Opinión

Nuevo tiempo ganadero

La cadena cárnica opera con fluidez en los últimos años, pero con caída en la actividad y el eslabón industrial resentido. Esto puede comenzar a cambiar si se confirma aumento de la oferta con la recuperación del stock. Clima y mercados mandan a corto plazo

Nicolás Lussich /Ing. Agrónomo MBA / Periodista

Después de varios meses de baja faena y con plantas que salieron transitoriamente de la actividad, el número de cabezas procesadas por la industria superó las 40.000 la última semana registrada, configurando -seguramente- el comienzo de una suba en la actividad frigorífica.

Para la economía en general -y para los trabajadores de dicha industria- es una buena noticia: comprometida con costos fijos poco flexibles y con costos de trabajo muy altos (tarifas, salarios, logística) la industria ha tenido años negativos y se hacía insostenible (en especial para las firmas de capital local o las que solo manejan una planta) estirar más la situación. Ahora el aumento en la faena seguramente dará más margen para cubrir los costos y aspirar a retomar ganancias.

Para los productores es un escenario de baja en los precios, no tanto por una caída en el valor de exportación (que sigue en niveles buenos) sino porque aumenta la propia oferta por cuestiones estacionales. Además, la predisposición vendedora aumenta ante la eventualidad de un verano seco por la situación de Niña en el Pacífico oriental.

El mercado de hacienda para faena y el mercado de exportaciones de carne están en la misma cadena, y están obviamente vinculados, pero son mercados distintos: el primero condicionado directamente por el clima y las circunstancias propias de la producción, así como la relación con la reposición. El segundo ve el clima más lejos y está más pendiente de la permanente búsqueda de negocios (y rentabilidad) en los múltiples mercados de exportación, con todo el abanico de cortes y subproductos.

En los últimos tiempos, la expansión de los feed-lot o corrales ha incorporado en la cadena un eslabón integrador más directo, que ha tenido un impacto significativo y positivo, al componer una secuencia que involucra el ganado de reposición para ingresar al corral, un contrato de suministro entre el corral y el frigorífico y -a su vez- de éste con los mercados de destino, donde la cuota 481 lideró este “tren” de alto valor. Esto ha aportado un “estabilizador” en la cadena cárnica, que se ha mantenido a pesar de la baja en la faena (gráfica).

Lamentablemente, la cuota 481 se está restringiendo y -además- los precios de los granos están subiendo; asimismo, los precios de la reposición -si bien bajaron- no son débiles y comprimen el posible margen de los corrales. Por todo esto, la ‘ventana’ para la cuota 481 en noviembre seguramente será de menor impacto que las anteriores, y hay varios feed-lot que han suspendido su actividad.

Esta coyuntura desafiante no implica que los corrales estén en retirada: comenzaron antes de la cuota 481 y son claves para canalizar la producción de granos forrajeros a producción cárnica. Habrá que adaptar valores y parámetros, pero los feed-lot son relevantes para la terminación de ganados si se aspira a ciertos mercados de alto valor.

Pisos y techos. A nivel global, hay dos factores que pueden tener importante incidencia en el mercado ganadero, y son de impacto opuesto. Por un lado, la suba en el mercado internacional de granos tiene consecuencias directas o indirectas en el mercado cárnico, por lo que -si la tendencia sigue- es de esperar un sostén o incluso una mejora en los precios globales de la carne. Por otro lado, la pandemia de Coronavirus está lejos de controlarse y esto puede afectar el consumo. Es especialmente preocupante lo que sucede en Europa, que se había reactivado en los meses previos. La segunda ola de Covid-19 ha obligado a volver a las restricciones comerciales, y en algunos casos llevó a aplicar toques de queda nocturnos. Lamentablemente, es esperable un nuevo golpe al consumo de carnes de alto valor, fuera del hogar, con esperables consecuencias en el precio de exportación de Uruguay. Europa no es hoy el principal mercado, pero es muy importante como referencia de valor y para balancear la predominancia del mercado chino, donde las industrias regionales (incluyendo la uruguaya) no quieren quedar expuestas en exceso, luego de los serios contratiempos que hubo el año pasado y a principios de éste.

En Brasil el precio del ganado está en suba, una buena noticia puesto que es la referencia clave en la región y es el principal competidor en China, nuestro primer mercado. En el ámbito ganadero se plantea que esto puede otorgar un “piso” al propio mercado local, y es razonable. De todas maneras, los “vasos comunicantes” entre los mercados no son automáticos y hay que seguir de cerca lo que sucede en Brasil.

Allí el consumo se ha reactivado, pues -si bien la pandemia ha hecho estragos en el plano sanitario- la economía se recupera y el consumo con ella, en especial el segmento de “food service”. Esto encontró a los sectores agroalimentarios volcados a la exportación por la fuerte devaluación y ha provocado un aumento de precios internos en varios productos además de la carne (es muy notorio lo de los lácteos y el arroz). En el caso particular de los frigoríficos, coincide la demanda de ganado para mercado interno con las plantas que venden a China, que demandan ganado con dentición, lo que configura una circunstancia alcista. Se verá en las próximas semanas si esto se sostiene. El consumo en China se muestra firme y estable, aunque se monitorea semana a semana por los operadores; es esperable que los chinos busquen evitar picos de precio como sucedió hace un año.

Mientras preocupa Europa, se espera el retorno de las faenas Kosher en noviembre, que otorgará a los frigoríficos otra vía de valorización de la carne; un negocio conocido que paga especialmente los cortes del delantero, permitiendo componer un mejor precio al productor. El Nafta, por su parte, sigue siendo un mercado relevante, al cual podríamos vender bastante más y mejor, si tuviéramos mejor acceso.

Cuotas y partes. El caso de la cuota 481 ejemplifica el fuerte impacto positivo que un avance en los mercados tiene en toda la cadena. Así fue también cuando EEUU nos habilitó con la cuota de 20.000 toneladas, que el gobierno uruguayo aspira a aumentar. El mercado de exportación -además- aumenta más su relevancia en estas circunstancias de retracción del mercado interno y con la expectativa de una temporada casi sin turistas, cuyo consumo de carne va a faltar este año.

Para la industria frigorífica, cualquier avance comercial vale y a los empresarios uruguayos no les falta pericia para aprovechar cualquier rendija que se abra, aunque en el actual escenario los reflejos proteccionistas están a la orden del día por el Covid. La crisis económica causada por la crisis sanitaria ha aumentado las tensiones entre las potencias, entre otras cosas por la gran diferencia que ha tenido el impacto de la pandemia entre China y el resto de las principales economías (gráfica). Uruguay tiene que mantener un difícil equilibrio en su relación con sus principales socios comerciales. En el caso específico de una posible ampliación de la cuota en EEUU, no hay novedades y difícilmente surjan, dado que EEUU está en pleno ciclo electoral (y con un ambiente bastante tenso, por cierto). Es una pena, porque una mejora siquiera marginal sería muy bienvenida. Esto vale no solo estrictamente para la carne, sino también para el cuero, parte relevante del animal (8%) cuya industrialización está en crisis y también recorta la retribución al productor. Uruguay perdió el acceso preferencial a EEUU y Europa y eso -sumado a los altos costos y problemas gremiales, entre otros asuntos- tiene a las curtiembres con una producción que es la mitad o menos de lo que era 10 años atrás.

Así las cosas, la recomposición del stock ganadero encontrará un mercado cárnico dinámico, con varias amenazas pero también con oportunidades. Sin dejar de trabajar en la calidad del producto y su promoción (esta semana hubo auspiciosas reivindicaciones en Europa de la carne real, en oposición a sus sustitutos), es clave insistir en abrir más mercados y mejorar el acceso. Eso no suma: multiplica.