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El campo y su gente

Los nuevos datos del Censo Agropecuario muestran tendencias relevantes en la dinámica del trabajo en el campo, en el marco de un proceso de mayor productividad e ingresos, más allá de las dificultades de la coyuntura.

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Se divulgaron en los últimos días los datos finales del Censo Agropecuario 2024, realizado por la Dirección de Estadísticas Agropecuarias del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (DIEA-MGAP). La tarea tuvo dificultades, pero lograron superarse y se completó un producto valioso, importante al momento de analizar el sector, observar tendencias y -eventualmente- definir políticas.

En los grandes números, el Censo Agropecuario 2024 muestra que en los 13 años transcurridos desde el Censo anterior (2011) el número de establecimientos agropecuarios tuvo un descenso, aunque no fue drástico: las explotaciones cayeron de casi 45,000 a poco menos de 42.000, unas 3.000 explotaciones menos, como se ve en la gráfica. Allí se observa que luego de descensos muy fuertes en décadas previas, la tendencia se ha moderado aunque sigue siendo negativa.

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En este proceso, la caída se dio en prácticamente todos los estratos de tamaño. De hecho, al analizar la estructura agropecuaria (establecimientos por estrato de superficie) de los datos censales, se observa que el porcentaje de superficie ocupada por las explotaciones de hasta 500 hectáreas prácticamente se ha mantenido.

Donde sí hubo diferencias importantes es en las explotaciones de más de 500 hectáreas. Allí, los establecimientos con entre 500 y 5.000 hectáreas vieron reducir su participación en la superficie total de 61 a 53% entre 2011 y 2024, mientras los establecimientos de más de 5.000 hectáreas, que ocupaban el 16% de la superficie total en 2011, ahora responden por el 25%, superando las 4 millones de hectáreas (en 2011 la superficie de estas explotaciones era 2.637.000 hectáreas).

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De manera que ese crecimiento en las explotaciones de gran escala se configuró a partir de menos explotaciones de entre 500 y 5000 hectáreas. Dicho de otra forma, la concentración en el tamaño de la producción se dio principalmente en los estratos medios o medio altos hacia arriba, seguramente reflejando el impulso de las economías de escala, principalmente en ganadería, agricultura y forestación.

Trabajadores y productores.

En lo que refiere a la población rural, en la gráfica adjunta se expone el número de trabajadores y residentes rurales, que suman un total de casi 141.000 personas. De ese total, casi 31.000 personas residen en el campo y no trabajan (se incluyen aquí los menores y otras categorías). A su vez, hay unos 65.000 trabajadores residentes, incluyendo aquí a los propios productores y los asalariados rurales. El resto -casi 45.000 personas- son trabajadores no residentes, incluyendo también aquí productores y asalariados.

En lo que refiere a la evolución del número de trabajadores rurales en Uruguay hubo un descenso que -considerando la evolución previa- también puede considerarse moderado. Pasaron de más de 115.000 a poco menos de 110.000 entre 2011 y 2024 (una baja de 5%). Los datos del Censo disponibles hasta ahora no discriminan entre asalariados y el resto; aún así, es interesante recordar que la remuneración promedio de los asalariados rurales -considerando los datos de los Consejos de Salarios- subió 50% en términos reales entre 2011 y 2024. Haciendo una estimación gruesa en base a promedios, y suponiendo que la proporción de asalariados entre los trabajadores totales básicamente se mantiene, la masa salarial rural habría crecido 43% en términos reales, entre ambos censos. Es un aumento muy importante, que se refleja luego en mayor ingreso y consumo de las familias y en las localidades, en especial las pequeñas. También -obviamente- es un desafío para los establecimientos sostener los puestos de trabajo con salarios mucho mayores.

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A su vez, el número de residentes en los establecimientos -trabajadores y no trabajadores- tuvo un descenso más fuerte que el de los trabajadores en general (cayeron 10%), pasando de casi 107.000 a los poco más de 96.000 que muestra la gráfica. De todas maneras, es un descenso mucho más moderado que lo visto en años previos; sin ir más lejos, tomando los datos del censo del año 2000, la población residente en establecimientos era el doble aquel año (gráfica).

La dinámica económica y social detrás de estas tendencias es bastante conocida, aunque puede haber novedades y cambios, en sentido y dimensión. Parece claro que la tendencia a emigrar a las zonas urbanas persiste, aunque con una fuerza mucho más moderada (podría decirse, a modo de hipótesis, que el proceso en buena medida se ha completado).

A su vez, la nueva realidad del agro en las últimas décadas, de mayor productividad y mejores precios, cambió la lógica de trabajo de muchos productores; residiendo o no en el establecimiento, la dedicación es a tiempo completo y las excepciones comprueban la regla.

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Entre los asalariados, también es conocida la tendencia reciente a una mayor frecuencia de trabajadores rurales que residen en zonas urbanas cercanas, condición que se da más allá de los trabajos zafrales. Esta “nueva ruralidad” incorpora más protagonismo (y desafíos) a las pequeñas poblaciones urbanas, de menos de 5.000 habitantes, lo cual vuelve más relevantes aún los asuntos del desarrollo local, y de cómo los gobiernos departamentales y los municipios gestionan y mejoran el soporte en comunicaciones y transporte, para que esa referida dinámica se mantenga y crezca.

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Todas estas cuestiones tienen diferencias importantes entre rubros, zonas y tipos de producción. La forestación trajo modalidades de trabajo diferentes, más especializadas y productivas, lo mismo la agricultura. Lechería y ganadería se han transformado de trabajos más tradicionales a una mayor mecanización y productividad. A nivel de la denominada “granja” (que incluye rubros muy diversos), un área tradicionalmente más intensiva en mano de obra, el Censo muestra una reducción en la superficie de frutales no cítricos de casi 25% entre 2011 y 2024, mientras el área de cultivos de huerta cae 10%. Si bien la productividad ha aumentado en varios productos en este sector, son rubros que han tenido dificultades, con caída en el número de productores. También bajó el área de cítricos y viñedos, pero en ambos rubros hay procesos de reconversión, renovación de variedades, incorporación de riego, etc., que reflejan una dinámica más positiva y con proyección de futuro.

Me preocupa que viene todo tan bien, que puede que pase algo que lo tire abajo”, dijo hace algunos meses un conocedor del mercado ganadero uruguayo. Es de esos sustos irracionales que tienen más que ver con las sensaciones que con lo real. Pero ese “algo que lo tire abajo” empieza a tener nombre y se llama residuos de medicamentos veterinarios en la carne exportada.

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