Rurales El Suplemento

Cumplir con la palabra

Rafael Tardáguila | [email protected]

Estimado presidente electo Dr. Luis Lacalle Pou

De mi mayor consideración:

Por medio de la presente le hago llegar mis más sinceras felicitaciones por haber alcanzado el máximo sitial al que un uruguayo, desde el punto de vista político, puede aspirar.

En las siguientes líneas me tomaré el atrevimiento de comentarle algunos puntos que, desde el punto de vista de desarrollo del país, lucen como imprescindibles en la actual situación.

Primero que nada, y para empezar por lo global, la necesidad de cumplir con la palabra empeñada y no defraudar a los centenares de miles de uruguayos que depositaron en usted y en la coalición multicolor que lidera, la confianza para dirigir los destinos del país en el próximo quinquenio. El mejor antídoto contra el autoritarismo es que quienes sean elegidos democráticamente cumplan con lo prometido.

Sin dudas el desafío es enorme por la condición endeble en que recibirán varios de los números macro de la economía, principalmente el déficit fiscal y todo lo que este dato trae aparejado. Máxime teniendo en cuenta que la amplia mayoría de los gastos son rígidos. Confío en la habilidad de su equipo en lograr la meta anunciada de bajar el gasto en US$ 900 millones, aunque no parece nada fácil.

Desde que retrocedieron los precios internacionales de varios de los productos que Uruguay exporta, el país dejó de crecer. La maquinaria productiva se ha resentido por las extremadamente difíciles condiciones de competitividad. Uruguay es un país caro, carísimo. Eso rompe los ojos cuando se comparan precios al consumidor con los de otros países, no solo de la región, sino también de países desarrollados. Resulta insólito que los precios en un supermercado en Alemania, por ejemplo, sean consistentemente menores a los de uno en Uruguay. Lo comprobé en bolsillo propio.

Uruguay es un país chico y escasamente poblado, por lo que indefectiblemente se ve obligado a mirar hacia afuera en su ambición de crecer. Con ese propósito, es imprescindible crear las condiciones indispensables de competitividad que le permitan a los productos del país posicionarse de buena forma en los mercados del exterior. Agregar valor con los actuales costos es un desafío casi imposible de cumplir y eso se está viendo reflejado en el achicamiento del sector industrial.

Varias de sus proclamas en la campaña electoral van por este camino, como la necesidad de reducir tarifas públicas y bajar los costos del Estado en general. Es imprescindible para que las empresas que trabajan en el país -sean uruguayas o no- puedan colocar sus productos en el mercado internacional.

Otra urgencia para bajar los costos de exportación es la reducción de los aranceles a la exportación. Uruguay deja centenares de millones de dólares en las Aduanas de los países de destino. Solo para citar un ejemplo, en las exportaciones de carnes a China en 2018 se pagaron US$ 100 millones. Y eso que el arancel de importación de carne en China es relativamente bajo, de 12%.

Con o sin los socios del Mercosur, Uruguay debe avanzar en las negociaciones con los países con los que comercia para mejorar las condiciones de acceso. Es lo que hacen nuestros competidores, caso de Australia y Nueva Zelanda. En el caso concreto de Australia y sus exportaciones de carne, tiene acuerdos comerciales con China, Japón, Corea del Sur y Estados Unidos -nada menos que los cuatro principales importadores mundiales- que les permiten ingresar con su producto con menores tasas arancelarias. Año a año los exportadores australianos gozan del beneficio de pagar menos por toneladas de producto. Como ejemplo, en las exportaciones a China a partir del próximo 1º de enero pagarán 4,8% de arancel, tasa que a partir del primer día de 2024 pasa a ser de 0%. Mientras tanto, Uruguay sigue pagando 12%.

Es imprescindible en este sentido contar con una Cancillería potente con conocimiento de los mercados internacionales y comprometida en mejorar el posicionamiento de los productos uruguayos en el exterior. El ofrecimiento al economista Ernesto Talvi para ser el canciller de su gobierno genera expectativa y confianza de que se va por ese camino.

Con costos internos más razonables y con mejoras en el acceso a los principales mercados, las empresas privadas uruguayas tendrán las condiciones como para realizar las inversiones impostergables para potenciar sus ventas, elevando el ingreso de divisas y dando empleo genuino que permita quebrar la tendencia de crecimiento de la tasa de desempleo.

Empresas privadas que puedan trabajar en un marco de libertad para posicionarse de la mejor manera -obviamente, respetando la imagen de un país que cumple con los objetivos de cuidado del ambiente, de respeto del bienestar animal y de condiciones de trabajo dignas- y propender al desarrollo del país.

En ese marco de libertad para las empresas, me permito un paréntesis para pedirle que se mantengan las libertades individuales conquistadas en los últimos años. Ser libre es lo máximo a lo que puede aspirar un ser humano, con el único límite de respetar la libertad de sus pares.

Con los más sinceros deseos de éxito, que será el de todos, lo saluda atentamente.