Opinión

Tiempo de neblinas

Mientras Uruguay transcurre la pandemia exitosamente, los problemas económicos empiezan a cuantificarse: 100.000 empleos menos, caen 20% la industria y las exportaciones. Compararnos con los vecinos consuela, pero no ayuda. Serán meses difíciles y no se ve claro el futuro. Pero la niebla siempre se despeja.

Ing. Agr. MBA, Nicolás Lussich.

Ha sido una semana particularmente intensa en los mercados y las finanzas internacionales, donde Uruguay navega como puede, con sus conocidas fortalezas y debilidades. Los mercados accionarios pasaron de la euforia al pánico en pocas horas, luego de que un informe de la OCDE y nuevas proyecciones de la Reserva Federal de Estados Unidos bajaran a tierra el exagerado optimismo que imperaba hasta el momento.

El dato más preocupante es la posibilidad de una segunda ola de infección por Coronavirus, que se estaría esbozando en los Estados Unidos y en otros países. Ésta podría generar un segundo golpe para la economía global y llevarla a una recesión aún más grave de la proyectada hasta ahora. Y según la OCDE, no se salvaría nadie: hasta la propia China vería caer su PBI en ese contexto. En consecuencia, el escenario financiero amigable se ha tornado más dudoso, el dólar frenó la caída y las bolsas de valores dieron un fuerte tropezón. La volatilidad está a la orden del día y son muchas más las incertidumbres que las certezas.

En este contexto, nuestros vecinos regionales están particularmente complicados: en Brasil la epidemia del coronavirus sigue avanzando y la situación sanitaria es grave, lo que se traduce también en una crisis seria en la economía y la política. En Argentina la pandemia tampoco está controlada, a pesar de que la política sanitaria ha sido mucho más rigurosa, con medidas mucho más restrictivas que han golpeado duramente la economía. Argentina tiende a cerrarse cada vez más y, por si fuera poco, el gobierno de Alberto Fernández decidió intervenir y expropiar la aceitera Vicentín -líder exportadora de productos de soja- generando una nueva crisis de confianza dentro de la propia crisis económica general.

Vicentín iba camino a un concurso para resolver sus problemas financieros, como la ley y las reglamentaciones establecidas lo preveían, convocando a todos los acreedores. El gobierno vecino decidió abortar ese proceso y -con argumentos trasnochados como la seguridad alimentaria y la necesidad de empresas testigo- irrumpe en un sector clave, generando más incertidumbre y dudas sobre sus reales objetivos.

Otros Estados -Alemania, EEUU- han ingresado en empresas consideradas estratégicas para sobrellevar las crisis, y desde el oficialismo argentino y sus militantes (con ecos locales) se argumenta que el caso es similar. Todo lo contrario: dichos países son economías con mercados y políticas robustas, donde el Estado tiene los límites claramente acotados y fecha de salida. EEUU entró y salió de las automotrices luego de la crisis de 2008 (ganó plata), y ahora el Estado alemán entra en Lufthansa, con fecha de salida en 2023. Nada de eso se prevé con Vicentín en Argentina.

Por casa. Todo este escenario reafirma las bondades de Uruguay, al cual la comparación con los vecinos le resulta habitualmente favorable. Es lo que están percibiendo muchos empresarios e inversores argentinos, nuevamente interesados en llegar al Uruguay a invertir e incluso residir. Presto, el gobierno ha decretado una flexibilización en los requisitos de residencia.
Bienvenidas la inversiones, aunque mejor sería que a Argentina le vaya bien y que los inversores hermanos lleguen por nuestras propias virtudes y sus propias capacidades de aplicar capital, en vez de andar huyendo de escenarios que prevén parecidos a los de Venezuela.

En cualquier caso, del dicho al hecho hay un trecho: Uruguay deberá hacer espacio a esa inversión potencial cuidando mucho sus propios equilibrios macroeconómicos. De lo contrario se corre el riesgo de promover un ingreso de capitales poco fundamentado, que retrase el tipo de cambio y aporte poco.

Es un asunto de primera importancia para los agronegocios, que -como en el pasado reciente- pueden ser ámbito de llegada de nuevas inversiones, pero a los que les va la vida en mantener un tipo de cambio mínimamente competitivo. Es lo que se ha logrado en los últimos meses, sin ser panacea ni solución definitiva. A modo de ejemplo, basta ver cómo ha cambiado el resultado de Conaprole -la principal exportadora del Uruguay- que cerrará el ejercicio con una modesta ganancia de US$ 5 millones, lograda con ahorros y desarrollo comercial, y también por un tipo de cambio más favorable. La ganancia irá a los productores a razón de 0,19 $/l remitido en el último año.

Aun así, para los lácteos y prácticamente todos los agronegocios el escenario sigue difícil. La caída en el consumo global por la pandemia -de la cual no han escapado los alimentos- ha generado excedentes productivos que están presionando sobre los precios. Sucede en granos, lácteos y carnes.

Es que la producción en Europa y Estados Unidos no cayó como sí lo hizo el consumo, y los excedentes se han acumulado. Esto es una amenaza para los mercados de productos del campo y pueden afectar los precios si dichos excedentes no se gestionan bien e irrumpen en el mercado de golpe y a precio de ocasión. Es lo que está sucediendo -en cierta medida- con la carne en China. También aparecen amenazas similares en lácteos y en mercados de granos como el arroz, con los exportadores asiáticos retomando las ventas y comercializando stocks acumulados.

Un país como Uruguay tiene escasas defensas contra estos problemas, sin capacidad de subsidiar a sus productores como sí lo hacen las grandes economías. Tampoco sería conveniente: el camino es reafirmar reglas multilaterales de comercio y reducción de subsidios, como se hizo a partir de fines de los 90.

Lamentablemente, todo indica que vamos por el camino contrario: Trump no ayuda y el Coronavirus menos; el mundo ha dado un giro proteccionista que seguramente se reafirma con la pandemia. Si este escenario persiste, los grandes bloques comerciales no ganarán nada y los pequeños países como Uruguay pueden perder mucho. Nuestra inserción de mercados es acotada y cosas que jugaron a favor pierden pie.

Es el caso de la cuota cárnica europea 481, que se estrecha paulatinamente luego de que EE.UU. reclamó su parte. Fue una dinamizadora clave del negocio cárnico, en especial para que los feed lot acortaran ciclos. Ahora hay que repensar el negocio y reactivar otros mercados, como los propios EE.UU. -principal destino en la última semana, superando a China- e Israel, que retoma negocios con la llegada de las cuadrillas Kosher. La industria cárnica es dinámica, pero tiene poca ayuda. Mientras, los vecinos -que cuando crecían fueron destinos relevantes de exportación, en especial Brasil- hoy se han vuelto duros competidores, con monedas devaluadas y grandes ofertas de producción con las que concurrimos en competencia en terceros mercados. Aun así, el consumo de carne en Europa se va reactivando paulatinamente y pueden llegar mejores noticias en las próximas semanas.

En la agricultura, el clima acompañó las siembras de invierno, que se hacen a buen ritmo y en fecha. El área de trigo resiste y puede empatar la del año pasado. Ayuda la baja en el precio de los fertilizantes y la salida de barcos con trigo a Brasil, que descomprime stocks y tonifica precios (se paga 200 U$S/ton en puerto). Mientras, la colza avanza y el área podría arrimarse a las 100.000 hectáreas. En cultivos de invierno es clave sembrar en fecha y apuntalar el rendimiento, para que aparezcan los márgenes. En el caso de la soja el mercado global mejoró, estimulado por la baja del dólar en Brasil (que aumenta las referencias de los precios en dólares norteños). En Uruguay los precios se acercan a 330 U$S/ton puesta en Nueva Palmira.

 

Agroindustrias. Esta semana se divulgaron los datos de la producción industrial en abril, que se ubicó 22% debajo de la del mismo mes de 2019. La caída es debida casi 100% al Coronavirus, aunque hay ramas que venían con problemas previos. Otras mantuvieron la actividad pese a la pandemia, caso de la celulosa y los lácteos.

La mayor parte de la industria uruguaya es agroindustria y ésta es un componente esencial de la economía. Como se muestra en la gráfica adjunta, el escenario ha sido difícil en los últimos años, aunque las diferencias son grandes entre rubros. Es fuerte la caída de la industria curtidora, en su medida también la de tops, mientras la celulosa -competitiva y promovida- se afirma.

Mantener la dinámica y la diversidad de los agronegocios y sus industrias es importante para tener una economía más dinámica, socialmente inclusiva y que resista los vaivenes de todo tipo que impone la dinámica mundial. Y más allá de las políticas de apoyo y subsidios -que las hay- es esencial abrir más mercados. En la economía moderna, la política industrial es la política comercial.