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Japón se consolida como mercado estratégico para la carne uruguaya, pese a aranceles altos

Japón aparece como un destino de alto potencial para la carne uruguaya, con fuerte interés del mercado pero condicionado por aranceles elevados, mientras el sector apuesta al Transpacífico y a una mayor producción para sostener el crecimiento exportador

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Uruguay refuerza su posicionamiento en Japón como destino estratégico para la carne vacuna, en un contexto de fuerte interés por parte de importadores y consumidores del país asiático, aunque con desafíos arancelarios y de acceso que aún limitan el crecimiento.

Así lo señaló, en Valor Agregado de radio Carve y Oriental Agropecuaria, el vicepresidente del Instituto Nacional de Carnes (INAC), Leonardo Bove, tras participar en una misión comercial y en ferias de supermercados en Japón, donde destacó la expectativa generada en torno a la producción cárnica uruguaya.

En lo que va del año, Uruguay exportó a Japón 1.075 toneladas, en un mercado donde el país tiene habilitada la carne vacuna enfriada y donde productos como la lengua y otros cortes específicos continúan ganando espacio. Japón consume unos 60 kilos de carne por habitante al año —principalmente aviar y porcina—, con un consumo de carne vacuna cercano a los 10 kilos per cápita, lo que lo convierte en un importador neto de proteína animal.

Según Bove, la percepción en el mercado japonés es positiva. “Hay una gran expectativa por la carne uruguaya”, afirmó, destacando que el país cuenta con ventajas sanitarias y habilitaciones que lo posicionan por encima de otros competidores regionales, como Brasil, Paraguay o Argentina —salvo la Patagonia— en el acceso a carne enfriada.

Aranceles altos y expectativa por el Transpacífico

El principal obstáculo para ampliar la presencia en Japón es el arancel del 38,5% que enfrenta la carne vacuna uruguaya. Sin embargo, algunos productos ingresan con menores cargas tributarias, como la lengua bovina, que tributa 12,8% al entrar como menudencia, lo que explica el peso de este producto en las exportaciones hacia ese destino.

La expectativa del sector está puesta en el proceso de ingreso de Uruguay al Acuerdo Transpacífico (CPTPP), que permitiría reducir aranceles de forma gradual. De concretarse, las tasas podrían bajar desde niveles cercanos al 20% a un rango de entre 9% y 10% hacia 2030, acercando al país a condiciones similares a las de competidores como Australia, que hoy ya opera con aranceles más bajos y una fuerte inserción histórica en ese mercado.

Actualmente, Estados Unidos y Australia concentran cerca del 85% de las importaciones de carne vacuna de Japón, mientras Uruguay representa apenas entre 1,4% y 1,5%, lo que muestra el amplio margen de crecimiento potencial.

En paralelo, continúa en agenda la posibilidad de habilitar el ingreso de carne ovina a Japón, un proceso que depende de avances sanitarios y diplomáticos. En ese sentido, desde INAC destacan el trabajo conjunto con Cancillería y la expectativa de que una eventual misión oficial encabezada por el presidente Yamandú Orsi antes de fin de año permita impulsar nuevas aperturas comerciales.

Buen momento del negocio cárnico

En el plano del negocio actual, Bove señaló que el sector atraviesa un “excelente momento”, con precios internacionales firmes y una tonelada promedio de exportación que en el inicio del año se ubicó en torno a los 5.520 dólares.

La escasez relativa de carne en los principales países productores y la demanda sostenida en mercados de alto valor generan un escenario favorable para la colocación de la producción uruguaya. Este contexto, sostuvo, también fortalece las gestiones de acceso y mejora de condiciones arancelarias.

El jerarca destacó además el trabajo de la industria en maximizar el valor de cada corte, colocando productos específicos en mercados de alto precio, como la lengua en Japón, lo que contribuye a sostener el valor global del animal.

Pese al buen momento de precios, desde la industria frigorífica se advierte que los márgenes continúan siendo ajustados. Datos recientes de INAC muestran que en enero de 2026 el valor total del “novillo tipo” fue de 1.868 dólares, de los cuales el 82% correspondió al precio de la hacienda y el 18% al valor agregado industrial.

Bove reconoció que la rentabilidad del sector industrial es acotada y que existen realidades dispares entre empresas. En ese sentido, subrayó que uno de los principales desafíos es aumentar la faena para diluir costos y mejorar la eficiencia.

“El país no tendría techo de colocación si lograra incrementar la faena”, afirmó, planteando que la estrategia de largo plazo debe centrarse en producir más terneros y aumentar la disponibilidad de ganado para la industria, antes que en medidas coyunturales como restringir exportaciones en pie o habilitar importaciones de ganado.

A su juicio, el camino estructural para fortalecer a toda la cadena cárnica pasa por incrementar la producción y asegurar un flujo mayor de animales hacia la faena, en un escenario internacional que continúa mostrando oportunidades para la carne uruguaya.

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