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Mujer a bordo: 40 días, un barco y 20 mil animales

Patricia Santos fue la primera uruguaya en viajar en un buque de exportación en pie a Turquía

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El 17 de julio zarpó de Montevideo el Bader III en una exportación de ganado en pie con destino a Turquía con 3.570.710 kilos de ración a granel, 599.470 kilos de ración en bolsas, 5.640 kilos de ración especial, 59.350 kilos de aserrín, 37.310 kilos de alfalfa y 19.911 animales.[/caption]

Manuela García Pintos

A las 4:30 am del 17 de julio zarpó de puerto de Montevideo el Bader III en una exportación de ganado en pie con destino a Turquía con 3.570.710 kilos de ración a granel, 599.470 kilos de ración en bolsas, 5.640 kilos de ración especial, 59.350 kilos de aserrín, 37.310 kilos de alfalfa, 19.911 animales, la primera mujer uruguaya en viajar en un buque de exportación y, con ella, un sueño hecho realidad.

La sanducera Patricia Santos Urdiozola tiene 39 años y dos trabajos. Uno como periodista en un programa agropecuario de radio en Paysandú y otro como ayudante de veterinaria en el Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca (MGAP), actualmente en la división de Servicios Ganaderos de su departamento.

Hace dos años y medio realiza el control de animales que se cargan en exportación en pie en el puerto. Esto fue lo que le permitió conocer el barco y acercarse al mundo de todo lo que se mueve en una carga, que va mucho más allá del ganado.

Trató con la gente que viajaba, seguía los viajes a través de un programa de tráfico marino, controlaba la llegada. Observando siempre de lejos y soñando con que algún día le llegara la oportunidad de embarcarse.

Ese día llegó en 2020, cuando el gerente de Gladenur le ofreció viajar. Sin embargo, el barco no fue el único que llegó en marzo, sino también el covid-19 a Uruguay y con él se fue el sueño de Patricia. Cuando ya estaba por bajar los brazos, un viernes de junio de 2021 le preguntaron nuevamente si estaba dispuesta a embarcarse. El sábado respondió que sí.

Afortunadamente pudo arreglar su ausencia en ambos trabajos, renovó su pasaporte y se subió al barco, sin preguntar mucho y dejándose sorprender.

El 12 de julio comenzó la carga y el 17 zarparon. Recorrieron el Atlántico sur costeando Brasil, el Atlántico norte cruzando hacia África, cruzaron el Mediterráneo.

“Acá no llevamos la cuenta de los días, ni de las fechas. Contamos las horas, porque sabemos la hora de levantarse, la hora de acostarse y la de ir a trabajar, pero no llevamos la cuenta de que día vivimos”, contó Santos a El País.

De su viaje destacó absolutamente cada momento y cada sensación vivida. La conexión con la naturaleza, el disfrute de los pájaros que buscan los peces voladores. Cuando vieron tierra por primera vez después de 10 o 12 días. Los delfines, el disfrute de verlos entrar y salir del agua. La majestuosa vista de Marruecos a la derecha y de España a la izquierda. Absolutamente todas las vistas de la tierra desde el agua cuando ingresaron en el Mediterráneo: Túnez y Argelia a la derecha; Italia y Grecia a la izquierda. El agua: su inmensidad, sus colores y movimientos. Lo inexplicable del cielo, el amanecer, el atardecer… el sol y la luna, los grandes protagonistas. Las estrellas sin luces que le hagan sombra.

En total fueron 19.911 animales que fueron esperados en el puerto Iskenderun, en Turquía, por 34 compradores. La mortalidad fue mínima, de 50 animales a dos días de llegar a destino. Además, la acompañaron 79 tripulantes pakistaníes, filipinos, egipcios, jordanos y cinco uruguayos.

“No te auto excluyas por ser mujer”, le dijeron y esas palabras le quedaron grabadas. La recibieron de la mejor forma y compartieron todos sus conocimientos y experiencia a cada momento.

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Patricia Santos.[/caption]

La mejor experiencia: el viaje en sí. La peor: los mareos. Solamente un día, a poco de partir de Montevideo, una tormenta los agarró y esa tarde el remedio más efectivo fue una buena siesta.

El uso del wifi estaba disponible hasta dos horas por día y, a través de una tarjeta, se podía llamar por teléfono. Cumplió con su promesa de desconectarse de las redes y solamente en una ocasión utilizó Internet para saber el resultado de covid-19 de su madre y hermana.

Además, el 2 de agosto felicitó por teléfono a María Paula, su hermana, por su cumpleaños.

La sanidad estuvo a cargo del Dr. Juan Pablo Nieto y su equipo estaba conformado por Juan Manuel de los Santos, de Colonia Palma; Diego González, de Rocha; Leandro Villagran, de Sarandi Grande; y Emiliano Arguiñarena, de 25 de mayo.

El barco tiene diferentes pisos y la tripulación se divide en equipos. Trabajar en los pisos de más abajo es complejo por la falta de aire, la escasa ventilación y el exceso de calor. Afortunadamente, Santos trabajó en uno de los pisos de arriba, donde no solo corre mejor el aire, sino que también la vista es incomparable.

Los horarios, según contó, son muy accesibles y permiten un buen descanso. El desayuno era de 6:30 a 7:30. Luego de unos mates, el trabajo comenzaba a las 7 y consistía en levantar a los animales en los diferentes pisos y observar que no estén jodidos de patas o de ojos. En caso de que lo necesitaran se los llevaba al hospital, que hay uno en cada piso.

La tarea finalizaba sobre las 10:30 u 11:00 hs. De 11:30 a 12:30 servían el almuerzo y a las 14:00 retomaban el trabajo hasta 16:30 o 17:00 hs. Sobre las 17:30 estaba lista la cena y hasta las 18:30 había tiempo para comer. La comida era muy variada y había para todos los gustos. Una vez que el paladar se acostumbrada a las especies y la pimienta, se comía muy bien. La tripulación quedaba libre muy temprano y siempre había lugar para un truco, una charla, un mate y alguna que otra película. Aunque no los leyó, llevó libros. Sí le dedicó tiempo a la escritura para plasmar las vivencias del viaje. “Hay que vivirlo para contarlo”, dijo Santos.

Santos fue la primera mujer uruguaya en viajar en una exportación de ganado en pie con destino a Turquía. Pese a los miedos y las preocupaciones que le generaba viajar durante más de un mes en un barco con tantos hombres, aseguró que en todo momento la tripulación fue muy respetuosa y amigable.

“Me he criado en un ambiente de hombres. Mi papá era policía. Hace 18 años hago radio y la mayoría de los comunicadores son hombres; los productores son mayormente hombres; en el MGAP también. La mujer puede tomar su lugar y vivir con respeto”, aseguró.

Y para finalizar, Santos contó: “Hay una sensación única y es cuando el barco se fue alejando despacito de Montevideo. Salimos en la madrugada y en ese momento se me cruzaron un montón de sensaciones y emociones. Ver a Montevideo desde el puerto y el barco alejándose va a quedar en mi memoria”.

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Agradecimientos "En primer lugar mi agradecimiento a Montasser Ben Daya, gerente de Gladenur por la oportunidad, a Ruben Perdomo encargado de conformar el grupo de trabajo y confiar que podía hacer la tarea de cowgirl. mis compañeros de trabajo a bordo, que desde el momento aquel domingo 11 de julio me hicieron sentir una más y que posteriormente en la tarea diaria me ayudaron, enseñaron y cuidaron en cada momento, pero por sobre todo trasladaron su experiencia de tantos viajes, gracias a Leandro, Diego, Emiliano y Juan Manuel. Al Dr. Juan Pablo Nieto, encargado de este grupo por sus explicaciones técnicas en cada momento siendo uno más de nosotros. A nuestro compañero cowboy jordano Zaid, uno más de nuestro grupo. A la tripulación toda por su respeto y su amabilidad, pero en especial a Eyad y Moawiah, segundo y tercer oficial al mando por sus charlas amigables y sus explicaciones continuas sobre el viaje cada vez que subía a los controles. En lo laboral del MGAP, Servicios Ganaderos al Dr. Pedro García por compartir hace años su experiencia y cariño por los barcos e incentivarme a viajar y a mi jefa, la Dra. Paola Zuluaga por brindarme la licencia. En lo laboral de la radio a mi gran compañero y amigo Ramiro Retamoza, que tomó las riendas de Panorama Rural a nivel producción periodística y comercial, a los colegas Estela Apolonio y Luis Silva por el apoyo de material específico enviado a diario. A las direcciones de las tres radios, Exito FM, Radio Paysandú y Radio Felicidad pero en especial a unos de sus propietarios Walter Belvisi, quien me incentivo a vivir la experiencia sin objeciones. A los clientes del programa, referentes técnicos entrevistados en estos días y a la audiencia por seguir acompañándonos. En lo personal a las mujeres de mi vida, mi mamá y mi pequeña hermana María Paula, a mis amigos que desde un principio me apoyaron, a mi querida vecina Maria y familia por cuidar mi lugar en el mundo, mi chacra. Un recuerdo más que especial a quien me acompaña desde la otra dimensión, quizás si estuviera acá no estaría muy contento con este viaje, tan segura estoy de eso como que mi Papá viaja conmigo y me acompaña cada día”, escribió Patricia Santos Urdiozola.

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