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Campo natural más sostenible

Estudio propone estrategias para la intensificación sostenible de la ganadería en campo natural. El campo natural brinda servicios ecosistémicos como por ejemplo el hecho de que incluyen el sustento de la biodiversidad vegetal y animal, el control de la erosión del suelo y el almacenamiento de carbono orgánico del suelo y otros nutrientes. Además ayuda al ciclo y la provisión de agua y también a la regulación del clima.

 

Pía Mesa

La producción ganadera extensiva en América del Sur se ha mantenido durante más de 300 años gracias al pastoreo en campos naturales. No obstante, su baja productividad -alrededor de 70 kg. de peso vivo por hectárea y por año- ha impulsado la conversión del uso de la tierra hacia la agricultura y silvicultura. Es por esto que los especialistas en el tema consideran que “existe una necesidad imperiosa” de aumentar la rentabilidad y la resiliencia a partir de opciones tecnológicas, al mismo tiempo que es importante conservar los pastos nativos, mientras se mantienen bajos costos y riesgos financieros en todo el sistema.

Así lo afirmó el artículo “Un nuevo paradigma para incrementar la sostenibilidad económica y ambiental de los campos sudamericanos”, publicado en la revista Frontier y elaborado por un grupo de investigadores uruguayos, argentinos y brasileños, entre los que se destaca el ingeniero agrónomo e investigador del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), Martín Jaurena.

En la investigación se plantea una propuesta para cambiar el paradigma actual y se establecen diferentes opciones de intensificación con dos principales objetivos. Por un lado, mantener los pastos nativos como principal fuente de alimento y por otro lado, para mejorar los dos principales inconvenientes productivos: una marcada estacionalidad y pérdida relativamente rápida de bajo valor nutritivo.

En los últimos 20 años, la producción agrícola ha registrado un aumento en casi todos los países a partir de la mejora de los rendimientos, así como por una mayor cantidad de superficie de tierra cultivada. Esto llevó a que la producción de alimentos per cápita sea un 22% más alta que hace dos décadas y se espera que tanto la población como el consumo de alimentos per cápita, continúen aumentando.

Sin embargo, en la gran mayoría de los casos este aumento en la producción se ha hecho “a expensas de los hábitats naturales”, indicó el estudio y advirtió que “es poco probable que la producción extensiva sea suficiente para cubrir tales demandas sin efectos ambientales negativos importantes”. Es por esto que los investigadores plantean que “hay espacio para una intensificación de los sistemas agrícolas de bajo rendimiento para que los aumentos en la producción se realicen con un impacto ambiental conocido y controlado”.

Desde el año 1970 el área de campo natural “ha venido disminuyendo” en los países de la región, debido a la conversión a cultivos de granos y plantaciones forestales, entre otros. En Uruguay, el campo natural ocupa alrededor de 64% de su extensión original, según el estudio.

Es que “la falta de rentabilidad” del campo natural “conduce a tasas de carga (animal) por encima de lo óptimo, lo que da lugar a un círculo vicioso de degradación y la consiguiente baja productividad e incluso una menor rentabilidad”, explicó la investigación.

Las 7 estrategias.

El desafío de la intensificación sostenible de la producción ganadera en el campo natural es el aumento de la producción y la utilización de los forrajes, así como el hecho de lograr beneficios económicos, sociales y ambientales. De acuerdo con la investigación, existe un conjunto de técnicas específicas y validadas de bajo costo que “podrían tener un gran impacto en la productividad” así como en la estabilidad de los sistemas ganaderos a campo natural.

En primer lugar, destacan que durante la primavera -cuando el crecimiento del pasto es regularmente alto- la generación de módulos de almacenamiento in situ (potreros diferidos) se puede usar para optimizar la estructura del forraje, para su almacenamiento con el objetivo de enfrentar la incertidumbre climática, así como para favorecer la producción de semillas y mejorar la recuperación de las áreas más pastoreadas. En segundo lugar, durante el verano -cuando el crecimiento del pasto es variable- se puede emplear el destete temporal, además, el forraje almacenado y/o los complementos alimenticios en vacas y ovejas podrían mantener el forraje en oferta.

Una tercera estrategia sugerida para el otoño -cuando el crecimiento del pasto empieza a disminuir- implica ajustar la tasa de carga animal anual, así como también la generación de módulos de pastoreo para acopio de leguminosas o pasto fertilizado con nitrógeno.

Una cuarta estrategia para el invierno -cuando el crecimiento del pasto es más bajo- implica el uso de forraje acumulado de baja calidad para los animales menos exigentes, combinado con suplementos de proteínas, así como también brindar forraje de alta calidad para el ganado con más exigencias. En quinto lugar, usar el forraje almacenado en temporada de lluvias por debajo del promedio, así como el riego eficiente de pastos con alta tasa de crecimiento potencial en áreas pequeñas. La sexta estrategia plantea la implementación de módulos de siembra rotacional especializada mediante la división de potreros con comunidades vegetales uniformes, y al mismo tiempo con agua y sombra disponible, lo que podría usarse para mejorar el manejo de los pastos. La séptima estrategia plantea la diversificación de los ingresos del sistema agrícola a partir de sistemas silvopastoriles o cultivos ganaderos y al mismo tiempo aprovechar sus ventajas para mejorar el bienestar animal y la renovación de pastos perennes.

“La intensificación sostenible tiene como objetivo aumentar la productividad de los pastos al tiempo que aumenta la sostenibilidad. Para superar este desafío, las estrategias de intensificación de gestión, insumos y diseño antes mencionadas ayudarán a aumentar la capacidad de los sistemas ganaderos para hacer frente a los choques externos”, afirmó la investigación.