Historias que son cuentos

“Ya habrá tiempo de ir a Cerro…”

La cuarentena responsable y voluntaria en primera persona. Una madre, dos hijos y una organización para que el “cuidarnos entre todos quedándonos en casa” sea llevadero.

Milagros Herrera.

No nos pudimos retirar a las cuchillas …

Cuando esto se desató, mis planes económicos y laborales cambiaron y lo primero que pensé fue en una frase de mamá: “si se complica, te vas para Cerro, te bañas en el arroyo, comés, dormís y empezás de vuelta”.

Pero no nos dio el tiempo… mis hijos estuvieron en contacto con alguien que dio positivo, y nos quedamos en cuarentena en Montevideo.

Al segundo día de cuarentena establecí reglas y le puse el título de “Medidas prontas de seguridad en el marco de la supervivencia en cuarentena” las cuales fueron leídas con tono militar. Me pareció una manera divertida de arrancar.

Los días siguieron pasando, propuse un puzzle entre los tres, de mil piezas, blanco y negro absolutamente imposible.

Otro día amanecí con un murciégalo en mi cuarto. ¡un programón! ¡La cacería nos hizo el día!

Se ocuparon de hacer tallarines caseros y miles de cosas más entre deberes del aula web famosa y mi trabajo desde casa.

¿Suena a que las pasamos bien no?
Fue la pregunta más recurrente de algunos conocidos entre mensajes de quejas, datos negativos y predicciones horribles.
Y la pregunta volvía: ¿nada te afecta? ¿No te importa?

Reflexioné y me cuestioné hasta que me di cuenta …

La vida ya me había enseñado otras veces que cuando uno cree que nada puede salir mal porque deja todo en lo que hace, pueden aparecen los imponderables de siempre o, como dice el refrán: “Dios propone y el diablo descompone”.

No era la primera vez que pasaba algo así donde todo parecía estar en orden, todo estaba dentro de mi plan general y el futuro próximo era relativamente claro. Ya había vivido situaciones donde lo peor fue… no saber cómo va a terminar, y lo mejor… ¡que va a terminar!

Otras veces, cuando era más joven supe enojarme, gritar, patear, pelear con todos y todo.

Un buen día tomé una decisión: salir lo mejor posible siempre de la situación que sea, ser compatible con la vida. Hoy cobra más sentido cuando le doy ese ejemplo a mis hijos y veo que lo toman y practican.

Lo peor, no saber cómo va a terminar, lo mejor: que va a terminar.

Pero mientras, tenemos la obligación de cumplir con la responsabilidad ciudadana para respetar con lo que nos pide todo el gobierno que encabeza el presidente Lacalle Pou. Es simplemente quedarse en casa, que es verdad no es tarea fácil. Así, con esa misma disciplina de hacerles ver a mis hijos ese viejo concepto que nuestra libertad termina donde empieza la de los demás. Y si nos quedamos en casa nos cuidamos a nosotros, pero también nos estamos cuidando entre todos.

Y habrá tiempo de ir a Cerro, pegarse un baño en el arroyo, comer, dormir y empezar de vuelta.