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Dos empresas del sector lácteo atraviesan un panorama complejo

Los precios mejoraron en el mundo, pero Claldy y Pili sufren dificultades.

Exportación de lácteos.

El sector lácteo parece estar recuperándose de lo peor de la crisis que lo afectó en 2015 y 2016, pero todavía sus perspectivas son inciertas y dos de sus principales empresas, Pili y Claldy, atraviesan una situación complicada. Los precios internacionales comienzan a dar un marco de cierta estabilidad, pero el endeudamiento todavía pesa en los tambos y en las industrias.

En el caso de Pili, a fines de enero consiguió un año de tregua de sus acreedores bancarios (adeuda unos US$ 40 millones) pero su situación sigue complicada, trabaja solamente cuatro días por semana, le falta materia prima y 44 de sus trabajadores (la mitad sindicalizados y la otra mitad no) están en un seguro de paro parcial, dijo a El País el sindicalista Marcel Petrib. El sindicato está procurando que la empresa pague el adelanto correspondiente a la primera mitad del mes de mayo.

Heber Figuerola, directivo de la Federación de la Industria Láctea, considera que Pili está en una coyuntura “muy comprometida” y que tiene ocho meses para intentar revertir su situación. La empresa sanducera, que realizó una fuerte inversión en una nueva planta, perdió un importante remitente al que le enviaba 35.000 litros de leche diarios, señaló el sindicalista. El sindicato llegó a ocupar 48 horas la planta en la que se producen quesos para la exportación.

Al sindicato de la industria láctea también le preocupa la situación en Claldy, una empresa con más de 50 años y perfil exportador, que analiza enviar a unos 25 trabajadores al seguro de paro. Según Figuerola, esto se debe a que la empresa está derivando materia prima a Alimentos Fray Bentos, un emprendimiento que tiene con un socio argentino (La Sibila) y hace mermar la actividad de la planta que tiene a la salida de la ciudad de Young. La situación genera “muchas dudas” y debe ser clarificada por la empresa, dijo.

No parece que se pueda establecer una relación entre el volumen de leche producido a nivel nacional (subió 4% en el primer trimestre) y los problemas de disponibilidad de materia prima.

El panorama en la industria (que perdió en su momento un par de miles de empleos cuando cerraron Ecolat y Schreiber Foods) ha llevado a que el sindicato reconozca en la negociación salarial en curso, que el rubro no puede ser considerado en expansión (lo que habilitaría que los trabajadores recibieran incrementos reales más significativos). El sindicato se conforma con que se lo ubique como sector en situación “intermedia”. Pero sí reclama la discusión de la reducción de la jornada laboral, un énfasis mayor en la capacitación, que cualquier reestructura deba ser informada con 90 días de anticipación y una serie de beneficios sociales. La industria está muy poco dispuesta a acceder a incrementos salariales en términos reales. Van cinco reuniones y la discusión viene lenta.

El mercado internacional y un dólar más tonificado podrían venir a dar alivio al sector. Ricardo de Izaguirre, presidente del Instituto Nacional de la Leche, dijo a El País que los precios están estables hace meses en alrededor de US$ 3.000 la tonelada de leche en polvo y US$ 4.000 la de quesos, valores que “permiten trabajar”. El precio de la leche al productor, a diferencia de lo que pasaba hace dos años, permite cubrir aproximadamente los costos.

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