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Rendimientos de 1.200 kilos de soja en Soriano; el invierno espera una gran superficie de colza y carinata

La diferencia con mejores producciones de la región debe su explicación al clima

Soja.
Soja.
Gabriel Carballal.

Después de una campaña de verano que dejó a la soja con rendimientos de apenas 1.100 a 1.200 kilos por hectárea en el departamento de Soriano, el invierno llega pintado de amarillo. El área de brásicas (colza y carinata) crece de forma marcada en la zona, de la mano de precios que rondan los US$ 540 a US$ 560 por tonelada, mientras que la superficie de gramíneas retrocede. El productor y asesor agrícola Gabriel Carballal, que trabaja en Soriano y Flores, repasó en nota con Valor Agrícola el estado de las implantaciones de invierno, los puntos de equilibrio de cada cultivo y las razones detrás de la floja campaña sojera del verano.

"Cayó el área de gramíneas y sube bastante, de forma importante, el área de brásicas", indicó Carballal. Dentro de ese grupo, la colza y canola avanzaron con fuerza, aunque la carinata enfrentó un obstáculo particular: hasta muy avanzada la campaña no había certeza sobre qué exportador tomaría la producción, dado que la compañía que operó el año pasado fue reemplazada por otra. Esa incertidumbre llevó a que parte del área prevista para carinata se volcara a colza a último momento.

Las siembras se hicieron sobre suelo seco y en condiciones cercanas a las óptimas, pero el frío posterior complicó el desarrollo. "Tuvimos unas semanas muy frías y muy nubladas, el sol brilló por su ausencia", describió el asesor y remarcó que las brásicas son particularmente sensibles a esa combinación de heladas y falta de sol. El resultado es dispar: hay cultivos en muy buen estado y otros que debieron resembrarse. Carballal estimó que recién dentro de un mes se podrá evaluar con claridad cómo cerraron las implantaciones, en momentos en que además falta agua en el suelo.

El trigo y la cebada, en cambio, lograron implantarse sin mayores contratiempos gracias a la humedad disponible en el suelo y a su mejor tolerancia al frío. Su menor área respondió casi enteramente al precio. Carballal recordó que hubo ventanas de venta de trigo a US$ 250-260 la tonelada, un negocio interesante con rendimientos de equilibrio de 3.800 a 4.000 kilos por hectárea. Sin embargo, con el precio actual en el entorno de US$ 210-220 y costos de fertilizante que llegaron a duplicarse durante la siembra, el cultivo volvió a mostrar un rendimiento de equilibrio muy exigente.

Los puntos de equilibrio de colza y carinata

Sobre los rendimientos de equilibrio, Carballal dijo que en colza el número se ubica entre 1.650 y 1.750 kilos por hectárea, con variaciones según el momento de compra del fertilizante: quienes compraron temprano, cuando el insumo rondaba los US$ 400-500, lograron equilibrios más bajos que quienes lo adquirieron cuando el precio casi se duplicó. La carinata, al requerir menos tecnología por la limitación de nitrógeno que imponen los programas de exportación, muestra un equilibrio menor, en torno a 1.500 kilos por hectárea.

Soja: rendimientos bajos y una ventana de precio que ya pasó

El precio de la soja tocó un piso de US$ 370 tras haber llegado a US$ 415, y hoy se ubica cerca de US$ 400. Según Carballal, el grueso de la comercialización ya se realizó cuando el precio estaba en ese rango de US$ 400 a US$ 415, en función de los rendimientos que arrojaban las chacras. Solo los productores con rendimientos normales —concentrados en el extremo norte o sur del país— podrían conservar aún parte de su producción para vender más adelante.

En Soriano, el rendimiento promedio de soja se ubicó entre 1.100 y 1.200 kilos por hectárea, con una brecha marcada dentro del propio departamento entre la zona de Dolores, mucho más afectada, y la de Flores, donde el promedio trepó a 1.500-1.600 kilos. "A medida que te vas hacia el litoral oeste, va empeorando la cosa", resumió.

Maíz: resultados muy dispares según la zona y la fecha de siembra

El maíz de primera mostró un panorama contrastante: hubo lotes de secano que superaron los 6.000 kilos por hectárea —un resultado bueno para este año— y otros que terminaron destinados a picado, con rendimientos proyectados por debajo de los 2.000 kilos. La diferencia dependió en gran medida de la zona y de la fecha de siembra, ya que cuanto más se atrasó la implantación, peor fue el resultado.

En el maíz de segunda la dispersión también fue amplia, con chacras de 2.500 kilos y otras muy por encima de esa cifra en la zona sur. Como número general, Carballal consideró un éxito superar los 4.500 kilos por hectárea este año.

¿Por qué Uruguay quedó relegado frente a la región?

Consultado sobre la brecha entre la floja producción de soja de Uruguay y las cosechas récord de Brasil y Paraguay, y el volumen superior a 50 millones de toneladas de Argentina, Carballal dijo la explicación fue el factor clima, no la tecnología. "No se hizo absolutamente nada distinto el año pasado de este año. Se usó la misma tecnología, la misma genética, las mismas máquinas, el mismo fertilizante", remarcó, y recordó que el año pasado Uruguay superó los 3.000 kilos por hectárea en soja, por encima del propio rendimiento argentino.

El asesor explicó que el golpe climático de este año impactó con especial dureza en la zona núcleo sojera —Dolores, Cañada Nieto, Ombúes de Lavalle—, que concentra buena parte del área nacional, mientras que zonas marginales como Vichadero, que representan apenas 1% o 2% del área sembrada, tuvieron rendimientos superiores a los 3.000 kilos. Según Carballal, Uruguay se ubica entre los países más prolijos de la región en materia de adopción tecnológica, pero enfrenta una combinación desfavorable de suelo marginal y clima adverso, a diferencia de Argentina, que cuenta con suelos de excelencia, o de Brasil y Paraguay, favorecidos por lluvias abundantes. Como ejemplo, mencionó dos campos a 40 kilómetros de distancia con una diferencia de 110 milímetros de lluvia entre uno y otro, que se tradujo en una brecha de 1.000 kilos por hectárea pese a haber recibido el mismo manejo tecnológico.

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