La economía uruguaya transita un escenario marcado por un tipo de cambio en niveles bajos, una inflación que cerró en 2025 por debajo de la meta oficial y perspectivas de crecimiento más moderadas hacia 2026, según sostuvo el economista Ramiro Correa, del Centro de Estudios para el Desarrollo (CED), en un informe elaborado por Valor Agrícola.
“Cuando el dólar baja en Uruguay, lo que estamos viendo es, en realidad, una debilidad global de la moneda estadounidense”, señaló Correa, y recordó que para entender su evolución es necesario mirar tres planos: el internacional, el regional y el nacional.
En el plano global, el economista apuntó al desempeño de la economía de Estados Unidos. Tras los picos inflacionarios de 2021 a 2023, la Reserva Federal logró encauzar la inflación (que hoy ronda el 2,6%) mediante una política monetaria contractiva. Sin embargo, el crecimiento económico aparece debilitado, con proyecciones oficiales de desaceleración hacia 2026 y 2027. “Ese menor dinamismo se traduce en un dólar más débil a nivel mundial, que termina impactando también en Uruguay”, explicó.
A nivel regional, Correa sostuvo que el comportamiento del tipo de cambio en Uruguay es similar al observado en países como Brasil, Chile, Perú o México. “Eso atenúa en parte la perdida de competitividad relativa, porque en la región está pasando algo parecido”, indicó. En ese sentido, remarcó que la caída del dólar no responde a una intervención deliberada del Banco Central uruguayo, sino a factores externos, con un impacto “muy marginal” de la política monetaria local sobre el mercado cambiario.
De todos modos, advirtió que un dólar bajo encarece la economía uruguaya en términos relativos y complica la ecuación de muchas empresas exportadoras. A eso se suma un contexto internacional poco favorable para los precios de los commodities. “En general, los precios de las materias primas están bajos; la gran excepción es la carne, que muestra valores firmes. En soja y arroz el escenario es claramente más débil”, expresó.
Otro de los puntos centrales es el dato de inflación de 2025, que cerró en 3,65%, casi un punto por debajo del objetivo del 4,5% fijado por el Banco Central. Correa valoró positivamente que Uruguay haya ingresado, desde 2023, en una etapa de inflación baja y estable, alineada con los estándares internacionales. “Es una muy buena noticia en términos de planificación, inversión y crecimiento de largo plazo”, afirmó.
Sin embargo, dijo que desviarse de la meta, incluso hacia abajo, tiene costos en el corto plazo. El primero es fiscal: una inflación menor a la prevista reduce la recaudación nominal del Estado, mientras que el gasto público sigue atado a la inflación pasada. “Esto lleva a que el déficit fiscal termine siendo mayor al proyectado, algo que ya ocurrió en 2024 y que probablemente vuelva a verse en 2025”, anticipó.
El segundo impacto se observa en el mercado laboral. Las pautas salariales se negociaron tomando como referencia la inflación objetivo del 4,5%, por lo que, con una inflación efectiva más baja, los salarios reales crecen más de lo previsto. “Para los trabajadores es una buena noticia, pero alguien tiene que pagar esos salarios. Si crecen por encima de la productividad, puede bajar la creación de empleo, sobre todo en los sectores de menores ingresos”, advirtió.
Un tercer efecto se da en el plano financiero: con inflación baja, la tasa de interés real en pesos queda elevada, lo que encarece el financiamiento y presiona sobre la actividad económica. Para Correa, buena parte de la desaceleración inflacionaria se explica por el dólar bajo y por la caída de precios internacionales de los bienes transables.
En cuanto a la actividad, el economista estimó que desde el CED ven que el crecimiento de Uruguay en 2025 se ubicará en torno al 2%, por debajo del 2,6% proyectado originalmente en la ley de Presupuesto. “Fue un año de dos velocidades: un primer semestre dinámico y un segundo semestre prácticamente estancado”, resumió.
Ese menor crecimiento genera un efecto arrastre negativo para 2026. Desde el CED, la proyección actual apunta a un crecimiento del 1,9%, revisado a la baja desde estimaciones previas. “Vemos una economía más cara, con mayor presión fiscal y salarios reales creciendo por encima de la productividad. Todo eso configura un escenario de menor desempeño”, señaló.
Aun así, Correa destacó el récord de exportaciones alcanzado en 2025, con un rol protagónico del sector agropecuario, incluso en un contexto de precios internacionales bajos. De cara al mediano plazo, subrayó como señales positivas la concreción del acuerdo comercial Mercosur-Unión Europea y el avance hacia la adhesión al CPTPP. “En el corto plazo puede haber turbulencias, pero en un horizonte de tres o cuatro años la apertura de mercados representa una oportunidad enorme para el sector exportador y para la economía uruguaya en general”, sostuvo.