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Walter Baethgen: "Científicamente no se puede decir que no vaya a llover..."

El vicepresidente de INIA e investigador del IRI en la Universidad de Columbia expresó de qué forma se pueden establecer las predicciones meteorológicas, aclarando que entre el pronóstico del tiempo (de hoy a 5 o 6 días) y las tendencias climáticas para la próxima estación (aproximadamente 3 meses), es muy difícil pronosticar a ciencia cierta lo que puede suceder con las lluvias, por eso importantes institutos del mundo están invirtiendo mucho dinero para achicar esa brecha. En el caso de Uruguay y el tercer año Niña consecutivo, Baethgen afirmó que no hay humedad en la atmósfera, si bien las tormentas de verano no son fenómenos de gran escala y de golpe pueden caer 50 milímetros, y “te cambia todo”. A su vez, esta seca se está notando más que los anteriores porque empezó más temprano: “en setiembre ya se veía el déficit hídrico en los suelos de Uruguay”.

Walter Baethgen

Tercer año Niña consecutivo para Uruguay, ¿cuál es la primera evaluación?

Las tres niñas consecutivas son fatales para Uruguay, pero no es algo demasiado raro. Desde 1950 hasta hoy es la tercera vez que pasa, por tanto no es tan inusual. A su vez, algo que sí es bastante usual es que haya dos años Niña consecutivos, porque si uno mira la secuencia de todos los años que se tienen registrados, la secuencia más común es que a un año Niña le siga otro año Niña, si bien no es común que sean tres. Lo que pasó este año que lo hizo peor es que el déficit empezó temprano. En 2021 la primavera no fue tan seca, porque empezó a llover en un momento. En 2022, cuando terminó agosto, en los primeros días de setiembre, ya se veía el déficit hídrico en los suelos de Uruguay. En el clima uruguayo, al tener las 4 estaciones marcadas, cuando empieza la primavera determina mucho lo que va a pasar los meses siguientes, porque una cosa es que te agarre con crecimiento vegetal y los cultivos, pero cuando no tenés un empuje temprano en la primavera ya arrancás con problemas y después te viene lo que es normal en Uruguay que es que en verano hay défitic hídrico, o sea, que llueve menos de lo normal y hay más pérdidas por evapotranspiración que lo que llueve.

¿Y qué sucede con eso?

Si eso te agarra con una situación en la que venís de una primavera con buena cobertura y buena producción vegetal es una cosa, pero si te agarra con poca producción y le agregás el déficit hídrico… Eso creo que fue lo más dañino este año. Estuvimos casi toda la primavera con las pasturas por debajo del promedio, mirando las imágenes satelitales, siempre debajo de lo normal. Seguía aumentando la temperatura y la evapotranspiración de los cultivos y no llovía… Varía muchísimo con el rubro. Por ejemplo en la lechería de Uruguay, que está muy tecnificada, al punto que un productor de leche tiene prácticamente asegurado un año de reservas aunque no lloviera, es un problema. Lo es por su sistema de producción y por otro lado porque los animales están acostumbrados a comer ración todos los días. Si tenés 3 años de corrido en donde no pudiste hacer suficientes reservas, cuando llega el tercero estás realmente apretado. Entonces pienso que hoy lo que le está pasando al productor es que sigue produciendo, porque el tambo no puede frenar, pero a costo de tener que comprar cada vez más ración. Un amigo directivo de una cooperativa me comentaba que la producción de leche es solamente un 1,5% menor que la del año pasado, pero con un costo sensiblemente superior.

¿Se puede predecir cuánto más va a durar?

Las lluvias a partir de enero o febrero, es decir, las lluvias de verano, son tormentas chicas donde muchas veces en un lugar te caen de golpe 50 milímetros y te cambia todo. Y de repente a tu vecino no le llovió. No son fenómenos de gran escala como puede suceder con una lluvia que se da porque entra un frente frío, que choca con otro y te llueve casi que en todos lados. Son esas lluvias que se llaman tormentas de verano, y dependen de que haya humedad en el ambiente para que se formen. Lo que está sucediendo es que no hay humedad en la atmósfera, por tanto, es difícil de predecir. Hay algunos pronósticos experimentales del IRI y de la NOAA que establecen que podrían estar llegando lluvias entre el 27 de enero y el 2 de febrero, pero no son operativos como el pronóstico del tiempo o los pronósticos estacionales.

¿Hay alguna otra manera entonces de establecer pronósticos en este caso?

No hay manera de decir lo que puede suceder en los próximos 20 o 30 días. No hay capacidad científica. Estamos jugados a que en los próximos 10 o 15 días llueva, que puede suceder, pero es difícil de predecir. Esperamos además lluvias significativas, no 5 o 6 mm. Esto permitiría que se empiecen a recuperar los cultivos, las praderas, para los tamberos hacer a tiempo los verdeos de invierno que es otra cosa que salva, pero lamentablemente no hay forma de predecir a pura ciencia. Con el clima hay dos predicciones: el pronóstico del tiempo que es para los próximos días, que normalmente es muy bueno para los siguientes 3 días y cada vez menos cuando llegas al día 5, 6 o 7 y la predicción estacional, o sea, lo que esperamos que suceda en los próximos 3 meses. Es aquí donde se visualiza el fenómeno de la Niña o del Niño. En el medio, entre 7 u 8 días y meses, no hay buena capacidad de predicción. Es un tema en el que se está invirtiendo mucho en la ciencia de hoy, en lo que se llaman pronósticos sub estacionales.

En otras entrevistas usted comentaba que el cambio climático ya es una realidad, y esto implica acostumbrarnos a tener fenómenos más extremos con mayor frecuencia. ¿Esta triple Niña es por eso?

La última publicación del grupo de expertos de cambio climático adelanta que hay evidencia irrefutable de que el calentamiento global que ha generado el cambio climático ocasiona eventos más extremos, más frecuentes y más dañinos por tanto. Se ve en las olas de calor, las grandes tormentas, las sequías. Ahora, atribuirlo directamente al cambio climático es complicado. Sí podemos decir que podemos esperar este tipo de situaciones cada vez con mayor frecuencia. Sin temor a estar diciendo un disparate podemos asegurar que este tipo de eventos son los que uno espera con motivo del calentamiento global. Pero como dije al principio, si vemos que de 1950 a hoy ya pasó tres veces, es difícil atribuirlo solamente a este motivo.

El año pasado por ejemplo tuvimos frío casi hasta entrado noviembre, además de la primavera seca. ¿Esto también?

Es más común de lo que pensamos. Si miramos los anteriores años con el fenómeno de la Niña, las temperaturas han sido más frías que en los años del Niño, entonces podía ser más de esperar que sucediera eso y que esté asociado. Hablaba con algunos amigos y colegas, que es complicado no tener fuentes de información científicamente robustas para poder decir lo que va a suceder. En Uruguay se ha hecho un trabajo muy bueno en la caracterización del clima y entender cuáles son las fuentes de la humedad para la lluvia. En la atmósfera hay corrientes a chorro que se ubican a 10.000 metros, casi donde vuelan los aviones. En esos lugares se ocasionan las tormentas. En los años de la Niña, esas corrientes en el hemisferio sur pueden correrse demasiado hacia el sur. Hay una cantidad de humedad que se genera en la Amazonia y hay vientos que empujan esa humedad enorme, choca con la cordillera de Los Andes y encontramos lugares en Bolivia, en el norte argentino o en Paraguay que llueve muchísimo en poco tiempo. Ahora, yo entiendo que el productor agropecuario no quiere saber esto hoy, quiere saber si va a llover.

¿Existe algún modelo que pueda predecir si luego de un año Niña, o en este caso tres años Niña, venga un año Niño?

Hay un artículo que manifestaba eso mismo. Existe un tipo de secuencias de que lo más probable es que al año siguiente repita. Se encontró que cuando hay un año Niña, lo más probable es que al año siguiente suceda lo mismo. Pero no hay una secuencia muy clara, se está estudiando y venimos de tres años Niña. Los centros de investigación como el que trabajo yo toman los mejores modelos para intentar predecir. Uno simula lo que pasa en la atmósfera, con sus procesos físicos, la circulación atmosférica y demás y proporciona información de lo que sucede. Es tempranísimo para pronosticar y lo que a mí me deja contento al menos, es que ninguno de esos modelos asegura que otra vez el Pacífico va a estar frío o tendremos otra Niña. Muestran una sugerencia de lo que podría acontecer. De todos modos, en nuestro invierno y en el verano del hemisferio norte, hay dos o tres meses donde hay un bloqueo absoluto en la capacidad de predicción. Todo modelo estadístico, dinámico o físico de predicción tiene una capacidad de acierto sumamente baja, que es lo que se llama bloqueo del verano del hemisferio norte. Entonces, si bien los modelos pueden establecer algo de aquí hacia adelante, falta pasar este bloqueo para ver lo que sucede.

¿Cuánto debería llover para corregir esta situación?

Es complejo. La respuesta fácil es hacer la cuenta de lo que no ha llovido en promedio y hacer la diferencia, pero a veces no importa tanto eso, porque una lluvia clave aunque sea más baja puede ser buena. Hay que ver cuánta agua precisa cada sistema, todo eso varía. El arroz precisa de tormentas que hagan correr el agua para llenar represas, la ganadería en basalto precisa de 3 o 4 eventos de lluvia para recuperar pasturas, para los cultivos también es diferente, la lechería con alguna lluvia en enero o febrero asegura la siembra de los verdeos… Depende de cada caso, por eso, más que preguntarse matemáticamente lo que falta, habría que ver en cada sistema cuánto es necesario y cuándo para salvarse.

Es productor agropecuario y fue presidente de la Asociación de Cultivadores de Arroz y de FUCREA. Dice que el sector arrocero ha tenido “una evolución brutal y el productor es arriesgado”, y recordó las negociaciones por el precio con Ricardo Ferrés como duras, pero leales: “era un tipo con una menta privilegiada y muy razonable para conversar”. Gigena dijo que se pueden aprovechar mejor los campos y llevar la producción de carne al doble, y para eso es clave invertir en fertilizantes, praderas y aguadas.
Se esperan buenos rendimientos, pero el costo por hectárea trepó en un 30% para ubicarse en los US$ 1.500
Las cotizaciones se ven presionadas ante las expectativas de lluvia en las áreas de cultivo de Argentina
"Se sintió la seca primaveral en que los kilos de uva producidos irán a la baja, pero lo positivo es que estamos frente a una vendimia de excelente calidad", expresó Gutiérrez. La vendimia 2023 está en marcha, y como aprendizaje respecto a las medidas de contingencia, las bodegas requieren también de riego en los casos que se pueda.
El agricultor de Soriano expresó que el déficit hídrico está afectando más a las pasturas que a los cultivos, pero hay muchas chacras donde los cultivos de invierno aprovecharon la poca agua que quedaba.
El productor arrocero dijo que se va a llegar al fin del riego porque se tomaron precauciones por encima del promedio, y expresó la voluntad de la gremial de “prosperar con proyectos de represas multiprediales”.
La buena humedad en la siembra proporcionó una ventaja
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