Ganadería

Hugo Durán: “Con trazabilidad, Uruguay es un país serio”

El Presidente de Lemifar Uruguay y responsable del sistema oficial ante México, consideró que en Uruguay “la inversión grande ya se hizo, está todo para que se amortice con creces”. Mencionó que con la trazabilidad hoy se pueden hacer diferentes cosas, “pero no con un solo dispositivo y a precios muy diferentes que quizás no se quiere asumir”. Durán agregó que la trazabilidad es un sistema dinámico y que debe estar sujeto a permanentes ajustes para mejorar, porque el mundo es cambiante. Lo bueno es, dijo, “que Uruguay está despegado en este tema del resto, casi del mundo”.

Hugo Durán Martínez

Pablo D. Mestre
– ¿Qué evaluación hace de la trazabilidad en Uruguay?
-Lo primero y más importante es mencionar que llegamos a diseñar y desarrollar un sistema de trazabilidad a todas luces exitoso y que en el mundo, me animaría a decir que solo se puede comparar al de Australia, por ser electrónico; y superior al europeo. Lo que se diseñó fue algo para acceder a mercados de alto nivel de exigencia, haciendo base en la sanidad, en la diferenciación del producto de los competidores, donde se puede resaltar nuestro sistema de producción asociado al bienestar animal y al respeto al medio ambiente. Para eso se diseñó la trazabilidad. La UE fue la que nos impulsó. Gente con visión la plasmó en el terreno y permitió que se viera más allá de lo evidente.

-¿Uruguay hizo las cosas bien?
-Sin dudas Uruguay hizo las cosas muy bien, donde la inversión ha sido importante por parte de todos: gobierno, sociedad, productores, industria, Todos. Si bien ya ha sido una herramienta que está dando sus frutos, hoy en tiempos de Covid-19 nos atrevemos a aseverar que será una de las grandes herramientas que tiene nuestra cadena de la carne para acceder a los mejores mercados, aprovechando el gran respeto y credibilidad que tiene nuestro país. Porque somos considerados un país serio. Ese consumidor, que se dice exigente, cuando le coloquen en la góndola donde él compra ese producto a un precio diferente, lo adquiere cumpliendo con su prédica. Claro que ese es otro tema, pero no menor, pero el esfuerzo habría que hacerlo.

-¿Qué elementos técnicos claves tuvo el sistema de trazabilidad propuesto?
-Tuvo claramente los 3 pilares que debe tener un esquema de trazabilidad. Se diseñó una base de datos sólida, robusta capaz de soportar toda la información que se pedía que se almacenara. Con los privados se trabajó en un buen diseño de capacitación en el terreno para que la toma de datos se realizara de la mejor manera posible. Hay que destacar que en un sistema de trazabilidad éste es el punto más costoso y cae esa responsabilidad mayoritariamente en manos de los privados, productores, transportistas e intermediarios preferentemente.

-¿Y los identificadores?
-Los identificadores se eligieron en función de lo que se estaba diseñando: un sistema de trazabilidad. Para eso se basaron en la elección, entre otras cosas, en ICAR, un organismo no gubernamental con sede en Roma, que hace las pruebas más exigentes a los identificadores para su aprobación, entre otras cosas de inviolabilidad, retención, calidad de plásticos, confiabilidad de lectura. Es importante resaltar que los identificadores, de acuerdo a normas internacionales, no deben ser reutilizados, deben ser inviolables. Cada animal recibe un número único que no debe ser repetido. Ese número es comparable al nuestro de la cédula de identidad.

-¿Qué cambios ha habido en la evolución de los dispositivos para una trazabilidad tan exigente como la de Uruguay?
-ICAR es la Autoridad de Registro de ISO para las normas ISO 11784/11785. En identificación electrónica, hasta la fecha, aprueba exclusivamente a identificadores bajo la Norma ISO 11784 que trasmiten en la frecuencia de 134,2 Khz (Kilohertz), que es denominada de Baja Frecuencia. Diría que desde ese punto de vista no muchos. Hoy se ven identificadores, que en aquella época no había, pero son para otros fines, de otras características y que no están en ICAR.
Una cosa es un identificador para trazabilidad y otra cosa son identificadores para tratar, por ejemplo, de evitar el abigeato o detectar celo o monitorear la salud del animal. Son cosas diferentes y cada uno en lo suyo.

-¿Por qué son cosas distintas?
-Porque son objetivos distintos que se buscan. Con la trazabilidad los objetivos que se buscan fueron respondidos líneas atrás y en forma muy resumida: sanidad, mercado y diferenciación. Después de los objetivos principales, que deben no hacernos perder el foco, viene una cantidad interminable de objetivos secundarios. Uno puede ser el abigeato, sacar una vaca en celo o determinar enfermedades, eliminar la marca, etc. hoy se puede hacer, pero no con un solo dispositivo y a precios muy diferentes. Puede que en el futuro ello pueda hacerse utilizando uno solo identificador, pero a un costo que a lo mejor no se quiere asumir. Pero no estamos cerca de tener todo eso en un único dispositivo y menos a un precio de caravanas de trazabilidad.

-¿Hay mucha diferencia de precios?
-El avance tecnológico nos permite tener todas esas opciones. Los identificadores para el abigeato son mucho más costosos que las caravanas de trazabilidad, ni hablemos los de monitoreo, seguramente hablamos de precios superiores a los 25 dólares los más sencillos, en origen. Son reutilizables, en parte por su alto costo, pero lo concreto es que se busca que sean así. Funcionan a batería que difícilmente hoy su vida útil llegue a los 3-4 años. Son más grandes y más pesados lo que aumenta mucho la probabilidad de caída. Hemos visto algunos que ponen en la misma caravana una batería solar para cargar la batería; aparte de tener una dimensión muy grande por tratarse de caravanas, si se embarra se dificulta su recarga. De más está recalcar que estos identificadores no están aprobados por el ICAR – empezando por ser violables – para sistemas de trazabilidad. No cumplen con las obligaciones que se exigen para una trazabilidad tan exigente como la de Uruguay. Como es notorio, el sistema de Uruguay, no ha tenido mayores objeciones al momento de sortear las más exigentes auditorías a la que ha sido sometido, como son las de la UE.
Existen opiniones de gente con amplia experiencia, que afirman que, con lo desarrollado actualmente, ajustando lo que se entienda necesario, se puede hacer mucho para controlar el abigeato. Aparentemente podrían ser necesarios ajustes legales, lo que es tema para especialistas.

-En su experiencia de 20 años de trabajar en sistemas de trazabilidad ¿Qué hacen en otros lados?
-He trabajado para impulsar sistema de trazabilidad en casi toda América Latina, además de ser el responsable del negocio oficial en México, puedo aseverar que en casi todos ellos las leyes son redactadas con una precisión y minuciosidad increíble. ¿Cuál es el problema? La dificultad para hacerlas cumplir.

-¿Cómo es eso?
-Cuando visité el sistema australiano (NLIS), pregunté ¿a qué atribuían el éxito de funcionamiento? Me contestaron, a 3 factores: A la capacitación permanente de todos los involucrados, incluida la sociedad, a reglas muy estrictas para su cumplimiento y al que no cumple, todo el peso de la ley.
En 1899, el jefe de patentes de la oficina de USA le escribió al presidente de su país, recomendándole cerrar esa oficina porque ya se había inventado todo lo que se podía inventar. La historia está llena de esas “gaffes”. Eso pretendo no cometer. La trazabilidad es un sistema dinámico y que debe estar sujeto a permanentes ajustes para mejorar, porque el mundo es cambiante. Lo bueno es, que es hacia lo que hace Uruguay. Uruguay está despegado en este tema del resto, casi del mundo. Claramente veremos en el futuro cambios que hoy no imaginamos. Pero puedo asegurar que sacar un producto nuevo e innovador puede llevar años de I+D, con muchos fracasos en el medio, que hay que incluirlos al costo de producción del producto final. Después será un tema de costo/beneficio la decisión de adquirirlos o no.

-¿Cómo funciona comercialmente?
-El mundo es un lugar fantástico para conocer, para ir de turista; pero es un lugar tremendamente complejo y difícil para ir a vender. Un país como Uruguay, con escaso mercado interno, en el caso de la carne y otros productos, debe vender seguramente arriba del 70-75% de los que produce. Hay que felicitar a esos empresarios que salen a conquistar mercados, que entendamos que no son otra cosa que gente de carne y hueso como cualquiera, y a los productores que producen un alimento para que ese empresario sienta que tiene las espaldas bien cubiertas. La trazabilidad del Uruguay, repito, es un ejemplo de política pública en el mundo, bien instrumentada. Es una herramienta formidable que hoy tiene el empresariado para dar al consumidor global todas las garantías de seguridad alimentaria. Todas las preguntas que ese consumidor se debe estar haciendo las debería responder el sistema de trazabilidad y que lo diferencia a todas luces de los socios del Mercosur. La inversión grande ya se hizo. Está todo para que se amortice con creces.

-¿Hay que explotar más la marca?
-Las Marcas cada vez pesan menos por lo que dicen sus fabricantes, sino que valen más por lo que dicen los consumidores a través de las redes sociales. Estamos ante un cambio radical. Un consumidor insatisfecho puede provocar un daño inimaginable a través de un celular.

La historia. 

—Ud. ha sido parte de la historia de la Trazabilidad en Uruguay. ¿Puede contar el proceso?

—A fines de los 90 había en el Uruguay un grupo de gente, mayoritariamente vinculada al Plan Agropecuario, pensando en que se podía hacer como elemento diferenciador para nuestras carnes. En 1999 estando en el Plan Agropecuario organizamos -invitando a un amplio espectro de gente vinculada a la producción ganadera- la asistencia al Congreso Mundial de la Carne (OPIC) que se desarrollaba en Dublin-Irlanda. Uno de los focos de ese programa era la trazabilidad. El entonces Senador Dr. Jorge Batlle asistió a ese Congreso y a la gira que el Plan Agropecuario organizó posteriormente por Gran Bretaña y Francia, para ver los enfoques que la UE llevaba adelante sobre Trazabilidad. Ya ahí y con esa visión que lo caracterizaba, el Dr. Batlle “para Uruguay quiero un sistema electrónico”.

Cuando unos meses después es elegido presidente y nombra al Ing. Agr. Gonzalo González Ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca -que había ido a la gira como Decano de la Facultad de Agronomía-  de alguna manera se estaban dando todas las condiciones para que el país pusiera en práctica un sistema de trazabilidad.

El Ing. González, ya ministro, nombra una comisión encabezada por el Ing. Agr. Diego Payssé y el Ing. Agr. Daniel De Mattos, que también había ido a la gira en representación de INIA, para que desarrollaran la idea. Se empezaba a gestar lo que después sería un ejemplo de lo que es una política pública bien instrumentada.

Ahí surge la idea de una prueba piloto, que después se consolida como lo que conocemos hoy en día como algo obligatorio, en el primer gobierno del Dr. Tabaré Vazquez.

La trazabilidad es un proyecto que se aprueba por Ley con el apoyo de todos los partidos políticos. Debemos resaltar la importancia que tuvo para lograr ese apoyo, la muy buena institucionalidad público-privada que hay en el Uruguay alrededor de la cadena de la carne.  Lo que ha hecho cada gobierno que sucedió al anterior fue consolidarla y reforzarla. Si habrá prendido el concepto que la palabra trazabilidad ya es casi una palabra generalizada en el léxico de los uruguayos. Pero lo que más destaco es la adhesión masiva que tuvo el proyecto; confirmando lo que siempre digo de que Uruguay es un país ganadero a diferencia de otros países que son tenedores de ganado.