China volvió a comprar canola australiana a través de procesadores privados en septiembre de 2026, por primera vez desde la interrupción del comercio en 2020. Un crusher chino adquirió 68.000 toneladas de la nueva cosecha para embarque en marzo, después de que otro cargamento comprado por un procesador privado llegara a comienzos de este mes. El negocio importa porque confirma la reapertura de un corredor comercial relevante y muestra cómo Beijing vuelve a diversificar sus proveedores de oleaginosas en un mercado atravesado por tensiones comerciales.
Según fuentes comerciales citadas por Reuters, la nueva operación se habría concretado en torno a US$ 730 por tonelada, costo y flete incluidos. Se trata de uno de los primeros negocios privados conocidos desde que la canola australiana quedó prácticamente afuera de China en 2020, principalmente por restricciones fitosanitarias vinculadas con enfermedades fúngicas. El primer paso de la reapertura había llegado mediante operaciones de la estatal COFCO, pero ahora el ingreso de crushers privados puede darle otra escala al intercambio entre ambos países.
El movimiento llega en un momento particular del mercado internacional. China es el mayor importador mundial de canola, mientras Canadá lidera las exportaciones y Australia ocupa el segundo lugar. Beijing comenzó a reabrir el comercio con Canberra hacia mediados de 2025, inicialmente mediante compras de prueba de COFCO, en momentos de fricción comercial con Canadá. La ampliación del acceso a compradores privados agrega ahora otra alternativa para abastecer a una industria que transforma la oleaginosa en aceite para consumo y harina destinada a alimentación animal.
Australia, además, tiene volumen para aprovechar esa oportunidad. El último informe de ABARES proyecta una producción de canola de 7,3 millones de toneladas para la campaña 2026/27, un 5% menos que en el ciclo anterior, aunque con comportamientos muy diferentes según las regiones productoras. El organismo australiano también prevé que el volumen y el valor de las exportaciones de canola aumenten durante 2026/27, respaldados por una demanda mundial de oleaginosas que se mantiene firme.
El dato es relevante porque detrás de un cargamento de 68.000 toneladas aparece una estrategia comercial mucho más amplia. China continúa diversificando orígenes y reduciendo los riesgos asociados a depender excesivamente de determinados proveedores. Las disputas comerciales, las barreras fitosanitarias, los costos logísticos y la disponibilidad de mercadería pueden modificar rápidamente los flujos. Australia vuelve ahora al tablero con una cosecha importante y una puerta comercial que estuvo prácticamente cerrada durante seis años.
¿Qué significa para Sudamérica?
La lectura está en el mercado global de aceites, harinas y proteínas vegetales, donde los distintos complejos oleaginosos terminan conectados. En Argentina el impacto no pasa por competir tonelada contra tonelada con la canola australiana, por ejemplo. Brasil tiene una posición dominante como proveedor de soja a China y Argentina conserva una enorme capacidad industrial de crushing y exportación de harina y aceite de soja. Cada nueva alternativa que Beijing incorpora a su matriz de abastecimiento puede influir sobre precios relativos, márgenes industriales y decisiones de compra.
También deja una señal para la política agroexportadora argentina. En un escenario en el que los compradores pueden modificar rápidamente sus proveedores, competitividad, logística, acceso a mercados y previsibilidad pasan a ser tan importantes como la capacidad productiva. Para la Argentina, el debate vuelve sobre cuestiones conocidas: retenciones, infraestructura, costos internos y agregado de valor. Brasil, Australia, Canadá o Estados Unidos pueden tener productos y estructuras diferentes, pero todos buscan capturar una porción mayor de la demanda asiática.
Sudamérica conserva ventajas difíciles de reemplazar por su enorme capacidad de producción de soja y derivados, pero el movimiento australiano recuerda que China administra sus compras con una mirada estratégica y global. No se trata solamente de conseguir el grano más barato, sino de contar con diferentes proveedores, corredores logísticos y productos capaces de alimentar su gigantesca industria de procesamiento. Para Argentina y el resto del Mercosur, seguir esos movimientos es clave para anticipar hacia dónde pueden desplazarse los flujos comerciales.
La operación australiana todavía es pequeña frente al volumen total que moviliza el comercio mundial de oleaginosas. Sin embargo, lo relevante no son solamente las 68.000 toneladas, sino que un mercado prácticamente cerrado desde 2020 volvió a abrirse a compradores privados. Si estas operaciones se transforman en un flujo regular, Australia recuperará terreno en China y Beijing tendrá una alternativa adicional. Para la agroindustria argentina, la señal es clara: el mapa mundial de proveedores sigue moviéndose y la competencia por el mercado asiático es cada vez más amplia.
Fuente: AgroLatam