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Porque no nos da la gana

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CAMILA_ALDABALDE

Pablo Carrasco | [email protected]

La curiosidad antropológica me ha generado desde siempre la necesidad de conocer la India, el país más poblado del mundo, y fue recién este año que pude cumplir mi aspiración. En el viaje y transcurriendo la última escala entre Doha y Delhi, a mi socia y a mi nos tocó compartir un asiento para tres personas con un indio que venía a visitar a su familia, rutina que repetía hace muchos años desde que se mudó a Estados Unidos como investigador de física.

El diálogo se concentró en su curiosidad por nuestro pequeño país del que estaba más informado de lo que habría imaginado y su cuestionario fue ordenado y minucioso. Una vez confirmada su presunción sobre la ausencia de corrupción, disponibilidad de salud y educación en nuestro país, su pregunta inquisitorial fue sobre la razón por la que no resolvemos nuestra pobreza. Confieso no haber recibido antes una pregunta que me tomara tanto tiempo responder.

El Uruguay espera una inversión multimillonaria para resolver sus históricos e intolerables problemas y cuyo listado es ocioso para esta columna. Sin embargo, la recaudación de impuestos que ya linda con la indecencia, no solamente no deja saldos para esos deberes, sino que no alcanza para que el país llegue a fin de mes debiendo pedir prestado al mundo 2.500 millones de dólares cada año. El estado por su ADN gasta todo lo que recauda más todo lo que el mercado está dispuesto a prestarle.

Es por eso que, lejos de pretender plantear al lector una discusión sobre el tamaño del Estado desde un punto de vista ideológico, me gustaría alertar sobre las cosas que no podemos hacer por haber elegido un Estado con semejante talle. Quisiera provocar la reflexión, haciendo notar que podríamos resolver nuestros problemas sin sacar la lotería del petróleo o los metales del subsuelo. Que lo que padecemos y disfrutamos hoy y de futuro, es una decisión de los uruguayos y que “nada podemos esperar, si no es de nosotros mismos”.

Dotar a la policía del personal y recursos necesarios, tener un sistema de cárceles modelo y el sistema judicial más potente de la región podría concretarse en un solo año si lo que pedimos prestado se destinase a resolver las dos funciones primordiales del estado como son la de juez y gendarme.

Saldar la deuda en infraestructura que requiere el país para mover el mediocre techo de crecimiento podría ser realidad si lo mismo fuera hecho al año siguiente. Rutas, puertos, hidrovía, trenes bala, etc. invitarían a la llegada de inversiones a este paraíso y darían satisfacción a lo que los contribuyentes pretendemos cuando pagamos impuestos.

Finalmente la eliminación de los asentamientos podría ser el centro del “piecito” que necesitan los que hoy nacen sin herramientas para competir en una economía de libre mercado. Y de todo el resto se encargaría el mercado.

A semejanza de aquella reunión surrealista (2016) del Dr. Tabaré Vázquez con los ex presidentes para discutir el destino de los ingresos surgidos de la inminente descubierta de petróleo en nuestro territorio, hoy podrían juntarse los referentes políticos para discutir lo mismo pero basados en un equilibrio fiscal, si este objetivo estuviera incluido en el programa de todos los candidatos a la presidencia.

El “costo” de semejante carta a los reyes es simplemente bajar el gasto del estado en un 10% para lo cual sería imprescindible que el sector público dejara de hacer cosas que no le corresponden y que la IA y la robotización sustituya una parte significativa de los empleados públicos. La viabilidad de este recorte seguramente es verosímil para cualquier lector que haya hecho un trámite en una oficina pública. Por lo demás admito que esta columna es un delirio.

Si alguien se cruza en la vida con un señor mayor de nacionalidad india, profesor de física y que sabe bastante de nuestro país, le pido le acerque la respuesta a su pregunta y que titula esta columna.

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