Opinión

Economía y salud: doble desafío

La caída del PBI en el segundo trimestre era esperable por efecto de la pandemia. El desafío ahora es apuntalar la recuperación, sin retroceder en el plano sanitario. La economía venía complicada antes del virus y ahora el desafío es doble

Nicolas Lussich

Nicolás Lussich /Ing. Agrónomo MBA / Periodista

El PBI de la economía uruguaya en el trimestre abril-junio (pleno impacto del Coronavirus) se ubicó 10,6% por debajo de lo registrado en igual período de 2019. Era una caída esperada, pero no por ello menos grave. El comercio y otros servicios fueron los sectores más afectados -dadas las restricciones a la circulación de personas – pero también hubo efectos en otros sectores.

A pesar del doloroso efecto económico, las medidas para contener el virus dieron resultado: Uruguay logró mantener una situación sanitaria controlada y echar las bases para una recuperación de la economía que ya se está dando. Sin embargo, el impacto en el mercado de trabajo ha sido profundo y la recuperación demorará en ser completa. Máxime cuando la pandemia aún no se ha superado: hemos ingresado en una nueva etapa en la que los casos activos no bajan mucho más allá de 250, con una creciente actividad que –si bien es buscada- predispone a más contagios si los protocolos no se cumplen a cabalidad.

El agro no fue de los sectores más afectados por el virus (cuadro) pero recibió el golpe de la sequía en las cosechas y de la menor producción de ganado gordo para faena. La sequía también mermó la producción energética y la caída en la faena se reflejó en una merma de la actividad frigorífica.

Efecto positivo tuvieron las obras de UPM, atenuando la caída en el sector de la construcción.

Por otra parte, el agro –y toda la economía- está afectado por problemas previos a la llegada del virus, que aún no se han corregido. El PBI ya había tenido tropezones varios y llegaba a caer en recesión a comienzos de año, antes de que se conocieran los primeros casos de Covid (gráfica). Esos problemas son generados por la falta de competitividad de nuestra producción, que tiene varias causas. Por un lado, altos costos que no logran cubrirse con lo producido, en lo cual tiene alta ponderación el excesivo gasto estatal; a esto se suma una baja productividad (en los últimos tiempos acentuada por la baja inversión), la existencia de cargas y costos no justificados o excesivos, precios bajos y problemas de inserción internacional. De manera que ahora el desafío es doble: superar la crisis sanitaria y atender los problemas de competitividad.

Uruguay ha sido reconocido por su desempeño ante la pandemia, lo cual puede tener derivaciones positivas a nivel financiero, en inversiones y en comercio. Así, mientras se sostiene la situación sanitaria, la agenda del gobierno avanza para mejorar la competitividad, lo cual no está exento de conflictos. Primero con la LUC y ahora con el Presupuesto, las iniciativas apuntan a contener el gasto estatal y mejorar su efectividad, manteniendo el compromiso de no subir impuestos. El ajuste fiscal se hace por el lado del gasto, algo –a priori- positivo para la economía, aunque persiste la duda si el impacto social de la pandemia no debería implicar mayores apoyos directos a los más afectados. El gobierno ha impulsado una mayor eficiencia en el gasto social, lo cual es bienvenido, pero eso no quita estar atento a apuntalar las situaciones más extremas de debilidad social.

El supuesto de fondo es que estos impactos del Coronavirus son transitorios y que la economía retomará el crecimiento en 2021, entre otras razones porque se está desempeñando por debajo de su potencial. Desde el escenario externo hay datos alentadores: la tasa de interés internacional estará casi en cero hasta 2023. Así, los precios internacionales en dólares suben, como sucede con los granos (gráfica), y el costo de financiamiento está contenido. Sin embargo, la difícil situación regional (en Argentina y Brasil) y la pobre inserción internacional de Uruguay son lastres pesados.

Hasta ahora se ha controlado bien la pandemia, pero no es claro si la demanda será suficiente para impulsar la actividad. Los desafíos económicos recién comienzan a dimensionarse.