Opinión

En cómodas cuotas

Mejorar la competitividad, vigilar los subsidios europeos y aprovechar al máximo las cuotas son premisas clave para que los agronegocios obtengan el máximo provecho del reciente acuerdo con Europa.

Ing. Agr. Nicolás Lussich.

El acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur promete ser uno de los cambios más importantes para los agronegocios uruguayos en muchos años. Puede estimarse que los impactos serán -en general- beneficiosos: acceder a un mercado del tamaño de la Unión Europea es una oportunidad inédita para muchos rubros y empresas del país, actuales o por venir. Sin embargo hay asuntos que vale considerar, para evitar un optimismo sin fundamento y evaluar mejor el impacto del acuerdo, así como las amenazas y oportunidades que presenta.

En primer lugar, hay que recordar que la implementación del acuerdo demorará un tiempo. Esto no quita que las empresas y el gobierno tengan desde ya que prepararse para los cambios que el acuerdo implica. Pero restan al menos un par de años para que, luego de aprobarse por los Parlamentos de los países, el acuerdo entre en vigencia. Aún no están escritos los textos legales (lo que hay es un documento con el acuerdo político) y -además- hay que ver si en el Mercosur cada país tiene la libertad de aprobarlo individualmente, más allá de lo que hace el resto.
Por otro lado, Uruguay encara este avance comercial desde un Mercosur con fuertes asimetrías y poca dinámica interna, que acordó finalmente con la UE conducido principalmente por los intereses principales de Brasil y Argentina. En buena medida esto es lógico, pues nuestros grandes vecinos son los que llevaron la carga de la negociación y abrieron sus grandes mercados. Pero no estamos en un bloque maduro, internamente integrado, sino más bien en una asociación que ha avanzado poco e -incluso- había retrocedido, en años previos, en materia de comercio y cooperación entre países, en especial por la política argentina de los gobierno kirchneristas. Esto ahora cambió, pero el Mercosur está lejos de tener la cohesión de la UE, que constituye efectivamente un mercado único, con las ventajas de especialización y escala correspondientes. En realidad, mirando el acuerdo, el mismo propone una integración con la UE que resulta hasta más intensa de la que tienen hoy por hoy los países del Mercosur entre ellos mismos. Así, al abrirse el comercio con Europa el impacto en los distintos países del Mercosur puede ser muy diferente y las ventajas para uno no necesariamente son para otro.

Si bien se plantea que más del 90% del universo arancelario se desgravará totalmente en distintos plazos, varios de los principales productos de la oferta exportable de Uruguay a la Unión Europea estarán regulados por cuotas, que si bien limitan los volúmenes otorgarán condiciones de acceso privilegiadas frente a otros proveedores relevantes.

Así, además de mirar a Europa hay que mirar de reojo a los vecinos, porque las cuotas hay que repartirlas entre 4 y en ningún caso está definido cómo se hará. La capacidad de aprovecharlas es muy diferente según el rubro; por ejemplo, las cuotas de azúcar y etanol son cuestión brasileña; en las otras, de las que son relevantes para Uruguay, también lo son para Argentina. Hay una cuota de 60.000 toneladas de arroz que quedará sin arancel en 5 años, que los productores uruguayos van a aprovechar bien porque ya cumplen toda la normativa europea en cuanto a fitosanitarios; además, hay una cuota de 45.000 toneladas de miel y otra gran cuota de 180.000 toneladas de pollo (aquí Uruguay tiene retrasos en protocolos sanitarios).

En el caso de la carne vacuna habrá una nueva cuota de 99.000 toneladas peso carcasa, que pagará un arancel de 7,5% y aparece en el momento justo para suplir lo que será -con toda seguridad- una reducción de la cuota 481. En éste ida y vuelta, y considerando también la eliminación del arancel para la Hilton, Uruguay quedará mejor, aunque no sería un cambio drástico: Uruguay podrá tener mayor o menor ventaja, dependiendo del volumen que se le asigne y de la dinámica que tenga nuestros países vecinos en usufructuar sus propios cupos. Y esto vale no solo para la carne.

Como ejemplo de que Argentina y Brasil cuidaron bien sus intereses el sector triguero quedó al margen del tratado y el Mercosur mantendrá el Arancel Externo Común, de 10%. Así, el sector triguero argentino mantiene a Brasil como “mercado reservado”. No sucedió así con el sector lácteo, que parece haber sido “moneda de cambio” con los europeos: tendrá cuotas recíprocas (30.000 de queso, 10.000 de leche en polvo y 5.000 de fórmulas infantiles) y se eliminará el Arancel Externo (28%) en un plazo de 10 años; aquí el más perjudicado es Uruguay, que tiene el mayor perfil exportador e históricamente ha tenido a Brasil como mercado clave. Será un cambio drástico para el sector lácteo, que deberá extremar su competitividad para sostenerse y eventualmente poder aprovechar las oportunidades.

El caso de los lácteos evoca otro asunto que -por suerte- el acuerdo reconoce como problema y abre la posibilidad de mecanismos de reclamo. Nos referimos a los fuertes subsidios que aplica Europa a su producción rural y que no deben distorsionar el comercio. Lo hicieron por muchos años y los memoriosos seguramente recuerdan como -hace décadas- sufrían los precios cuando los stocks europeos de carne, lácteos, granos, salían al mercado. La UE acotó los subsidios y -lo principal- los modificó para que se aplicaran directamente a los productores y sus familias, para mantenerlos en el campo, evitando estimular directamente la producción. Además, la cada vez mayor demanda de China por alimentos dejó el problema en un segundo plano. Pero aún hay subsidios y pueden ser un dolor de cabeza; el Mercosur tiene que estar muy activo en vigilarlos y rechazarlos.

Un aspecto positivo del acuerdo es que Uruguay retomará el acceso con arancel cero de muchos productos que en su momento habían tenido los beneficios del denominado Sistema General de Preferencias y que se perdieron recientemente por el buen desempeño de la economía uruguaya: a mayor PBI, se perdieron las preferencias, que se dan a países subdesarrollados. Es el caso de los cueros y productos pesqueros, que con la madera, frutas y otros tendrán arancel 0% cuando entre en vigencia el acuerdo. Actualmente Uruguay paga más de US$ 100 millones en concepto de aranceles para ingresar a la UE. Su eliminación (inmediata o paulatina) es buena noticia para los empresarios y trabajadores de dichos sectores. Otros productos como lanas, hortalizas, cítricos (que también tenían preferencia y la perdieron), arándanos, mermeladas, jaleas, tendrán períodos de desgravación de entre 3 y 10 años, hasta llegar a arancel 0%.

En síntesis, el acuerdo UE-Mercosur abre oportunidades múltiples y muy interesantes, pero no son logros automáticos: Uruguay tiene que enfocarse en comerciar más y para eso tiene que mejorar su productividad y competitividad; costos estatales menores, mejores relaciones laborales, mejores condiciones para la innovación (premiar, no castigar, el ensayo y error), son claves para ampliar los agronegocios, además de todo lo que puede proyectarse para otros rubros y también en el sector servicios. Comerciar es enfocarse en el valor de lo que se produce y ofrecer mercadería a otro para beneficio mutuo. Es la forma en que han crecido la enorme mayoría de los países del mundo, en especial las economías pequeñas como la uruguaya.