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Los combustibles y el desafío energético

Uruguay transita la crisis petrolera amortiguando el aumento global de precios. La matriz energética renovable y la refinería ayudan. Los desafíos para la energía, la economía y el agro

Nicolás Lussich.jpeg

Hace varias semanas que el petróleo Brent se mantiene en torno a 100 U$S/barril o por arriba, lo que golpea a Uruguay como país neto importador de crudo. Desde que estalló la guerra de EEUU e Israel con Irán, las compras de petróleo por parte de ANCAP se han hecho todas por arriba de los 90 U$S/barril, en los distintos tipos de petróleo que compra la empresa estatal.

El gobierno ha buscado amortiguar el aumento, ajustando parcialmente los precios de los combustibles respecto a los precios de paridad de importación que calcula la URSEA. Incluso en meses recientes pudo mantener los valores luego de que el conflicto entrara en una tregua. Pero la tensión volvió, el crudo subió nuevamente y fue inevitable el ajuste: para el actual mes de octubre el gasoil subió 7% a 62,79 $/l (1,56 U$S/l), el mayor valor en dólares desde que Rusia invadió Ucrania (gráfica). En el caso de la nafta el aumento fue de 2% y el litro subió a 90,45 pesos. El aumento en el gasoil encarecerá los costos de las próximas siembras y cosechas.

Aún así, en las tendencias de precios de petróleo y combustibles, el precio en los surtidores ha subido menos que el precio del crudo (gráfica). En el último año (respecto a octubre de 2025), la nafta ha subido 16%, el gasoil 25% y el petróleo 60%; y la gráfica muestra, en la tendencias de los últimos años, que la nafta ha subido más que el gasoil.

Grafica

Esto no quiere decir que ANCAP esté con pérdidas: el margen de refinación es positivo aún sin pasar totalmente a precios de combustibles el aumento del petróleo. De hecho, las petroleras con refinerías están haciendo márgenes extraordinarios en todo el mundo; en el caso de ANCAP eso se modera para amortiguar el precio al público. De todas formas, ANCAP tiene que mantener un stock suficiente de abastecimiento y -con la valorización de petróleo y derivados- mantener ese stock requiere más financiamiento.

Así, la refinería está cumpliendo un rol clave en esta política de “amortiguación” de precios, en especial en moderar la suba del gasoil que -si se tuviera que importar- sería mucho más caro: el precio internacional del gasoil ha subido mucho más que el de la nafta y el propio petróleo. Dicho sea de paso, es otra demostración de que -si se gestiona bien- la refinería podría operar bien sin monopolio.

Así, Uruguay está absorbiendo este shock externo negativo con fortalezas y desafíos.

Por un lado -como se ha destacado desde el gobierno, organismos multilaterales y el propio sector energético- el país impulsó una transformación energética profunda en las últimas décadas, incorporando ampliamente energías renovables en la matriz eléctrica (en especial generación eólica y solar), de manera que funciona buena parte de sus días casi 100% con energía renovable para proveer a la red eléctrica; solamente en ciertos picos de consumo en la tarde-noche es necesario prender el respaldo termoeléctrico. De no haberse expandido las energías renovables, la situación sería bastante más complicada.

Así, Uruguay se ha constituido en uno de los líderes globales en energía sostenible y el aumento en la oferta de energía renovable es ahora la base para la segunda transición energética, que está llevando la electricidad al transporte. En efecto, las ventas de vehículos eléctricos 0km ya superan a las de vehículos a combustión. Esta tendencia se ha visto reforzada por otra condición de la política energética nacional que atañe a ANCAP y a las políticas de precios de los combustibles fósiles.

Precios diferenciales. En la refinería de ANCAP en La Teja -com en las refinerías de todo el mundo- por cada barril de petróleo refinado se produce una cantidad similar de nafta y de gasoil. De manera que, por costos, los precios de ambos combustibles son similares. Sin embargo, la demanda no es igual y los países pueden tener distintas políticas de precios y diferenciar nafta y gasoil, en particular a través de la carga impositiva.

En este punto el caso de Uruguay es de los más extremos: nuestro país tiene un precio de la nafta, mucho más caro que el del gasoil. Esto ha sido habitual en la historia de las últimas décadas, salvo algunos períodos excepcionales en que precio de nafta y gasoil quedaron bastante equiparados.

Gráfica

En general, el precio del gasoil se mantiene por debajo con el objetivo de reducir los costos de la producción (principalmente agro) y el transporte. Esta política se ha ido a extremos en los últimos meses, con la relación entre el precio de la nafta y el del gasoil llegando a un máximo histórico (gráfica); con el último aumento (mayor en gasoil que en nafta) la tendencia se atenuó, pero la relación sigue alta.

Esto interacciona con lo mencionado anteriormente al respecto de la movilidad eléctrica. Con el precio de la nafta tan alto (es la nafta más cara de la región y una de las más caras del mundo) el estímulo para cambiar vehículos a combustión por vehículos eléctricos se refuerza, pues no sólo inciden los beneficios propios de la movilidad eléctrica y los estímulos en exoneraciones impositivas que tienen los vehículos eléctricos, sino que la diferencia económica entre un modo y otro se agrandan por el alto precio de la nafta en Uruguay.

En la medida que ANCAP abastece el mercado local con sus refinados, y dado que el consumo de gasoil es estructuralmente mayor que el de la nafta, al producirse una misma cantidad de nafta y gasoil por cada barril de petróleo refinado empiezan a generarse excedentes de nafta; más aún con la diferencia de precios que estimula la transición a vehículos eléctricos, reduciéndose paulatinamente el consumo local de nafta. De tal manera que ANCAP planea comenzar a exportar nafta; exportación que -obviamente- será a precios menores de los que paga el consumidor uruguayo.

La diferencia de precios entre nafta y gasoil se da principalmente por la carga impositiva, mucho mayor en nafta que en gasoil (gráfica). Con este esquema, en los últimos meses se ha logrado equiparar (o al menos “acercar”) el precio del gasoil en Uruguay a los precios de la región (especialmente en Argentina, como se ve en el cuadro adjunto). Con el aumento de octubre los números cambian, pero no sustancialmente (también hubo subas de combustibles en los países de la región).

Cuadro.

Inflación y recaudación. Además de vigilar las cuentas de ANCAP, el gobierno está observando cómo todo esto impacta la recaudación. El impacto más fuerte se está dando en el IMESI a los 0km, donde la acelerada transición hacia la modalidad eléctrica está causando una fuerte caída en la recaudación; los vehículos eléctricos no pagan IMESI, mientras en los nafteros el impuesto tiene tasas de 23 a 46%. Y como los primeros van tomando ya la principal porción de mercado, la caída en la recaudación del IMESI a 0km fue de casi 45% interanual real en agosto y de casi 25% real en lo que va del año. Y es difícil que la situación cambie aún con la anunciada aplicación del IMESI a los vehículos eléctricos a partir del año que viene (con tasas inferiores a las que se aplican a los nafteros).

El otro impacto sobreviniente es en la inflación. El BCU ha tenido éxito y generado consensos en una política monetaria enfocada en mantener baja la inflación y las expectativas de inflación (tan o más importante).

El aumento en los combustibles plantea una nueva dificultad a sortear en esta estrategia, y es posible que las subas (en especial ésta última de octubre) eleven transitoriamente la tasa de inflación; el desafío es neutralizar la inercia indexatoria: que las subas transitorias (en este caso de los combustibles), no se vuelvan permanentes. Se supone que en algún momento los combustibles bajarán (o por lo menos no seguirán subiendo…), de manera que, superado el trance, la inflación debería volver a bajar.

Esperemos que eso no se de con una economía débil, aunque el riesgo está planteado: después del impacto de la sequía, la economía muestra algo más de dinámica (el crecimiento interanual en julio fue 1,7%); pero la suba de los combustibles también afectará a la actividad.

La integración de la información genética y productiva a lo largo de la cadena cárnica abre nuevas oportunidades para mejorar la eficiencia, reconocer la calidad y agregar valor a la carne uruguaya

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