El exjerarca remarcó que “hay varios actores que deben estar involucrados en la estrategia. No se puede hacer en forma unilateral”. Al respecto dijo “tenemos el productor, que es la pieza clave, que es el dueño de las vacas y quien sufre las pérdidas. Tenemos el veterinario de libre ejercicio que asesora, el veterinario oficial que fija la política sanitaria y controla, la industria que procesa y sufre las consecuencias cuando hay residuos, y también la industria veterinaria que genera herramientas para el combate”, detalló.
El articular entre todos los actores de la cadena, recordó Mattos, fue el espíritu del congreso sobre garrapata realizado en Rivera, donde se convocó incluso a la Asociación de Consignatarios y Rematadores.
Continuidad de políticas
Mattos señaló que, más allá de los discursos, existe una continuidad técnica en la temática. “Si analizamos el 90% de las medidas que tomamos nosotros están en el mismo sentido y están vigentes. No ha habido un cambio, no hay aquello de que todo lo que se hizo estaba mal”, sostuvo. A su juicio, la permanencia de esas herramientas demuestra que estaban respaldadas en criterios técnicos y no en decisiones coyunturales.
Consultado sobre la derogación del decreto que permitía el ingreso de animales con garrapata a locales de remate, consideró que su eliminación fue un error, aunque lo enmarcó dentro de una estrategia distinta. “Eso no estaba respaldado en una decisión política, estaba respaldado en una acción técnica”, insistió, defendiendo la racionalidad sanitaria de la medida original.
En ese mismo sentido, rechazó la idea de que el país esté “tapado de garrapatas”, aunque admitió que el problema se ha expandido. La discusión, afirmó, no debe centrarse en reescribir la historia sino en sostener políticas de largo plazo. “No es cuestión de caprichos políticos, acá es cuestión de políticas de largo plazo que estén fundamentadas en criterios técnicos”, remarcó.
Para el exministro, la tentación de presentar cada cambio de administración como un punto de quiebre absoluto carece de sustento cuando las herramientas sanitarias responden a fundamentos científicos que trascienden períodos de gobierno.
La vacuna y las pérdidas crecientes
“Durante el período anterior batimos récord tras récord y el uso se multiplicó por tres o por cuatro desde el inicio hasta el final de nuestra administración” el uso de la Hemovacuna, afirmó, destacando que hoy constituye la herramienta más efectiva disponible.
Sin embargo, advirtió contra la sobredimensión de expectativas respecto a la vacuna contra la garrapata, “la vacuna es una herramienta más que puede hacer parte del menú de combate a la garrapata. Se le puso demasiada expectativa, con demasiadas fichas apostando a la misma, y no se le da el suficiente tiempo de desarrollo”, señaló.
La garrapata, explicó, es una plaga histórica que ha demostrado una notable capacidad de adaptación a los cambios ambientales. “La corremos de atrás y también nosotros le ayudamos, porque todos cometemos errores”, reconoció.
Fiscalización y multas
Mattos, quien fue dirigente gremial, en varias oportunidades en su gestión, se le reclamo la necesidad de que el Ministerio retomara el rol de “policía sanitaria”. En este sentido, relativizó esa visión y dijo que “la multa es el último recurso”, recordando que durante su gestión debió firmar expedientes sancionatorios con años de atraso, lo que en su opinión los volvía ineficaces.
Aumentar multas o fiscalización no garantiza, según explicó, un cambio de conducta. “No es aumentando las penas que vamos a generar conciencia en el productor. La mayor multa es cuando se ve afectado en el valor del producto que vende”, sostuvo. Para él, el impacto económico directo sobre el productor es un mecanismo mucho más eficaz que una sanción burocrática cuyo producido ni siquiera retorna al Ministerio.
Mattos subrayó que la prevención es la herramienta central. “Para combatir al enemigo primero tenés que conocerlo”, dijo en referencia al ciclo biológico de la garrapata, cuyo desconocimiento atribuyó a parte del problema.