En pleno arranque de la ventana de faena cuota 481 —que este año se adelantó algunos días— la relación entre agricultura y ganadería vuelve a colocarse en el centro del análisis productivo. El maíz, como base estratégica para la alimentación en los corrales, se transforma en un factor determinante para la competitividad del negocio de carne intensiva. En ese contexto, el productor agrícola-ganadero Gastón Silva, con agricultura en el sur del país y un corral en Salto, describió en Valor Agregado de radio Carve el escenario actual con una mirada de doble foco: rendimientos, precios y disponibilidad de grano por un lado; reposición, márgenes y riesgos sanitarios por otro.
Silva explicó que su sistema se apoya en una lógica de integración: producir parte del alimento para sostener la terminación a corral. “La parte agrícola en el sur y noreste, y después estamos con el proyecto del corral en Salto, con su agricultura para alimentarlo”, señaló. En cuanto a la capacidad del feedlot, detalló que hoy tiene una estructura estática de 4.500 cabezas y que el objetivo es ampliarla a 6.000 en un plazo de 120 días, apuntando a un mayor volumen de terminación en un momento de alta demanda industrial.
Dos realidades para el maíz: norte con riego, sur golpeado por la sequía
Al analizar el mercado del maíz, Silva fue claro en marcar una diferencia territorial que impacta directamente en la oferta. “Hay dos realidades, desde el sur del Río Negro y al norte del Río Negro”, afirmó. En el norte, los maíces —en su mayoría bajo riego— están finalizando el ciclo con perspectivas de muy buenos rendimientos. En esa zona, comentó que se han concretado negocios “entre 180 y 190 dólares a levantar de chacra”, con producciones por encima de los 8.500 a 9.000 kilos húmedos.
En el sur, en cambio, el panorama es distinto. La falta de agua y el daño acumulado llevó a que en la última quincena se picara bastante maíz, ante la caída del potencial productivo. “Va a haber maíces para granos con rendimiento, yo creo que promedio entre 4.000 y 6.000 kilos, porque el daño ya le pegó”, indicó. La situación confirma que, pese al incremento de área sembrada en esta zafra, la sequía recortó parte del volumen esperado, sobre todo en los planteos más comprometidos.
Oferta y demanda: maíz suficiente, pero con presión de varios sectores
A pesar de las pérdidas parciales, Silva consideró que el mercado interno contará con maíz suficiente para cubrir las necesidades de los distintos rubros. Recordó que, a mediados del año pasado, la decisión de sembrar más maíz que soja respondió a una mejor relación costo-beneficio para la agricultura. Sin embargo, la sequía cambió parte de las expectativas.
“Creo que hay maíz para abastecer la demanda suficiente, tanto de avícola, lechera como carne”, sostuvo. Y agregó que, por suerte, hay extracción tanto de silo como de grano, lo que ayuda a sostener la disponibilidad. También señaló la presencia de maíz de segunda como un componente clave para completar el abastecimiento, con la expectativa de mejores rendimientos si las condiciones acompañan.
En paralelo, el maíz importado se mantiene como una referencia de piso en el mercado, pero con valores altos: “Está arriba de 2,60 dólares, seco y acondicionado”, precisó. Ese precio marca un techo competitivo para el grano nacional, aunque también refleja el costo que enfrentan los sistemas intensivos si deben recurrir a importación.
Con la ventana 481 en marcha y un mercado que toma como referencia un novillo en torno a los US$ 3, Silva advirtió que el negocio del corral está más exigido que el año pasado. “El número está bastante más justo que el año pasado. Si bien la comida sigue siendo una buena opción para pasar la carne, lo más complejo es la reposición”, resumió.
Según su análisis, para que el corral funcione con equilibrio económico, la industria debería convalidar precios superiores una vez finalizada la faena 481. “Con novillo en la vuelta de los 3 dólares tenés que marcar un piso de arriba de 5,50, 5,60”, dijo, en referencia al valor necesario para sostener la ecuación. “Hoy la industria no está en ese número, pero la realidad es que si quiere seguir completando corrales, va a tener que ponerlo arriba de la mesa”, afirmó.
El productor también anticipó un escenario de escasez de oferta de reposición. “A mi parecer no hay oferta. Los campos en el norte están con mucho pasto, la gente está intentando preñar”, explicó. En ese sentido, estimó que la disponibilidad de ganado para el corral seguirá siendo limitada y que será necesario trabajar sobre un “puente” entre terneros y sobreaños, incentivando una recría más avanzada para asegurar volumen de animales en los próximos meses.
Vaquillonas: alternativa rentable, pero con limitantes de oferta
Consultado por el rol de la vaquillona como categoría para el corral, Silva reconoció que durante los últimos meses de 2025 fue una opción más rentable. Sin embargo, advirtió que la oferta tampoco es abundante y que hay restricciones técnicas y comerciales. “Tenés el tema de dentición, tenés el peso al caer a casa, un poquito menos de conversión”, detalló. Por eso, si bien seguirá siendo una categoría demandada, consideró que “la fuente principal son los novillos”.
Uno de los puntos más sensibles que dejó la entrevista fue la preocupación por los residuos y la trazabilidad sanitaria del ganado que ingresa al corral, en un contexto de mayores exigencias internacionales —particularmente desde China— y de creciente atención sobre la inocuidad de la carne.
Silva explicó que, incluso cumpliendo con los tiempos de espera, el sistema enfrenta un problema estructural: no siempre es posible saber con certeza qué tratamientos recibió el animal antes de ingresar. “Por más que yo espere 150 días, que quizás es inviable económicamente, yo no tengo forma de saber qué fue lo que se aplicó para atrás”, advirtió. En su visión, se necesita una herramienta práctica que permita detectar o frenar animales con riesgo sanitario a la entrada del corral o a la salida, antes de que el problema escale.
El impacto económico puede ser enorme. “Si terminás interdicto con cuatro o cinco mil cabezas, donde tenga fecha de faena y te demore 30, 40 días más, te da vuelta”, sostuvo, en referencia a las consecuencias de quedar bloqueado por un caso de residuos: pérdida de eficiencia, incumplimiento de contratos y perjuicios tanto para el productor como para la industria.
Mientras tanto, la operativa se apoya en la información aportada por quien vende el ganado, una lógica que funciona en muchos casos, pero que también tiene límites en la realidad cotidiana. “Si hay un productor que manda 15 novillos… porque tiene que pagar el colegio de los chicos en marzo, no puede esperar 90 días que vos se los levantes al corral”, graficó, planteando que el país necesita mecanismos de control y prevención que acompañen la dinámica comercial sin poner en riesgo la cadena.