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Hay señal de ajuste

Los precios de los granos han mostrado un descenso en los últimos meses, al confirmarse buenas cosechas en EEUU. Aún están en niveles muy buenos, pero hay que vigilar más los costos. Además, la ganadería se muestra más competitiva

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Mientras la economía global avanza para dejar atrás la pandemia, los mercados de varios productos internacionales muestran subas por la mayor demanda y las dificultades logísticas. Sin embargo, los granos han ido a contramano: las buenas cosechas que se concretan en los EEUU (mayores a lo esperado) le han impuesto un factor bajista al mercado, al proyectarse mayores stocks. A modo de ejemplo, un año atrás, se proyectaba una relación stock / consumo global para la soja de 23% para esta zafra; la nueva estimación está en 27%. Algo similar sucede en maíz. El trigo tiene una dinámica de oferta / demanda diferente, pero tiende a acompañar, a grandes rasgos, al precio del maíz, al tener una vinculación por su uso forrajero.

Así, los precios tuvieron una apreciable corrección desde valores récord entre abril y junio, a valores menores hoy. En el caso de la soja el descenso en Chicago fue de un eje de 520 US$/ton a unos 440 US$/ton hoy, una caída de 15%. Es una corrección importante, aunque los valores siguen siendo muy buenos. Sin embargo, los costos vienen en suba: el precio del petróleo sigue avanzando ante un escenario energético global alcista, con la llegada del invierno en el hemisferio norte que implica una mayor demanda de energéticos. Parece difícil evitar una nueva suba en los combustibles. El precio de la energía eleva también los precios de fertilizantes y agroquímicos, que han avanzado de manera impactante en los últimos meses. Los problemas logísticos acentúan las dificultades de la oferta y elevan aún más los precios de fletes e insumos.

Así las cosas, los márgenes de los cultivos se vuelven más estrechos y hay que hacer muy bien los números, si bien la mayor parte de las empresas compraron los insumos antes de las recientes subas. A su vez, la ganadería está en un momento inédito, con valores récord y una faena que se sostiene en niveles muy altos y puede marcar un máximo histórico este año. Con esta firmeza de la ganadería -y con el factor adicional de una Niña amenazante- las posibilidades de avance de la agricultura (en especial de la soja) no son tan abiertas como en el anterior ciclo de expansión 2006-2014, especialmente en áreas mixtas. Plantar soja en zonas de rendimiento medio, más alejadas de los puertos, ha perdido atractivo ante una ganadería pujante. Más aún cuando los rendimientos sojeros no han mejorado tanto como sí lo han hecho otros cultivos.

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Levantando pisos

Con este escenario el área agrícola avanzará, pero seguramente de manera más paulatina y cautelosa, lo cual -desde cierto punto de vista- es positivo: los cultivos requieren un esquema de producción sostenible, una rotación viable para rendir globalmente, más allá de la ecuación cosecha a cosecha. En este marco, además de la búsqueda de nuevas áreas de expansión -lo que es permanente- la agricultura hace cada vez más énfasis en su productividad, donde hay avances notables pero también cuentas pendientes. El maíz, trigo, cebada y arroz, han tenido un aumento sostenido en los rendimientos, que hoy están en niveles máximos históricos. La soja, en cambio, avanzó poco, lo cual es una paradoja dado que fue la “punta de lanza” de la expansión agrícola en Uruguay en las últimas décadas.

En lugar de verse el asunto como un problema, puede ser una oportunidad. Como proceso económico la agricultura muestra de manera muy transparente que es la combinación de factores y recursos lo que hace al resultado, no un factor aislado. Y los avances interactúan entre sí, no suman sino que se multiplican. En la rotación agrícola comienza a ser cada vez más claro que la inclusión de maíz con su gran producción de biomasa y la contribución que comienza a hacer la colza con su potente sistema radicular (con un área en expansión), no solo aportan en sí mismos, sino que le ponen más quilos a los cultivos que les siguen en la rotación, entre ellos la soja.

Esto permite -a su vez- apostar a un mayor rendimiento a través de los insumos del sistema. La agricultura es una actividad con riesgos múltiples, en especial por los precios y por el clima. Pero si se logran rotaciones más productivas y usar técnicas que (a través de variedades y fechas de siembra) logren mitigar el impacto de la falta de agua en verano, se “levantan los pisos” de rendimiento, y eso da entrada a un enfoque más ambicioso de aplicación de insumos, para apuntar a mayores rendimientos. Se abren espacios para el uso de micronutrientes, encalado, etc.; e incluso se posibilitan ahorros de ciertos agroquímicos, porque la rotación se desempeña mejor ante malezas y plagas.

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Agronomía y economía

Además de los avances presentes y futuros en la agronomía agrícola, para que la producción avance también se precisa ayuda desde fuera de las chacras. La economía se está recuperando, aunque algo más lentamente de lo pensado, tanto a nivel local como global. En este marco, es importante seguir superando escollos que aún persisten.

En lo inmediato, urge mejorar la logística. Los líos con los contenedores -agravados por los conflictos gremiales- han complicado a todos los agronegocios, incluidos los granos. A modo de ejemplo, en el sector arrocero, que en los últimos años había encontrado en los contenedores la vía más efectiva para exportar, se están revisando estrategias para volver a los graneles. Por Nueva Palmira la situación parece más aceitada, pero hay mejoras pendientes.

En combustibles, se decidió eliminar la obligatoriedad de mezclar biodiesel con gasoil, de manera de reducir costos. El argumento -planteado por el ministro Paganini- es que un esquema pensado inicialmente para promover la agricultura, hoy la está frenando, pues es más lo que se pierde por el sobrecosto de incluir biodiesel en el gasoil, que lo que se gana por la mayor demanda por incluir biodiesel, generado a partir de una producción de oleaginosos que se concreta de todas formas por la firme demanda externa. Aprobada la ley, resta ahora ver cómo se resuelve la situación de ALUR y el contrato con Cousa (que hace el procesamiento industrial).

Y en un plano más general, la suba reciente del dólar es un síntoma positivo en el sentido de no extremar la política monetaria contra la inflación, arriesgando mayores pérdidas de competitividad. El Banco Central siguió subiendo la tasa de interés, pero de manera más modesta (cuarto de punto porcentual, suba casi simbólica) y el dólar se entonó, aunque -importante ponderar- está solo 3% por arriba de su nivel de un año atrás. Con una inflación de 7,4%, persiste cierta inflación en dólares.

El dólar se mueve hora a hora, día a día, lo mismo que el petróleo Brent o el mercado de Chicago. Los avances agrícolas se miden año a año, ciclo a ciclo. Requieren más paciencia y plazos, pero tanta precisión y tecnologías sofisticadas como el más moderno de los sectores de la economía, para lograr más riqueza a largo plazo.

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El escenario de mercados para los agronegocios es estimulante, aunque los costos subieron de manera aguda y hay que hacer muy bien los números. La Niña sigue amenazante y los conflictos en la agroindustria complican, justo cuando hay que apuntalarla
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