La ganadería uruguaya se encamina a cerrar el ejercicio 2025/26 con resultados positivos, en un contexto marcado por valores históricamente altos para el ganado gordo y la reposición. Sin embargo, detrás de ese escenario favorable comienzan a aparecer señales de alerta vinculadas a problemas sanitarios, particularmente la garrapata y los residuos de garrapaticidas, que ya están generando costos adicionales y distorsiones en el mercado.
Así lo señaló Andrés Irulegui, presidente de la Comisión Sectorial Ganadera de Fucrea e integrante del CREA Aguirre, quien sostuvo que, si bien aún se están procesando los datos definitivos, las proyecciones indican que el ejercicio será “bueno o muy bueno” para buena parte de las empresas ganaderas. “Nos hemos ido acostumbrando a valores que no teníamos en la cuenta. En un país complicado por sus costos, sus ineficiencias y por un dólar bajo, estos precios hacen que todo eso quede bastante opacado”, afirmó en dialogo con Valor Agregado de radio Carve.
Rentabilidades moderadas pese al buen momento
Irulegui recordó que el ejercicio 2024/25 había sido uno de los mejores de las últimas dos décadas, con un ingreso de capital promedio de US$ 141 por hectárea. Sin embargo, destacó que la rentabilidad sobre activos continuó siendo relativamente baja, debido al peso que tiene el valor de la tierra dentro del negocio ganadero.
“El campo históricamente ha sido un negocio de rentabilidades bajas. El factor tierra incide muchísimo”, explicó.
En ese sentido, señaló que el desafío para las empresas es aprovechar este ciclo favorable para fortalecer su situación financiera y quedar mejor posicionadas para enfrentar eventuales cambios de escenario.
“Esto es como en el casino: no es solo dar la bola, sino quedar bien parado. Tenemos que aprovechar estos años para acomodar las cuentas, porque sabemos que con precios distintos muchos quedarían con la nariz debajo del agua”, graficó.
Más inversión y cambios en los sistemas productivos
La permanencia de los altos precios durante varios años consecutivos está provocando transformaciones dentro de los sistemas ganaderos.
Según Irulegui, hoy se observa una mayor inversión en alimentación, suplementación, recrías y tecnologías que anteriormente muchos productores evitaban por los riesgos económicos.
“Hay más y mejor comida, más ración, más suplementos y más gente animándose a entorar a los 15 meses. Las recrías tienen un empuje brutal porque existe una demanda muy fuerte por novillos jóvenes y pesados”, indicó.
A su juicio, muchas de las tecnologías necesarias para aumentar la productividad ya estaban disponibles, pero los valores históricos del ganado no permitían justificar las inversiones.
“Con un novillo a US$ 5,50 el kilo y un ternero arriba de los US$ 4, las cuentas cambian. El costo del kilo ganado sobre una ración o una pradera pasa a ser positivo y eso dinamiza absolutamente todo”, señaló.
Consultado sobre la posibilidad de que los precios actuales sean una situación pasajera, Irulegui consideró que existen fundamentos estructurales que respaldan el mercado. “Siempre existe la posibilidad de un cisne negro, pero hay elementos de base que le dan un sustento muy importante a estos valores”, sostuvo.
No obstante, remarcó que el sector debe actuar con cautela para evitar generar problemas internos que terminen erosionando la competitividad alcanzada.
La garrapata, una amenaza creciente
Entre esos riesgos internos, el dirigente de Fucrea ubicó en primer lugar a la garrapata y a las dificultades vinculadas al control sanitario. A su entender, se trata de un problema mucho más grave de lo que percibe buena parte del sector. "Está impactando muchísimo más de lo que la mayoría piensa. Mientras no te toca, no te das cuenta, pero es algo extremadamente grave”, afirmó.
Irulegui señaló que aún existen importantes vacíos de conocimiento sobre el comportamiento de algunos productos y sobre los tiempos reales de espera necesarios para evitar residuos en carne.
“Hay situaciones donde se respetan los tiempos indicados en la etiqueta, pero igualmente pueden aparecer residuos por acumulación de tratamientos. Falta ciencia y falta información para entender mejor lo que está pasando”, sostuvo.
Costos adicionales y descuentos en el mercado
Además de los riesgos sanitarios, la problemática ya comienza a reflejarse en los valores de mercado.
Según explicó, los compradores tienden a preferir ganado proveniente de zonas libres de problemas, mientras que en los establecimientos más afectados suelen exigirse tratamientos adicionales antes de concretar las operaciones.
“Si te dan a elegir, vas a comprar un ganado de un lugar sin inconvenientes. Si comprás en una zona complicada, seguramente vas a pedir que se le haga un tratamiento previo”, indicó.
Ese costo extra puede representar entre US$ 8 y US$ 14 por cabeza en una sola aplicación, aunque en los sistemas más afectados los gastos sanitarios pueden multiplicarse.
“Hay casos donde controlar la garrapata puede costar decenas de dólares por cabeza al año. Eso termina impactando directamente en los resultados económicos de las empresas”, advirtió.
Para dimensionar el efecto, comparó esos costos con los resultados promedio de los sistemas CREA.
“Si un productor tiene que afrontar gastos sanitarios equivalentes a US$ 80 o US$ 90 por hectárea, cuando el ingreso de capital promedio fue de US$ 141 por hectárea, el impacto es enorme”, señaló.
Irulegui sostuvo que el combate a la garrapata y la gestión de residuos deben abordarse como una prioridad nacional, con mayor generación de información técnica y coordinación entre productores, investigadores y autoridades.
“Tenemos que hacer lo imposible para evitar que esto se transforme en un problema mayor. No alcanza solamente con multas o sanciones; hace falta entender mejor qué está ocurriendo y generar respuestas basadas en conocimiento”, concluyó.