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La base empuja

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Por tercer año consecutivo, los datos promedio de preñez recabados en el Taller Anual de Evaluación de Diagnósticos de Gestación Vacuna superaron el 80%, manteniéndose cerca de los máximos históricos (gráfica). En su 24.ª edición, que se realizó en Durazno, técnicos de INIA, productores y profesionales veterinarios intercambiaron novedades y análisis sobre los fundamentos de este logro y los retos futuros.

Como es visible en otras áreas de la producción agropecuaria -en especial en la agricultura- el desafío para el crecimiento consistente de la productividad no pasa tanto por alcanzar muy altos niveles en determinados años, sino por sostener buenos niveles aún ante circunstancias adversas, climáticas o de mercados. “Levantar” el desempeño en los años malos a veces es más relevante y de mayor impacto que alcanzar récords que pueden ocurrir circunstancialmente, pero que luego no se sostienen.

Esto es particularmente válido para la producción ganadera en general y para la cría en particular. Las vacas dan un ternero por año si el manejo es bueno, y la alimentación y sanidad son las adecuadas. Por lo tanto, es clave sostener una base suficiente en todos estos factores, para que la mayor parte de los vientres del rodeo alcancen ese desempeño. En este sentido, estar arriba del 80% por tercer año consecutivo es un logro destacado; si bien los datos del Taller no cubren todo el rodeo nacional, constituyen una porción significativa y -lo más importante- las tendencias de los datos del Taller anual son similares a lo que luego se ve a nivel nacional, aunque los porcentajes informados en el Taller son siempre mayores.

En efecto, como ya se veía en las tendencias del desempeño reproductivo del stock vacuno -a través de indicadores como el Parámetro de Eficiencia Reproductiva (PER) que hemos compartido en esta columna-, el rodeo vacuno nacional transita por una etapa de mayor eficiencia, que dejó atrás ya hace buen rato los vaivenes de mediados del siglo XX; esta base de eficiencia reproductiva, junto al positivo escenario de mercados que se observa a nivel externo, permite proyectar a mediano plazo una ganadería uruguaya que se acerque a producir 3,5 millones de terneros.

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Detrás de este logro están, obviamente, circunstancias de mercado mucho más favorables que en décadas previas, y también un trabajo técnico acumulado por años, que ha permitido ajustar recomendaciones en la gestión reproductiva de los vientres y adoptarlas en los distintos rodeos por parte de la profesión veterinaria, y de los expertos en fisiología y reproducción vacuna.

Impacto en la cadena. Por supuesto, esta también es una muy buena noticia para los eslabones que siguen adelante en la cadena de producción, particularmente para la industria frigorífica. Hoy en día, las plantas acusan una falta de oferta que las tiene a mal traer en cuanto a su desempeño económico, debido a los altos costos fijos que existen en Uruguay y que se hace difícil cubrirlos cuando no logran hacer escala acumulando faena. Por esto, sostener y aumentar la producción de terneros se vuelve clave.

Estas mejoras en la productividad del rodeo no se hicieron de un día para el otro. Primero hubo que despejar toda una concepción de intervención sobre la ganadería que la tenía atrapada en círculos viciosos de difícil solución. Prohibiciones, regulaciones, políticas proteccionistas, que llevaban a los productores ganaderos a trabajar siempre a la defensiva; el que apostaba por una mayor productividad de la tierra y/o el rodeo, en general perdìa. Y para colmo se los acusaba de retrógrados… Un escenario insólito mirado desde la actualidad, pero que predominó por muchos años.

Las reformas liberales de los años 90 y los avances sanitarios que hoy fundamentan al Uruguay libre de aftosa, fueron la base del cambio que comenzó en esa década, acompañados por las reformas de las políticas agrícolas en los países desarrollados y la mayor apertura del comercio. Dado que en aquellos años el país también transitaba por los ajustes económicos para la estabilidad (con agudos problemas de precios relativos), aquellas reformas no se valoraron lo suficiente en su momento, pero fueron claves para configurar una relación de precios flaco/gordo mayor (algo que ya se consolidó hace años), sin la cual los avances en eficiencia reproductiva son difìciles de sostener a nivel comercial.

Sumado a esto, en las últimas décadas irrumpió la gran expansión de la agricultura, que no solo desplazó -particularmente en el litoral, en las históricas zonas de invernada de Soriano y Río Negro- a la ganadería de engorde en pasturas, sino que multiplicó el valor de la tierra en términos absolutos y en su relación con el precio del ganado (aún con el aumento en el precio de éste). Con los nuevos precios relativos tierra / ganado, el uso extensivo de la tierra con rodeos criadores de baja productividad -seguramente racional en términos económicos en el siglo pasado- hoy no se sostiene, y hubo que aumentar el procreo y la eficiencia reproductiva en general, así como la de la recría.

En definitiva, toda la articulación ganado / tierra / nutrición (pasturas y granos) se recompuso en base a los nuevos precios relativos. Los ganados se engordan cada vez más en los corrales (de diverso tipo y tamaño) y aumentó la productividad de pasturas y verdeos, en su uso para todas las categorías. Por supuesto que quedan muchas invernadas tradicionales en distintas zonas, pero el cambio ha sido sustancial.

A raíz del mencionado cambio en las relaciones de precios, en las tierras no agrícolas (campos mixtos o de uso ganadero más superficiales), las mejoras de campo y pasturas, y el consumo de raciones y concentrados, crecieron sustancialmente; la ganadería funciona hoy con un suministro mucho mayor y continuo de alimentación extra predial, para un mejor desempeño del rodeo.

Y en la cría y la gestión reproductiva -entore, preñez, destete- todos los cuidados y avances técnicos (nutricionales y sanitarios) que otrora no tenían mucho fundamento económico, hoy lo tienen asegurado y se aplican; se adaptan nuevas técnicas e insumos, y se encaran nuevos desafíos (en el Taller se enfocó particularmente el problema de la Neosporosis). Todo esto está detrás de la mejora en el procreo y -no hay que soslayarlo- en la menor edad de entore.

En efecto, con estos precios de la tierra bajar la edad de entore para aumentar la relación producción / stock es de la mayor racionalidad económica, aunque obviamente tiene costos y hay que calibrar bien la estrategia y no “forzar” la máquina. En varios establecimientos, pasturas que antes se destinaban a engorde ahora se disponen para recríar mejor las terneras y llevarlas a entores de 15 meses; lo cual requiere sostener la alimentación en buen nivel luego, en todo el ciclo de gestación, de manera de no comprometer la preñez al segundo año.

Todas estas tareas pueden hacerse a distinta escala y -obviamente- el retorno en grandes rodeos puede ser potente; pero -en general- los trabajos que apuntan a una mayor eficiencia reproductiva tienen resultado si el hombre de campo está presente, revisando, ajustando, volviendo a ver. Las tareas de los criadores no se sustituyen con máquinas, si bien estas y las nuevas tecnologías, a todo nivel, pueden ser de notable ayuda.

Con esta ganadería más productiva y con la relevancia del rol del productor en su base, toda mejora en la infraestructura territorial derivará, directa o indirectamente, en más producción. Por eso, mejorar la logística y los accesos a los campos también es parte de la tarea criadora, con retorno en el mediano y largo plazo. También allí hay mucho por hacer.

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