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Rodrigo Nieves, el uruguayo que llevó la bandera celeste a lo más alto de la rienda mundial

El jinete uruguayo Rodrigo Nieves alcanzó un logro histórico al consagrarse campeón en los niveles 2 y 3 y ubicarse entre los diez mejores del nivel 4 en el NRHA Futurity, la competencia más exigente de la rienda mundial, llevando la bandera uruguaya a lo más alto del escenario internacional

Rodrigo Nieves

Por las arenas de Oklahoma, donde se escribe la historia grande de la equitación western, un uruguayo volvió a dejar huella. Rodrigo Nieves, jinete nacido en Montevideo y formado a fuerza de trabajo, constancia y pasión, logró uno de los hitos más importantes de su carrera al consagrarse campeón en los niveles 2 y 3 y ubicarse entre los diez mejores del nivel 4 en el NRHA Futurity, la competencia más prestigiosa del mundo en la disciplina de rienda. Un logro que no solo habla de talento, sino de años de sacrificio silencioso, de decisiones difíciles y de una vida entera dedicada a los caballos.

La historia de Rodrigo comienza lejos de los grandes escenarios. Criado en la zona de Melilla, en Montevideo, su vínculo con los caballos nació de manera natural, casi intuitiva.

“No vengo de una familia del ambiente, pero desde chico me gustaron los caballos. Me fui acercando de a poco, con curiosidad”, recordó.

Ese interés inicial se transformó en vocación cuando conoció a Ricardo Espalter, referente de la doma natural en Uruguay, quien lo introdujo de lleno en el mundo de la rienda y despertó en él una inquietud que ya no lo abandonaría.

El siguiente paso fue mirar más allá de las fronteras. Primero llegó Brasil, donde se instaló durante una década. Allí se formó, trabajó, aprendió y comenzó a competir.

“Brasil fue clave. Ahí entendí que esto podía ser un camino profesional. Empecé a dedicarme de lleno a los caballos, a entrenar, a aprender todos los días”, contó. Desde Porto Alegre, fue construyendo una base sólida que le permitiría luego dar el gran salto.

Ese salto llegó cuando fue convocado por Duane Latimer, reconocido entrenador estadounidense, para trabajar en su equipo en Texas. La oportunidad marcó un antes y un después.

“Fue una puerta enorme. Él trabajaba para una familia muy fuerte dentro del ambiente, con caballos de altísimo nivel y una estructura impresionante. Ahí entendí realmente qué significaba competir en la élite”, recordó.

Desde entonces, Texas se convirtió en su hogar, primero en Gordonville y luego en Gainesville, una de las zonas con mayor concentración de caballos de rienda del mundo.

Después de varios años como asistente, aprendizaje y crecimiento, Rodrigo tomó una decisión clave: independizarse.

“Hace dos años decidí largarme solo. Fue un paso grande, con muchos riesgos, pero también con mucha ilusión”, contó. Ese proceso coincidió con la llegada de la yegua que marcaría su carrera reciente: Vintage Kiss, conocida en el establo como “Smooch”. Una yegua excepcional, con una genética sobresaliente, hija de Vintage Smoke, uno de los grandes padrillos de la disciplina.

Rodrigo lleva 17 años viviendo fuera de Uruguay. En ese recorrido, la familia fue parte de la estructura que lo sostuvo. Casado con Verónica —uruguaya— y padre de dos hijos (un varón de 2 años y una niña de 10), habla de ellos como su ancla emocional. La distancia con los afectos, las mudanzas, los idiomas y los cambios culturales son un costo real.

“Lo más difícil es adaptarse a todo eso”, reconoció. Por eso, entrar con la bandera uruguaya acompañado por sus hijos y montado en su yegua fue más que una postal: fue la síntesis de una vida entera tomada como apuesta.

Rodrigo Nieves

NRHA Futurity. El trabajo conjunto dio frutos rápidamente. En el NRHA Futurity, la competencia más exigente del calendario mundial, Rodrigo y su yegua lograron destacarse entre cientos de binomios. La prueba reúne a los mejores del planeta y exige un nivel técnico, físico y mental extremo.

“Es una competencia que se corre una sola vez en la vida de cada caballo. No hay margen de error. Tenés que estar preparado física, mental y emocionalmente”, explicó.

Rodrigo admitió que mucha gente lo confunde con brasileño: habla portugués, vivió diez años en Brasil, convive con muchos brasileros. Pero en este Futurity quiso dejar algo claro: su origen. “Poder haber entrado con la bandera fue enorme… poner la bandera en lo más alto que existe en la industria del reining”, contó. En sus festejos, dijo, sintió “la garra charrúa”. Es una expresión que, en su boca, no suena a eslogan: suena a relato vivido, a identidad afirmada en un contexto donde competir ya es sobrevivir.

La edición de este año estuvo atravesada por un nivel de exigencia inusual incluso para los estándares del NRHA Futurity. A la presión propia de una competencia de máximo nivel se sumaron circunstancias excepcionales que pusieron en jaque la organización y exigieron una capacidad de adaptación poco habitual.

Un brote sanitario obligó a extremar controles, modificar cronogramas y replantear toda la logística del evento, generando un clima de incertidumbre que se sintió desde los primeros días. Lo que habitualmente se desarrolla con tiempos más amplios y márgenes de recuperación, debió resolverse en jornadas comprimidas, con menos descanso entre pasadas y una tensión constante en cada salida a pista. “Fue todo muy intenso”, recordó Rodrigo. “Normalmente tenés varios días entre una pasada y otra, tiempo para ajustar, para recuperar al caballo y también para ordenar la cabeza. Esta vez fue prácticamente sin respiro. Todo se dio muy rápido, y ahí es donde realmente se ve quién está preparado, no solo técnicamente, sino mentalmente”.

En ese contexto, la exigencia no fue solo física, sino también emocional: sostener la concentración, cuidar al caballo y tomar decisiones acertadas bajo presión se volvió tan determinante como la destreza misma.

A pesar de todo, Rodrigo logró clasificar entre los mejores, alcanzando el campeonato en los niveles 2 y 3, y ubicándose entre los diez mejores del nivel 4, el más competitivo. Un resultado que lo posiciona entre la élite mundial de la rienda.

“Más allá del resultado, lo que más me llena es sentir que el trabajo dio frutos. Que todo lo que uno sembró, de alguna forma, vuelve”, reflexionó.

El vínculo con la yegua fue clave. “Es una yegua increíble, muy inteligente, con una cabeza impresionante. En los momentos de presión responde mejor que nunca. Eso es algo que no se entrena, se construye con tiempo, confianza y respeto”, explicó. La conexión entre jinete y caballo fue determinante para enfrentar una competencia tan exigente.

A pesar del éxito, Rodrigo mantiene los pies sobre la tierra. Sabe que en este mundo nada está garantizado. “Los caballos te enseñan humildad. Hoy estás arriba y mañana tenés que volver a empezar. Esto es constancia, trabajo y cabeza fría”, afirmó. Su rutina incluye entrenamientos diarios, preparación física, cuidado mental y una disciplina que va mucho más allá del momento de la competencia.

Representar a Uruguay en ese escenario fue, para él, uno de los momentos más emocionantes. “Entrar con la bandera uruguaya fue algo muy fuerte. Mucha gente me confunde con brasileño por mi historia, pero yo soy uruguayo, y llevar esa bandera ahí adentro fue un orgullo enorme. Sentí que representaba a todos los que me apoyaron desde lejos”, confesó.

Hoy, con la mirada puesta en el futuro, Rodrigo ya piensa en los próximos desafíos. Entre ellos, el sueño de competir en el Run for a Million, uno de los eventos más importantes y mejor remunerados del mundo de la rienda. “Es el objetivo. Saber que uno puede estar ahí te da fuerzas para seguir”, aseguró.

A los jóvenes que sueñan con recorrer un camino similar, Rodrigo les deja un mensaje claro y sin adornos: animarse. Animarse a intentar, a equivocarse, a empezar desde abajo y a sostener el esfuerzo cuando los resultados no llegan de inmediato.

“Nada es fácil, pero tampoco es imposible”, repitió, convencido de que el talento por sí solo no alcanza si no va acompañado de trabajo, disciplina y constancia. Para él, el verdadero diferencial no está en los recursos económicos ni en las condiciones iniciales, sino en la actitud con la que se encara el proceso. “Si fuera solo por plata, yo no habría llegado hasta acá”, aseguró, y subrayó que el camino se construye con sacrificio, con horas de trabajo silencioso y con la decisión de no bajar los brazos cuando las cosas se ponen difíciles.

En ese mensaje hay también una mirada realista y profundamente humana. Rodrigo sabe que el recorrido no es lineal ni cómodo, y que muchas veces implica renuncias personales, distancia de la familia y una cuota alta de incertidumbre. Sin embargo, insiste en que hoy existen más herramientas, más acceso a información y más posibilidades que nunca para quien esté dispuesto a formarse y a dar el paso.

Rodrigo Nieves

“Antes parecía algo inalcanzable, hoy no tanto. Hay que animarse, prepararse y trabajar en serio”, afirmó. Su experiencia es la prueba de que el esfuerzo sostenido abre puertas, y de que la perseverancia puede convertir un sueño lejano en una realidad concreta. Desde su lugar, busca transmitir que el camino es exigente, pero posible, y que el verdadero límite suele estar más en la duda que en las oportunidades reales.

Antes de cerrar, Rodrigo hace algo que completa el sentido de esta historia: vuelve al origen. Manda un abrazo a sus padres y a su familia, que lo vive “desde lejos”, y agradece a todos los uruguayos que lo acompañaron con mensajes.

En ese gesto se condensan dos mundos: la pista grande de Oklahoma y la intimidad de una historia personal que nunca dejó de estar atada a Uruguay. Porque, al final, el triunfo no es solo una medalla: es la confirmación de que un sueño nacido en Melilla puede, con años de trabajo, convertirse en una bandera en lo más alto.

Licenciada en Comunicación por la Universidad ORT (2017) y máster en Dirección de Comunicación Corporativa (2024). Desde agosto de 2020 forma parte del equipo de Rurales El País. Actualmente colabora con la revista de la Asociación Rural y produce el programa #HablemosdeAgro, que se emite los domingos por Canal 10. Además, acompaña a empresas del sector agropecuario en el diseño y la implementación de sus estrategias de comunicación. Anteriormente trabajó como periodista agropecuaria en El Observador y fue productora del programa radial Valor Agregado, en radio Carve.

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