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Ancap gana, los productores pierden

Por Nicolás Lussich.

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Ancap divulgó sus resultados del año 2017: un ingreso neto de US$ 39 millones, más del doble de lo obtenido en 2016. Pero fue un año atípico: la refinería estuvo parada, se decidió terminar la actividad industrial en Carboclor (Argentina) y aumentó el petróleo, todo lo cual aumentó los costos. También hubo ingresos excepcionales por venta de activos.

Así, más que el resultado contable puede ser más ilustrativo analizar el margen antes de impuestos, intereses y amortizaciones (Ebitda, por su sigla en inglés). Este margen bajó de casi US$ 180 millones en 2016 a US$ 120 millones en 2017. Tomémoslo como signo del esfuerzo que vienen haciendo las nuevas autoridades de Ancap para mejorar la eficiencia de la empresa. Por ejemplo, se redujeron las pérdidas en el sector Portland y en ALUR (donde bajaron los precios de compra de materia prima y también los precios de venta a Ancap).

Sin embargo, son áreas que aún dan pérdidas, que deben cubrirse con el negocio central: los combustibles. Este sector tuvo un margen de US$ 82 millones; es cierto que Ancap no trasladó el aumento del petróleo registrado a partir de junio y sobrellevó el sobre costo de la parada de la refinería, que fue más extensa de lo previsto por el conflicto que decidió el gremio (Fancap), con reclamos de neto corte corporativo, que tuvo un costo de US$ 50 millones.

Aun así, Ancap sigue vendiendo los combustibles notoriamente más caros que en otros países, y a valores superiores a lo que costarían si se importaran, en especial en el caso del gasoil, el combustible que usan el agro y el transporte.

Hay que remarcar que del consumo total de gasoil en Uruguay, menos de 20% se da en los establecimientos agropecuarios. La gran mayoría del consumo es en el transporte de carga (70%), buena parte del cual -ciertamente- trabaja para el agro. Los transportistas pagan un combustible muy caro y -tarde o temprano- lo tienen que trasladar al precio del flete, es decir, a los productores (chicos, grandes o medianos).

Por eso tiene poco alcance la medida del gobierno de exonerar el IVA a los pequeños productores, pues ellos seguirán pagando gasoil caro a través de los fletes.

En plena crisis agrícola,

ANCAP “le saca” 15 US$/ha a los productores sojeros,

aumentando sus pérdidas

 

Dado que Ancap tiene el monopolio de la producción y venta de combustibles, es legítimo preguntarse qué pasaría si se liberara el mercado.

Desde Ancap se argumentó -ante la directa pregunta de este periodista- que conviene más refinar que importar. “Dicho esto sin ningún ingrediente ideológico”, afirmó la presidente Marta Jara.

Sin embargo, los números indican otra cosa.

Al calcular el Precio de Paridad de Importación (PPI, esto es: cuánto sería el precio de los combustibles si se importaran), la Ursea (Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua), estima que el gasoil importado se vendería al público a 31,9 $/litro, 20% menos que su precio actual (ver cuadro).

La PPI tiene en cuenta la mezcla con biocombustibles y todos los impuestos y tasas (incluyendo lo que va al fideicomiso para subsidiar el boleto). Esta modalidad de cálculo fue y es cuestionada por Ancap, pero refleja bien la alternativa de importar. Más todavía hoy, que el cálculo fue mejorado con datos reales y más precisos. Además, por si quedaran dudas, con la parada de la refinería el año pasado el ente debió importar mucho combustible, y los valores fueron similares (o incluso algo inferiores) al PPI.

Ancap defiende que es más negocio refinar que importar. Esto podría argumentarse si se considerara estrictamente la refinería (su proceso y operarios), pero Ancap tiene costos fijos altos, paga el biocombustible más caro y los costos de distribución son mayores (recientemente se ajustaron, pero eso no se trasladó a precio). Además, no se consideran amortizaciones, que deberían incluirse en el costo.

Ancap tiene ahora una gestión más profesional y más independiente de condicionamientos políticos. Pero aún debe atacar el cerno de la cuestión: lograr generar valor en la economía ofreciendo un combustible a precios competitivos.

En realidad, ese debería ser el objetivo de la política pública. Si Ancap puede ser una herramienta para eso, bienvenida.

Por ahora no lo muestra y -como es un monopolio- gana porque los productores pierden. Mientras el ente informa su ganancia, los productores sojeros están en crisis, con sojas que son verdaderas “chauchas y palitos”, cosechando a pura pérdida y pagando más de 70 US$/ha de gasoil (incluyendo fletes), que podrían ser -por lo menos- 15 US$/ha menos, si no se los llevara Ancap.

Lamentable.

Pablo Mestre
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