El profesional indicó que, si bien posteriormente existen estrategias de manejo orientadas a mejorar la supervivencia de los corderos, “cuando nosotros definimos ahora la cantidad de ovejas que se preñan y la proporción de mellizos, después lo único que nos queda es tratar de salvar la mayor cantidad de corderos, pero el potencial productivo se establece en esta etapa”.
El trabajo previo al servicio reproductivo es determinante para alcanzar buenos resultados en la producción ovina. Según Orihuela, “en esta época es cuando realmente marcamos el techo máximo que podemos obtener del potencial de señalada, porque si logramos que una mayor cantidad de ovejas se preñen y que además aumente la proporción de partos múltiples, el resultado productivo del establecimiento cambia de manera muy significativa”.
El técnico explicó que el manejo previo al servicio debe enfocarse en dos grandes aspectos, por un lado, la condición de las hembras y, por otro, en la revisión de los carneros. En el caso de las ovejas jóvenes, “deberían alcanzar al menos el 80% de su peso vivo adulto para entrar al servicio, porque si una borrega todavía está muy liviana no solo compromete su capacidad de preñez sino también su desarrollo futuro”, explicó el profesional.
Para ejemplificar el criterio, el técnico planteó un caso frecuente en los sistemas productivos. “Si una majada adulta tiene un peso promedio de 50 kilos, la borrega debería llegar al servicio con al menos 40 kilos como peso mínimo individual, de manera que pueda preñarse, gestar y continuar desarrollándose sin comprometer su crecimiento”, señaló.
En el caso de las ovejas adultas, el indicador principal ya no es el peso sino la condición corporal, “lo que sugerimos siempre es evaluar la condición corporal, y lo ideal es que estén por encima de condición corporal tres, porque eso nos asegura buenos resultados no solo en la preñez sino también en la posibilidad de obtener mellizos”, explicó el técnico del SUL.
El profesional indicó que, además del manejo nutricional, existen otras herramientas tecnológicas que permiten mejorar la tasa de ovulación y aumentar la probabilidad de partos múltiples.
El otro componente esencial de la encarnerada es el estado sanitario y reproductivo de los carneros. Según Orihuela, muchas veces se subestima la importancia de esta revisión, “al igual que ocurre con los toros en la ganadería vacuna, cada carnero va a cubrir entre 30 y 40 ovejas, y si ese carnero falla estamos comprometiendo el techo productivo de toda esa majada”, explicó.
El técnico remarcó que “si fallamos en el uso de un carnero estamos comprometiendo en gran medida el techo de señalada que podemos alcanzar, porque ese reproductor es responsable de un número importante de ovejas dentro del servicio”, señaló. Por esa razón, el SUL promueve “que los productores se contacten con veterinarios de confianza para realizar una revisión completa de los carneros, porque eso permite asegurar que los reproductores estén en condiciones óptimas para el servicio”, indicó.
Otro aspecto clave dentro de la planificación reproductiva es la fecha de inicio de la encarnerada. Según Orihuela, el SUL recomienda “las encarneradas de otoño, comenzando a partir del primero de abril, porque es el momento donde se obtiene mayor potencial de señalada y mayor proporción de mellizos en comparación con servicios más tempranos”, explicó.
El técnico señaló que “cuando adelantamos demasiado la encarnerada y nos acercamos al verano, generalmente se observa una menor fertilidad tanto en la hembra como en el macho, lo que puede reducir el resultado reproductivo”, afirmó. Sin embargo, también reconoció que muchos productores optan por adelantar los servicios por razones de manejo sanitario y productivo.
El ingeniero Matías Orihuela, remarcó que “la encarnerada es un momento clave porque define todo lo que viene después, por lo tanto, es fundamental analizar bien cuáles son los recursos del establecimiento y decidir en qué momento conviene iniciar el servicio”, afirmó.