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Campo argentino anunció un paro de 7 días por el cierre de la exportación de carne

La medida, que implica un cese de comercialización de hacienda, fue dispuesta por la Mesa de Enlace tras el freno impuesto por el Gobierno a las ventas al exterior

Carlos Iannizzotto (Coninagro), Jorge Chemes (CRA), Daniel Pelegrina (Sociedad Rural) y Carlos Achetoni (FAA), de la Mesa de Enlace. Foto: La Nación

LA NACIÓN (GDA) | La Mesa de Enlace resolvió esta mañana realizar un cese de comercialización por siete días en respuesta al cierre de exportaciones de carne vacuna dispuesto por el presidente Alberto Fernández.

La medida, decidida por Sociedad Rural Argentina (SRA), Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Coninagro y Federación Agraria Argentina (FAA), comenzará este jueves 20 desde las 0 horas hasta las 24hs del viernes 28, donde no se venderá hacienda.

Luego del encuentro, que comenzó a las 8 de la mañana de manera virtual, las entidades en conjunto emitieron un comunicado, donde expresaron su rechazo a la medida ”que sin duda perjudicará a toda la Argentina”. Asimismo, informaron que este mediodía darán una conferencia de prensa virtual donde ampliarán el alcance de la medida, explicando “el disgusto de los productores”.

La decisión del Gobierno generó un fuerte rechazo en las bases del gremialismo rural, que ya venía advirtiendo por las consecuencias de otras medidas, como el registro para exportar carne recientemente creado y la resolución que creó nuevos requisitos a los exportadores que quieran anotarse o permanecer en el Registro Único de Operadores de la Cadena Agroindustrial (RUCA) y que obliga a presentar un plan de embarque de un año.

Al dar a conocer su medida, Fernández reunió ayer a la industria frigorífica, la misma que acaba de poner en marcha un acuerdo con el Gobierno para el abastecimiento de 8 millones de kilos de carne a precios reducidos.

“El Presidente de la Nación expresó su preocupación por el crecimiento sostenido en los últimos meses en el precio de la carne vacuna en el mercado interno. Durante la reunión también se evaluaron diferentes acciones a implementar con el objeto de restringir prácticas especulativas, mejorar la trazabilidad en el comercio exterior y combatir prácticas de evasión fiscal. Algunas de esas medidas ya han sido adoptadas y otras serán implementadas en los próximos días. Mientras se avanza con dichas medidas, se procederá al cierre de las exportaciones de carne vacuna por un período de 30 días”, dijo anoche un comunicado del Ministerio de Desarrollo Productivo tras el encuentro del jefe de Estado con la industria frigorífica.

Carne: una receta que ya fracasó en el pasado y con un final anunciado

Aunque en la Casa Rosada dicen que se trata de un “gobierno de científicos”, porque las decisiones se toman sobre la base de la evidencia de los datos, en el caso de la carne prefieren apoyarse en los viejos mitos y no en lo que ya demostró la realidad.

La larga historia de restricciones y trabas al comercio de carnes que comenzó en 2005, que incluyó el cierre de las exportaciones, la suba de retenciones y el control de precios, provocó el cierre de más de un centenar de plantas frigoríficas, la pérdida de unos 10.000 puestos de trabajo y la liquidación del stock ganadero en una diez millones de cabezas.

Esas medidas no lograron el propósito de beneficiar a los consumidores con una baja de precios. Solo sacaron partido de esa situación los países competidores de la Argentina en el comercio mundial de carnes. Del tercer lugar que ocupaba el país entre los diez mayores exportadores en 2005, cayó al onceavo lugar en 2015. En ese lapso, además, los frigoríficos brasileños se expandieron por todo el mundo.

Lo que tampoco parece advertir el gobierno es que el negocio de ganados y carnes se maneja por ciclos de inversión y producción de mediano plazo. Pasan tres años desde que nace el ternero y se transforma en un novillo de 400/500 kilos. En ese ciclo hay diferentes actores en el circuito económico que responden a las señales económicas y también políticas.

Cuando crece la intervención del Estado en el negocio, los criadores, por ejemplo, comienzan a pisar el freno en su trabajo: siembran menos pasturas y dejan de comprar toros y vacas para aumentar el rodeo. Esta conducta defensiva tiene efecto en el mediano plazo y provoca la reducción de la oferta de ganado para producir más carne. Al final, otra vez, el precio tenderá a subir.

Pero además de no considerar las evidencias del pasado, la decisión del gobierno de cerrar por 30 días las exportaciones de carnes reabre un frente de conflicto con el campo. Pese a que Alberto Fernández, después de ganar las PASO de 2019, había dicho que la disputa por la 125 había quedado atrás y que iba a consultar a la Mesa de Enlace si tenía que adoptar una medida crítica, esta medida abre la posibilidad que el ruralismo responda con una medida de fuerza. Esto ya ocurrió a principios de este año, cuando el Gobierno cerró por doce días las exportaciones de maíz.

Aunque no solo con el ruralismo dinamita los puentes. También lo hace con un sector más amigable con el Gobierno como el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) que había propuesto un proyecto de ley para otorgar estabilidad fiscal y financiera a las exportaciones del agro por diez años con el propósito de incrementar las exportaciones anuales de US$65.000 a US$100.000 millones. Todo esto sin afectar al mercado interno. En el caso de la cadena de la carne vacuna, la restricción afecta a un complejo exportador que había generado divisas por unos US$2700 millones en 2020.

Con esta medida, además, Argentina le dice al mundo que no es un proveedor confiable. Rompe otro puente. Los importadores chinos, europeos, chilenos e israelíes, principales destinos de la carne argentina, ya saben que les conviene negociar con empresarios brasileños, uruguayos o paraguayos. Quieren evitar sorpresas desagradables.

Con esta receta de corto plazo que aplica el gobierno, la evidencia demuestra que sus resultados han fracasado.