La tradicional zafra de venta de reproductores volvió a ponerse en marcha desde un lugar cargado de historia para la ganadería uruguaya. En el kilómetro 61,5 de la ruta 1, la Central de Pruebas de Kiyú celebró sus 50 años y el remate número 50 de sus toros, en una jornada que volvió a marcar el inicio de una nueva temporada de ventas de reproductores.
La actividad reunió a productores, cabañeros, técnicos y autoridades, en una edición especialmente significativa para la Sociedad de Criadores de Hereford del Uruguay. Al tomar la palabra, su presidenta, Lucía Perdomo, destacó que alcanzar las cinco décadas representa mucho más que celebrar la permanencia de una prueba genética.
“No es un día más, no es un encuentro más”, afirmó Perdomo, quien sostuvo que las 50 ediciones hablan de “historia, pero sobre todo de continuidad, de convicción y de una manera de entender el mejoramiento genético”.
La historia de Kiyú comenzó en 1976, a partir de la visión de un grupo de criadores y dirigentes que entendieron que la selección genética debía apoyarse en mediciones objetivas, comparaciones y generación de información que pudiera ser utilizada por los productores.
“Hace 50 años entendieron que la genética debía medirse, compararse objetivamente y ponerse al servicio del productor”, recordó Perdomo. Aquellos pioneros, agregó, fueron capaces de mirar más allá de su tiempo y pensar qué herramientas necesitaría la ganadería uruguaya en el futuro.
En ese recorrido destacó especialmente a Juan Méndez, cuyo nombre quedó estrechamente vinculado a la historia de la Central, y recordó a la directiva presidida por Pedro Liuzzi e integrada, entre otros, por Germán Morixe, Carlos Romay, Ernesto Alfonso, Enrique Bonino, Héctor Bonomi, Carlos Gasparri, Julio Parietti, Alberto Pereira, Roberto Zerbino y Eduardo Urioste.
A partir de allí, distintas generaciones de dirigentes, técnicos, funcionarios, cabañeros y productores fueron tomando la posta e incorporando conocimiento, información y nuevas herramientas, aunque manteniendo el objetivo inicial: identificar animales superiores y aportar información objetiva para contribuir al progreso de la ganadería.
Una prueba que evolucionó con la genética
Durante estos 50 años también cambió la forma de seleccionar y evaluar reproductores. La incorporación de nuevas tecnologías permitió avanzar sobre características que décadas atrás ni siquiera formaban parte de la discusión.
Perdomo mencionó los DEP, la genómica, la eficiencia de conversión, las emisiones de metano y la calidad de carcasa como algunas de las herramientas y características que fueron incorporándose al mejoramiento genético.
En ese proceso destacó el papel del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), que ha acompañado a la Central aportando conocimiento, respaldo técnico y tecnologías que permitieron actualizar las evaluaciones.
Sin embargo, más allá de la evolución de las herramientas disponibles, la presidenta de Hereford aseguró que el objetivo permanece intacto: encontrar “animales eficientes, funcionales y adaptados a nuestros sistemas productivos”.
Es allí, afirmó, donde Kiyú conserva plena vigencia.
Por eso, planteó que alcanzar los primeros 50 años no puede convertirse únicamente en una oportunidad para recordar lo realizado. “Este aniversario no debe ser solamente una celebración del pasado, tiene que ser también un compromiso con el futuro”, señaló.
El desafío, sostuvo, pasa ahora por definir qué Kiyú necesita la ganadería para los próximos 50 años y cómo continuar transformando la Central en una herramienta cada vez más útil para los productores.
El comienzo de la zafra de todos
El aniversario coincidió además con el primer lanzamiento oficial de la zafra de reproductores bovinos, algo que Perdomo consideró especialmente simbólico.
“Hoy no estamos lanzando solamente la zafra de Hereford, estamos acompañando el comienzo de una zafra de reproductores de todas las razas bovinas, de todos los criadores y de toda la ganadería nacional”, expresó.
Detrás de cada reproductor que llega a una pista de ventas, sostuvo, existen años de trabajo, selección, registros, inversión, tecnología y sanidad. Pero, fundamentalmente, existe la convicción de que el mejoramiento genético constituye una herramienta para seguir elevando la productividad de los rodeos.
Desde Hereford, dijo, existe orgullo de que el lanzamiento tenga como escenario a Kiyú, aunque remarcó que la intención es mantener una jornada “de porteras abiertas” y representativa de toda la ganadería uruguaya.
“Podemos criar distintas razas y defenderlas con pasión, pero compartimos un mismo objetivo: producir mejor, ser más eficientes y continuar fortaleciendo la calidad de carne que Uruguay ofrece al mundo”, afirmó.
Una voz presente en los 50 remates
Los agradecimientos ocuparon también un lugar especial. Perdomo reconoció a los técnicos y funcionarios que trabajaron en la Central a lo largo de las décadas, a quienes continúan haciéndolo, a los cabañeros que cada año confían sus toros a la prueba y a los productores que llevaron esa genética a sus establecimientos.
Hubo además un reconocimiento particular para el escritorio Dutra, firma que acompañó los 50 remates de Kiyú, y especialmente para Daniel Dutra.
Perdomo destacó su “voz inconfundible”, que durante décadas quedó asociada al tradicional remate y, con él, al comienzo de cada nueva zafra de toros.
De esa manera, los 50 remates condensan también una historia de continuidad: la de una Central que nació como una apuesta a medir y seleccionar mejor y que terminó transformándose en referencia para productores, técnicos, estudiantes y delegaciones extranjeras interesadas en conocer la genética y los sistemas de producción ganadera de Uruguay.
La posta para las nuevas generaciones
Sobre el final, Perdomo puso el énfasis en quienes deberán continuar esa historia. Para la presidenta de Hereford, el principal mensaje del aniversario está dirigido a las nuevas generaciones que comienzan a asumir responsabilidades dentro de las instituciones y de la producción.
“Las instituciones se construyen cuando una generación es capaz de recibir el legado, cuidarlo, mejorarlo y entregarlo a la siguiente un poco mejor de lo que lo recibió”, reflexionó.
El desafío, añadió, consiste en conservar aquello que permitió construir Kiyú durante medio siglo, pero también animarse a hacerlo evolucionar frente a las nuevas exigencias de la producción ganadera.
Y dejó planteada una imagen hacia el futuro: que dentro de otros 50 años una nueva generación pueda encontrarse en el mismo lugar para celebrar el centenario de la Central.
Que eso suceda, sostuvo, dependerá en buena medida de las decisiones que se tomen hoy y de la capacidad de los jóvenes para continuar el camino.
“Este aniversario no es solo un homenaje al pasado, es un compromiso con el futuro”, resumió Perdomo.
Así, medio siglo después de aquella iniciativa surgida en 1976, Kiyú volvió a abrir una nueva zafra de reproductores. Con 50 remates a sus espaldas, la Central celebró su historia, pero con la mirada puesta en lo que viene.
“Podemos mirar hacia atrás con enorme gratitud, podemos mirar alrededor y sentir orgullo por todo lo que se ha construido. Pero, sobre todo, tenemos que mirar hacia adelante. Que estos primeros 50 años de la Central sean solamente el comienzo de muchos más”, concluyó Perdomo.