. Nació en Montevideo un 14 de agosto, pero se crió entre el campo y la ciudad de Salto en donde donde desarrolló su gusto por el campo y los animales.

Antes de empezar a conversar, me hizo saber -en más de una ocasión- su más sincero agradecimiento por el interés de contar su historia, porque, según dijo, es muy valorable este tipo de difusión para los artistas que están recién empezando... Ahora sí. Ella es Milagros Bonino Morixe, y tiene 25 años. Nació en Montevideo un 14 de agosto, pero se crió entre el campo y la ciudad de Salto. Fue allí en donde desarrolló su gusto por el campo y por los animales, así como también por la pintura y por cualquier tipo de manualidad. Todo comenzó de manera autodidacta, hasta que un día se dio cuenta que se quería dedicar a eso.

Siempre quiso ser veterinaria, y estuvo a punto de hacer la carrera. Su familia se encargó de enseñarle a querer y respetar los animales. Tan así que hoy puede percibir el alma de cada uno y empatizar con ellos, a veces, aún más que con las personas. Es por eso que este fue el primer tema que desarrolló. Asegura que los animales se caracterizan por su mirada y por su pelaje. Disfruta ver cómo el pincel se desliza sobre el lienzo y hace aparecer cada detalle. Un trazo tras otro, mientras es testigo de cómo esos seres comienzan a cobrar vida y aparece su alma.

Sus pinturas hablan de dos temáticas: la naturaleza, principalmente paisajes rurales uruguayos; y los animales. Esto se debe a sus experiencias; pinta lo que conoce, lo que le hace bien y lugares en donde fue -y es- feliz. Busca transmitir lo que sus ojos ven y su cuerpo siente, además de resaltar las atmósferas y las miradas para transportar al espectador a cierto lugar o lo posiciones frente a un alma; que los sentimientos vayan mas allá de la literalidad de la imagen.

Desde que tiene memoria, siempre estuvo en contacto con la naturaleza. Aprendió a valorarla y a respetarla. Esa admiración le generó una necesidad de representarla a través de lo que sus ojos ven y su cuerpo siente cuando está frente a ella. Sus trabajos son muy personales y representan, en su mayoría, vistas de la estancia de su madre que se ubica en Artigas, en donde pasó muchas etapas de su vida y aún hoy disfruta mucho ir.

Poco tiempo después de nacer, se fueron a vivir al campo de su abuelo paterno, en Soriano. Ahí estuvieron dos años hasta que nació su hermana más chica y ahí la familia se mudó a Salto.

Vivió en Salto hasta sus 17 años para luego mudarse con su madre y hermanas a Montevideo, porque había que empezar a estudiar. Pero ahí comenzaba todo… “Me encantaban los animales. Yo quería estudiar veterinaria, pero desde muy chica siempre me encantaba dibujar y estar haciendo cosas manuales con lo que sea que hubiera en casa. Mi madre siempre me estimuló esto. Pudo ver algo en mí que claramente yo no lo veía, pero ella lo fomentaba”, contó.

Sus primeros dibujos, cuando era niña, eran de un loro, un gato o animales que no eran suyos y que nunca había visto. “Encontraba las fotos y me parecían impresionantes los detalles, los colores… me generaba algo que yo quería pintar. Miraba mucho Animal Planet, Discovery Channel, documentales de animales, y me pasaba eso, veía unas tomas impresionantes, no podía creer que había algo tan lindo y tan espectacular en la naturaleza, con esos detalles, esos colores y esos patrones en el pelo. Había algo”, dijo.

En la adolescencia “uno no está para pintar” y dejó su hobbie de lado… pero con el tiempo comenzó a perfeccionarse por su cuenta. Sus trabajos eran cada vez mejores y se dio cuenta que lo que hacía era bueno y que, además, realmente le gustaba pasar su tiempo haciendo eso. Así que llegó el momento de decidir.

“Yo estaba entre veterinaria, que sabía que era algo que me causaba mucha curiosidad y, por otro lado, estaba esto, que me despertaba algo, pero claro, tenés la gente que te dice, estudia veterinaria y pintá como hobby, porque no vas a poder trabajar de eso, porque no te va a dar para vivir. Mi madre me dijo: si realmente es lo que te gusta, tirate para ese lado’. Lo dudé bastante, incluso estuve inscripta en el bachillerato de veterinaria, pero terminé en el lado del arte”, recordó.

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Tuvo la oportunidad de aprender la técnica de la pintura al óleo con el maestro del hiperrealismo Helmut Ditsch. Sus pinturas hablan de dos temáticas: la naturaleza, principalmente paisajes rurales uruguayos; y los animales. Esto se debe a sus experiencias; pinta lo que conoce, lo que le hace bien y lugares en donde fue -y es- feliz. En sus pinturas busca transmitir lo que sus ojos ven y su cuerpo siente, además de resaltar las atmósferas y las miradas para transportar al espectador a cierto lugar o lo posicione frente a un alma; que los sentimientos vayan mas allá de la literalidad de la imagen.

Por su cuenta pintaba retratos de animales, realistas, en un taller que se armó en un cuarto en lo de su abuela y eso le permitió arrancar a pintar y pintar y pintar. Pintaba para ella y pintaba por encargos que algunas personas le pedían.

Se inscribió en el bachillerato artístico y cuando terminó le surgió la oportunidad de conocer a un pintor argentino hiperrealista que vive en Austria, Helmut Ditsch, un pintor hiperrealista. Él fue su maestro, su mentor y bueno hasta el día de hoy su guía en este tema. En una revista decía que iba a Buenos Aires a dar una charla. Le escribió por Facebook y fue a conocerlo. Le mostró lo que hacía, se interesó en su trabajo y se ofreció a enseñarle la técnica del óleo, puesto que hasta ese entonces ella pintaba con acrílicos. Le enseñó las básicas para arrancar en su atelier en Madús, en Linchestein en donde permaneció un par de meses. Esto pasaba en su último año de bachillerato.

“Llegó la época en la que todos arrancaban facultad y yo estaba pintando. A esa altura ya estaba segura de que quería pintar, pero ¿qué podía ser relacionado a esto en Uruguay? Empecé a investigar y habían dos carreras grandes: una era Bellas Artes y otra estaba Artes Visuales. Me decidí por Artes Visuales”, contó.

La carrera de la cual se recibió el año pasado, le dio una gran base teórica, le enseñó las básicas de la historia del arte, del mundo del arte hoy, de cómo se mueve, de cómo funciona. También le dio herramientas como la fotografía, algo fundamental para su trabajo, porque sus obras son dibujos, pinturas realistas, para lo que siempre toma fotos de referencia.

Comenzó pintando perros; hizo a su perra, a la de su tía, uno por encargo. Luego pintaba más animales, un águila, por ejemplo, pero se dio cuenta que Uruguay tenía sus propios animales y sus paisajes, “cosas increíbles que pueden generar lo mismo que cuando veo un león en África por la tele”. “No tengo por qué buscar afuera cuando acá tenemos cosas impresionantes y que mucha gente no le da tanto valor porque justamente lo tenemos acá al lado; es mucho más cotidiano para nosotros y muchas veces nos llama más la atención lo que está afuera a lo que no tenemos a simple vista. Así fue como que me empecé a meter de a poco en los retratos de toros”, contó.

Le gusta transmitir las sensaciones que ella siente, que le parecen impresionantes y bellísimas. “Me gustaría que el que lo viera pudiera sentir lo mismo que yo sentí. Pararse frente al cuadro y sentir el fresquito de esa mañana o meterse en los colores de ese atardecer”, dijo.

Lo mismo con los paisajes. Sentir los cambios en la temperatura, la luz, los colores, ver cómo va cambiando todo segundo a segundo.

“Me pasa que acá en Uruguay hay mucha gente que no conoce el campo, que no tiene curiosidad, lo mismo por los animales. Muchas veces esa gente ve mis cuadros y yo me doy cuenta cómo les llega. Es también una manera de demostrarle lo que hay. Por eso me pareció importante buscar el sujeto acá en Uruguay y no salirlo a buscar en otro lado. Por eso yo pinto el toro que está en el campo de Uruguay y no el león que está en África”, señaló la artista.

Lo que demora en pintar un cuadro, depende, básicamente, del tamaño del mismo. También va a depender, por ejemplo, si es un fondo más liso o un paisaje. Un cuadro mediano, supongamos un 60x60, 50x70, le lleva un mes y medio de trabajo. También hay que tener en cuenta el tiempo de secado de la pintura, porque el óleo, al ser a base de aceite, tiene unos tiempos de secado más lentos.

“Todo es un proceso de búsqueda constante. Muchas veces, si tengo un encargo de algo particular ahí sí voy a buscarlo, pero si no, es como buscar en las cosas que ya viví, que por algo me llamaron la atención y por algo las tengo ahí guardadas”, expresó.

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Tuvo la oportunidad de aprender la técnica de la pintura al óleo con el maestro del hiperrealismo Helmut Ditsch. Sus pinturas hablan de dos temáticas: la naturaleza, principalmente paisajes rurales uruguayos; y los animales. Esto se debe a sus experiencias; pinta lo que conoce, lo que le hace bien y lugares en donde fue -y es- feliz. En sus pinturas busca transmitir lo que sus ojos ven y su cuerpo siente, además de resaltar las atmósferas y las miradas para transportar al espectador a cierto lugar o lo posicione frente a un alma; que los sentimientos vayan mas allá de la literalidad de la imagen.

Meta. Su objetivo es poder vivir de esto, de la pintura. “La verdad es que el camino para un artista en Uruguay es lento, es difícil, y hay que aprovechar todas las oportunidades. Estoy muy agradecida con que te hayas interesado por mi trabajo y quieras darle algo de infusión. Yo sé que es un camino lento, hay que saber eso ir disfrutándolo porque las cosas se van a ir dando”, expresó.

También le gustaría que la gente de otros lados del mundo pudiera conocer también lo que hay acá: nuestros animales, nuestros paisajes, y poder sentirlos, vivirlos como ella lo hace.

Finalmente, expresó que mucho más allá de lo técnico, lo más importante para que el cuadro quede bien logrado y con buenos resultados, que parezca real y que uno lo sienta real, es conocer el sujeto. “Que haya estado en ese lugar o en un lugar muy similar o que, cuando me encargan un toro, que haya estado frente a otro toro, que conozca el comportamiento, cómo es, cómo es el pelo. Esos son detalles que van más allá de lo técnico”, concluyó la joven artista.

Es Licenciada en Comunicación, egresada de la Universidad ORT en 2017. Trabaja en Rurales El País, sección a la que ingresó en agosto de 2020. Antes fue periodista agropecuaria en El Observador y productora en el programa radial Valor Agregado, de radio Carve. Escribe artículos para la revista de la Asociación Rural y se desempeña como productora del programada #HablemosdeAgro, que se emite los domingos en Canal 10.
Junto a otros 300 voluntarios, el equipo de Rurales El País dejó la agenda por un rato y cosechó 90 mil choclos a mano para dar 21.500 platos de comida

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