Al analizar el panorama general de la economía, hay pocas áreas donde se vislumbre una actividad avanzando y con buena dinámica. En el último comunicado de su Comité de Política Monetaria, el Banco Central señala que percibe una mejora en los niveles de consumo privado, lo que puede vincularse al aumento real de los salarios y el sostenimiento del empleo, más allá de las ostensibles dificultades en algunos sectores y empresas.
Pero en términos generales, eso no alcanza para poner a la economía en una trayectoria de crecimiento significativo; por el contrario, la preocupación es que estemos entrando en una etapa de cierto estancamiento. Más aún cuando se introduzca el impacto de la guerra en el Golfo Pérsico, a través del próximo e inevitable aumento en los combustibles.
En este escenario cabe preguntarse qué rol están teniendo los agronegocios. La agricultura -un fuerte dinamizador de la economía, cuando expande su actividad con mayores siembras y cosechas-, está pasando el trance de la sequía, que intentará superar con el nuevo ciclo de cultivos de invierno. Los agricultores buscarán la “revancha”, especialmente apostando a la colza, la oleaginosa que hoy es la opción de cultivo de invierno más atractiva. Trigo y cebada también han mejorado los precios en la última semana.
En la producción animal, la lechería ha retomado una dinámica de fuerte crecimiento, con la remisión aumentando a tasas de doble dígito interanual en los primeros meses de este año. Como se ve en la gráfica, tomando la remisión en sólidos de los últimos 12 meses, se alcanzó un nuevo récord histórico. Después de años de complicaciones climáticas, el sector lechero vuelve a mostrar su gran capacidad de producción. Los mercados externos no están sencillos, pero en términos de producción, la lechería vuelve a sumar.
Y en el sector cárnico, que ha liderado las exportaciones en el último año, hay un buen potencial de crecimiento, aunque en los últimos meses la faena ha tenido una importante retracción.
Subas y bajas.
El mercado del ganado para faena tuvo un nuevo empuje al alza en sus precios en las últimas semanas, después de un extenso “round” de puja entre productores y frigoríficos que llevó el precio de los novillos al eje de los cinco dólares. De ahí en adelante se ha dado una importante suba, en línea con la firmeza del mercado internacional. En efecto, el precio de exportación promedio de la carne vacuna pasó de un eje de 5.400 a 5.700 US$/ton, mostrando que a nivel global la demanda está superando claramente a la oferta. Y Uruguay no es excepción, con una demanda firme que encuentra una oferta acotada. Así, el precio del novillo gordo rebotó y va rumbo a los cinco dólares y medio por kilo a la carne.
En efecto, luego de meses de buena faena al cierre del año pasado, en el acumulado de lo que va de este 2026, la faena cae 17% con especial baja en la categoría de novillos que bajan 20%, mientras la faena de vacas cae un 17% y la de vaquillonas 5%. La faena se retrajo particularmente en las últimas semanas, entrado ya el otoño, época en la que -décadas atrás- se solía iniciar la “zafra” con el máximo de faena anual. Los tiempos han cambiado.
Así, pese al muy buen escenario de precios, la actividad en la industria frigorífica disminuye respecto al año pasado y -al menos transitoriamente- no va a aportar a la economía ese tan necesario empuje a la actividad que está precisando.
Sin embargo, al observar la tendencia de faena en un periodo más largo, considerando el dato en año móvil (gráfica), se muestra que la baja no es tan impactante; habrá que ver cómo se recompone la oferta, no sólo de los ganados de campo sino -en especial- en la dinámica de los corrales, que están siendo cada vez más importantes en la cadena cárnica. Y con ellos, se reafirma la importancia del mercado de ganado de campo para corral, que se vuelve casi tan relevante como el propio mercado de ganado gordo. Allí los precios están firmes, lo que le pone presión a las cuentas de los corrales, aunque -al mismo tiempo- son el estímulo esencial para que la cría y la recría tengan el impulso necesario para mantener la oferta.
Nominales y reales.
Aún con este escenario de precios récord medidos en dólares, al momento de pasar esos precios a valor real -descontados por inflación local IPC- el panorama cambia; sigue siendo auspicioso, pero se describe con más moderación. En la gráfica adjunta se muestra la evolución del valor real del novillo gordo (indicador INAC) en pesos constantes. El valor real no ha hecho otra cosa que subir en los últimos dos años, pero su nivel actual no llega a los récords del año 2022 o incluso de 2019 y está apenas arriba de los valores de los años 2015, 2016.
Dicho de otra forma, en términos reales el escenario es bueno a muy bueno, pero no excepcional. Esto lo perciben los empresarios al hacer las cuentas en establecimientos y frigoríficos; los precios en dólares son muy buenos, pero al momento de pagar los servicios, las obligaciones con el Estado, los salarios y el propio costo de vida, ven que las cuentas están más finas de lo que las estimulantes tendencias internacionales sugerirían.
Es que el dólar en Uruguay sigue flojo. A fines de enero el Banco Central bajó la tasa de interés, ante el desplome en la cotización de la moneda estadounidense; logró sostenerla transitoriamente, pero en las últimas semanas bajó nuevamente, en línea con el mercado internacional y con tasas en pesos en el mercado abierto local que han tenido cierto repunte (las Letras del BCU están pagando 6,2% a un año). De manera que hoy el dólar nominalmente está más de 6% debajo de lo que estaba hace un año. Considerando además la inflación, el dólar está con una caída real de casi 10% en los últimos 12 meses. El aumento en el precio en dólares tiene que ser particularmente fuerte para compensar esto. Además, una cosa son los precios y otras son los márgenes, que están finos en toda la cadena, particularmente en la industria frigorífica, el eslabón de la cadena donde los costos locales (en pesos) tienen una mayor proporción.
Así, no es extraño que -precisamente- la industria esté con dificultades de costos, a lo cual se agregan los problemas causados por el mal uso de específicos veterinarios y otros contenciosos vinculados a la propia actividad frigorífica.
Este es el panorama con el cual el sector encara uno de los momentos seguramente más trascendente de los últimos años: la entrada en vigencia de acuerdo Mercosur-UE, con la consecuente inmediata baja de los aranceles en la cuota Hilton y la apertura de las nuevas cuotas que están en plena negociación, que abrirán más espacios de mercado.
Como lo hemos comentado, para aprovechar las oportunidades fuera de fronteras hay que tener buena capacidad propia y competitividad. La mayor parte de la industria frigorífica uruguaya tiene niveles de desempeño tecnológico y sanitario excelentes. La ampliación de la planta de Frigorífico Tacuarembó (MBRF) inaugurada esta semana con presencia del Presidente Orsi, es un buen ejemplo de los altos estándares que Uruguay puede alcanzar. Para aprovechar esas capacidades, es preciso mejorar la competitividad sistémica de la economía; es una cuenta pendiente, clave no solo para la ganadería, sino para el resto de los rubros de agro y de la economía.