Opinión

Las “perillas” agropecuarias

El agro ha sido un puntal de la economía en plena pandemia. Ocupa a miles de trabajadores, pero repartidos en los establecimientos, lo que permite mantener la actividad más allá de las restricciones. Los precios subieron fuerte y mejoran el ánimo, aunque también suben los costos. El clima aprieta, pero no ahorca.

Por Nicolás Lussich | Ing. Agr. MBA

Ha sido una semana de sacudones varios, en lo político y lo sanitario. En este contexto, la producción del campo sigue adelante, con sectores que ponen su “perilla” cerca del máximo. Como ejemplo, hay que ver lo que mostraron el sector arrocero y el lechero. El cultivo de arroz tuvo su máximo rendimiento histórico, y con distancia: 9.400 kg/ha, una productividad notable, de las mayores del mundo. Los arroceros aspiran a retomar el crecimiento en área este año, la cual está en mínimos históricos. Impulsados por los buenos rendimientos y altos precios –pese a que el mercado se ha aplacado en los últimos días- es posible que se superen las 160.000 hectáreas.

En los tambos la “perilla” también está arriba: la remisión de leche en abril se ubicó 6% por encima de la del mismo mes del 2020, lo que lleva la remisión del año móvil a abril a ubicarse, también, 6% por encima del año móvil previo, alcanzando los 2.114 millones de litros, un récord histórico. Los años previos no han sido fáciles para los lecheros y muchos quedaron por el camino. Pero el aumento en los precios internacionales con seguridad promoverá un nuevo impulso en el sector. Conaprole ya está concretando embarque de leche en polvo con precios cercanos a 3.800 U$S/ton, sustancialmente superiores a los del año pasado.

Aumentos en la productividad de esta índole son claves para que la economía no solo logre sortear la pandemia, sino que pueda mantener el crecimiento a largo plazo. Y es importante que todos los sectores aumenten la productividad, de lo contrario se generan tensiones y –a veces- injusticias. Mientras, el aumento en la producción –se sabe- repica intensamente en otras actividades directa o indirectamente vinculadas. La cosecha de arroz alcanzó 1 millón 340 mil toneladas, lo que implica casi 44.900 viajes de camión de 30 toneladas. La remisión de leche anual alcanzada implica que se hayan hecho casi 92 mil viajes de camiones cisterna de 23.000 litros.

Y este es solo un efecto: con la mayor producción se garantiza la base para la elaboración industrial en molinos y plantas lácteas, con sus plantillas de trabajadores. Se mueven los servicios conexos, comercialización local, exportaciones, insumos, etc.. Todo este movimiento se valora especialmente en las circunstancias de pandemia, cuando muchos otros sectores están restringidos en su actividad.

Por supuesto, no son todas flores: la soja sufrió un golpazo por la sequía, estimándose el menor rendimiento en muchos años (es el más bajo exceptuando el desplome de 2018, como se ve en la gráfica). Si no fuera por el aumento en los precios, el bajón sería grave. Pero los nuevos valores permiten a los agricultores mantener el optimismo: el resultado de la soja es amargo y serán pocos los que logren una renta interesante. La alegría va por barrio: el litoral central (donde se concentra la mayor parte del área) es la zona más afectada; hacia el sur, centro y norte, hay chacras con resultados mejores e ingresos que serán muy buenos.

En cualquier caso, los precios altos estimulan a seguir adelante: las siembras de invierno van a pleno y se estima que el área aumentará entre 10 y 20%, dependiendo del cultivo (trigo, cebada o colza). Si los rendimientos acompañan, tendremos otra muy buena zafra de invierno y las pérdidas de la soja podrán superarse. Esperemos que la Niña no se ponga complicada.

Para adelante. Los agronegocios también tienen alta la perilla de inversiones. El caso de UPM y su nueva planta es emblemático, aunque no el único: se han sumado inversiones en la industria forestal maderera (como analizamos la semana pasada) y los beneficios ampliados para invertir en el marco de la Ley de Inversiones (aplicada por COMAP) han impulsado numerosos nuevos proyectos. Maquinarias, riego, mejoras, pueden presentarse en el marco de proyectos de inversión, con beneficios ampliados vigentes hasta el 30 de junio.

Las nuevas inversiones tienen un impacto muy directo en el empleo. Según datos de PwC (publicados en el suplemento Economía y Mercados, de El País), Durazno fue de los pocos departamentos en los que el ingreso medio de los hogares subió el año pasado a pesar de la pandemia, lo que sin duda se debe a la obra de UPM 2. Si las inversiones proyectadas se concretan, el movimiento asociado (actividad, empleo) será importante para reimpulsar la economía cuando –de una vez por todas- superemos esta complicada pandemia.

Para que ese empuje se sostenga, habrá que enfrentar más a fondo los problemas que ya afectaban la economía antes del virus. Algunos se han encarado, con diversa suerte. El precio de los combustibles –por ejemplo- ha bajado notoriamente, pero en buena medida a costa de pérdidas en ANCAP, lo que no es sostenible. Es cierto que se ha promovido el acceso a precio mayorista para los productores, pero se precisa más. Si bien no se llegó a la desmonopolización por falta de acuerdo dentro de la coalición gobernante, se está trabajando para quitar a ANCAP algunas mochilas que le pesan mucho.

Una de ellas es el millonario subsidio al supergás, estimado en unos U$S 90 millones anuales, una disposición con objetivo social, pero de ejecución bastante burda: si se quiere aliviar el costo de cocina y calefacción a las familias carenciadas, habría que subsidiar la compra del producto, no su producción. Es que hay muchos otros compatriotas que pagan el supergás a precio subsidiado, cuando podrían pagar el costo (u optar por otra fuente energética).

Otro sobre costo muy alto es el de los biocombustibles, que cuestan el triple o más que el petróleo (ver gráfica). Originada en una intención loable de promoción de energías renovables y con el objetivo de desarrollo industrial nacional, la ley de biocombustibles se ha convertido en un gran gol en contra: con el argumento de sostener socialmente a Bella Unión le carga a todos los que consumen combustible un alto costo adicional. Y el desarrollo industrial abierto y descentralizado, que imaginaba plantas de biodiesel en diversos lugares, quedó concentrado en ANCAP y Cousa. Hay que cambiar la ley.

Ganadería firme. Hace ya 20 años (2001), el Uruguay ingresaba en una crisis profunda con la irrupción de la aftosa en el rodeo vacuno, el cual -sin inmunidad- quedó expuesto a la infección generalizada. La tristeza aun hoy embarga a los ganaderos más veteranos.

Hoy el escenario es el inverso: el clima de negocios en el sector ganadero es muy positivo por la buena producción, alta demanda y altos precios. Cuando la demanda global bajó el año pasado por la pandemia, Uruguay estaba recomponiendo stock, feliz coincidencia. Ahora que la demanda sube, aumenta oportunamente la oferta de ganado y subieron tanto los precios como la faena, el mejor de los mundos. Hubiera sido mejor no malvender a fines del año pasado, cuando la seca asustaba. Pero ganadería sin vaivenes climáticos, no es ganadería.

Es cierto que preocupa la alta dependencia de China y uno de los principales frigoríficos –BPU- decidió parar la faena hasta que no vuelva la habilitación china (interrumpida por el lío de las etiquetas). El aumento de precios es buena noticia, pero cuando viene asociado a importadores chinos oportunistas, hay que cuidar mucho cómo se concretan los negocios. En cualquier caso, el aumento de la demanda es excelente noticia y hay que aprovechar los 4.000 U$S/ton que alcanzó el precio de exportación.

Mientras, Argentina nos muestra el camino que NO hay que seguir: para resolver problemas de abastecimiento a las poblaciones hay que producir más, y también aceptar que la carne vacuna es un producto de alto nivel, la más valorada de las carnes y –por lo tanto- de altos precios a nivel global. Por eso es que, poco a poco, aún en estos países ganaderos tradicionales, se consume cada vez más pollo y cerdo. Se trata de valorar al máximo lo que producimos y comerciar para mejorar el ingreso.