Opinión

Una golondrina en invierno

El precio internacional de los lácteos subió y da un impulso de optimismo a un sector que lo necesita. La producción lechera atraviesa por un momento difícil, con cada vez menos productores y ante un mercado internacional en dura competencia.

Ing. Agr. MBA Nicolás Lussich.

Luego de un largo período de niveles mediocres, el precio internacional de los lácteos en Nueva Zelanda – principal exportador mundial- subió fuerte: 8% promedio y 14% para la leche en polvo entera, el principal producto de exportación del Uruguay, que quedó en 3.200 U$S/ton. La expectativa es que esto se traduzca también en mejor precio para el producto de exportación de Uruguay, que viene bajando (gráfica).

El aumento fue algo sorpresivo por lo agudo y las explicaciones no son directas. Desde Nueva Zelanda se plantea que la producción en Europa superó ya su pico estacional y el aumento en la producción del hemisferio sur aun demorará unos meses. Mientras, la demanda levantó en algunos países de Medio Oriente y Asia, lo que obligó a los compradores a pagar más.

 

Es posible que haya cierta corrección a la baja en los remates subsiguientes, aunque sería extraño que se revierta totalmente la suba. La expectativa es que la leche en polvo entera se mantenga arriba de los 3.000 U$S/ton, un precio normal o razonable en términos históricos, que hace tiempo no alcanzaba. Es posible que la recomposición de los precios del petróleo -sin ser drástica- también ayude: muchos de los principales compradores de lácteos a nivel global son exportadores netos de petróleo y ambos mercados tienen su vínculo. Uruguay bien lo sabe, pues tiene a Argelia -fuerte exportador de crudo- como principal destino en los últimos años. Esto puede fortalecer la demanda en Medio Oriente y mejorar la posición de Uruguay (que tiene una canasta de clientes muy distinta a Nueva Zelanda).

En estos tiempos de epidemia, hacer un seguimiento de la demanda es difícil y puede haber cambios y giros transitorios, que luego cambian. La oferta se ha mantenido más constante (las vacas hay que ordeñarlas todos los días) y las tendencias se expresan con más moderación; allí, los elementos de mayor volatilidad -a corto plazo- son el clima y el tipo de cambio.

En Europa -principal productor mundial- la remisión se ha estabilizado e incluso muestra algunas correcciones a la baja, en la medida que se han ejecutado algunos planes para limitar la oferta. La pandemia llevó a que las autoridades europeas habiliten financiamiento extraordinario para stocks de lácteos, un asunto que puede repercutir a mediano plazo. Los stocks de leche en polvo descremada se venían reduciendo, pero los de quesos y manteca suben a máximos de los últimos meses. En EEUU la producción crecerá modestamente; la pandemia también golpeó las colocaciones domésticas y hay que ver qué repercusiones puede tener eso en el saldo exportable. En otros países exportadores el clima ha sido factor relevante, acotando el crecimiento en Nueva Zelanda por la sequía, y levantando la producción de este año en Australia, luego del impacto de la seca en 2019.

Tierra de gigantes. Todos estos movimientos vinculados a oferta y demanda, están “cruzados” por asuntos políticos que se traducen en medidas comerciales que inciden fuerte en el mercado internacional de lácteos, siendo a veces difícil ponderar su efecto. Los movimientos han sido intensos: Rusia prohibió hace algunos años las importaciones desde la UE (aunque elevó las compras a Bielorrusia, fronteriza con el bloque europeo…); luego llegó el “cruce” entre EEUU y Europa, a lo que se agregó la dura guerra comercial entre EE.UU. y China. Más recientemente, los chinos -que han fortalecido notoriamente su posición geopolítica global- han entrado en conflicto con Australia y esto puede tener consecuencias en las compras de lácteos. Al mismo tiempo, EEUU reconfiguró su acuerdo con Canadá y México, mientras los aztecas habilitaron una importante cuota de lácteos a los europeos.

Entre estos gigantes se mueve Uruguay, sin demasiadas armas comerciales -ha estado anclado en el Mercosur- busca aprovechar cada oportunidad que se presenta. Venezuela fue el principal mercado por algunos años, pero cayó y quedó debiendo; Brasil tomó la posta por un tiempo, pero los precios relativos ya no ayudan. Rusia también tuvo su cuarto de hora y hoy es Argelia el gran comprador. Un derrotero no apto para cardíacos.

La posibilidad de construir una estrategia propia de largo plazo, y no “correr de atrás” a los mercados, depende en buena medida de la política comercial del país. Uruguay tiene un sector lácteo de alta productividad, integrado y que ofrece calidad desde el tambo a la góndola. Pero sin acuerdos comerciales es difícil. No lo tenemos con China, el gran demandante global de lácteos, y sí podríamos cerrar uno con la UE… el mayor productor y exportador del mundo. No parece ser la mejor combinación para el sector lechero.

El país necesita mayor competitividad, entre otras cosas para que el tambero reciba más por su leche (hoy el precio está 15% debajo de Nueva Zelanda). China y el sudeste asiático -donde están las mayores oportunidades a mediano y largo plazo- queda lejos, y los costos logísticos no permiten ni la menor ineficiencia en la cadena del tambo al puerto. Sin embargo, lamentablemente, hay varias. A nivel industrial se pueden seguir haciendo cosas, si bien la participación de la leche en el precio final ha mejorado en los últimos meses.

Más allá de lo que puede hacer el sector en sí mismo, el “costo país” aún tiene mucho para mejorar. La suba del dólar ayuda y -después de 2 años de pérdidas- Conaprole equilibró las cuentas, con una modesta ganancia que repartió entre los productores. Pero éstos son cada vez menos y los números -para la mayoría- no cierran: el poder de compra de la leche apenas mejoró este año. Para que el aumento en el tipo de cambio rinda, hay que conseguir más mercados, porque Brasil -donde tenemos acceso directo- ha devaluado más y redujo fuerte sus compras, y está produciendo más leche.

Hacer proyecciones en tiempos que el mundo va decantando los efectos de la pandemia, es muy audaz. Pero hay tendencias que -seguramente- seguirán. China y el sudeste asiático mantendrán el aumento de la demanda. El consumo de leche fluida -en especial en mercados “maduros”- va en declive, pero el de derivados sigue subiendo; en muchos países -caso del propio Brasil- la pandemia motivó un aumento en el consumo hogareño de lácteos, incluyendo leche UHT. Ya en las semanas recientes, con mayor actividad del sector food-service, se observan mejoras en el consumo de quesos. Al mismo tiempo, las exigencias sanitarias de los países, sumadas a un escenario geopolítico muy movido, ponen más incertidumbre a los negocios.

La oportunidad es que el mundo demanda -cada vez más- alimentos seguros, de calidad y con provisión de alto volumen, confiable. Uruguay tiene todo para ofrecerlo, y su manejo de la pandemia -en un contexto regional muy complicado- lo destaca.

Lamentablemente, nuestro país dejó caer su base de producción láctea, y hoy -dejando fuera los nuevos mega tambos de Olam y Bulgheroni, la producción cayó 15% respecto a 2014. De todas formas, más vale tarde que nunca: los productores que aún remiten siguen poniendo el esfuerzo en el tambo y la recuperación es posible. A las overas no las asusta el frío -mientras no venga con mucho barro-; lo que hay que darles son más mercados y competitividad.