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Pablo Barreto: “La cría va a mostrar mejores índices y la demanda por genética seguirá creciendo”

El director de Selecta analizó el momento que atraviesa la ganadería uruguaya, las oportunidades para la cría, la evolución de la genética y las principales conclusiones de la gira realizada por Estados Unidos. Destacó la firmeza del mercado internacional de la carne, la necesidad de producir más terneros y el creciente valor de la información genética en los sistemas productivos

Pablo Barreto

Durante su participación en Hablemos de Agro de Canal 10, tras la reciente gira ganadera organizada por Selecta en Estados Unidos, el ingeniero agrónomo Pablo Barreto repasó la situación actual de la ganadería uruguaya y los desafíos que enfrenta la producción de carne en un contexto de precios históricamente elevados. El director de la empresa sostuvo que las señales para la cría son cada vez más claras, destacó la importancia de producir más y mejores terneros, analizó la evolución de la genética bovina y compartió las principales tendencias observadas en la ganadería estadounidense, donde la demanda por carne y genética continúa creciendo pese a la reducción del rodeo.

Un momento excepcional para la cría y la necesidad de estar preparados

Para Pablo Barreto, el negocio ganadero uruguayo atraviesa uno de los mejores momentos de los últimos años, especialmente para los sistemas de cría. El director de Selecta sostuvo que las señales del mercado son contundentes y que el valor alcanzado por los terneros confirma una realidad que desde hace tiempo se venía advirtiendo: producir más y mejores terneros es hoy una de las principales oportunidades para los productores.

Barreto recordó que durante años insistió en la importancia de invertir en la cría, señalando que “la cría bien hecha paga muchas cuentas en el campo”. En ese sentido, afirmó que la fuerte demanda por terneros y la retención de vientres que se observa actualmente reflejan la expectativa de los productores de aumentar la producción futura.

Sin embargo, advirtió que el desafío no pasa únicamente por aprovechar los buenos precios actuales, sino por analizar cuánto se dejó de ganar en los últimos años por no estar preparado para responder a escenarios favorables. A su juicio, el foco debe estar puesto en generar sistemas más eficientes y resilientes que permitan capitalizar los ciclos positivos de la ganadería.

Consultado sobre qué significa concretamente una “cría bien hecha”, Barreto señaló que el objetivo no es únicamente aumentar la cantidad de terneros producidos, sino también mejorar su calidad.

Explicó que uno de los factores centrales es lograr que las vacas lleguen al parto con una adecuada condición corporal, algo que en varias regiones del país se ha visto afectado por las sequías y olas de calor registradas en los últimos años. Estas situaciones, indicó, repercuten directamente en los índices de preñez y en la productividad de los rodeos.

“Hay que capitalizar lo que nos pasó”, sostuvo, planteando la necesidad de analizar las causas que provocaron pérdidas reproductivas en determinadas zonas y desarrollar estrategias para minimizar esos impactos en el futuro.

Además de una menor cantidad de terneros, Barreto recordó que este año muchas regiones del país registraron importantes caídas en los kilos al destete. Según señaló, en algunas zonas al sur del río Negro se observaron reducciones cercanas a los 20 kilos por ternero, una situación que tiene un impacto significativo tanto para los productores como para la ganadería nacional.

Barreto entiende que las decisiones de los productores ya comenzaron a verse reflejadas claramente en el mercado ganadero. A su juicio, la menor oferta de determinadas categorías responde a una estrategia orientada a aumentar la producción futura de terneros.

En ese sentido, destacó que los productores están recriando mejor las terneras, permitiendo que las futuras vaquillonas lleguen al primer servicio en mejores condiciones. Consideró que este era uno de los aspectos pendientes de la ganadería uruguaya y que actualmente muestra señales de mejora.

También señaló que la escasez de vacas de invernada responde a un fenómeno similar. Muchos productores optan por intentar preñar nuevamente las vacas antes de venderlas, mientras que otros buscan retener categorías jóvenes dentro de sus rodeos.

Barreto explicó que las vacas de segundo y tercer entore fueron particularmente afectadas por las altas temperaturas y la falta de lluvias registradas en algunas regiones del país, provocando menores tasas de preñez. Como consecuencia, hoy existe una menor disponibilidad de esas categorías en el mercado.

Según indicó, quienes lograron disponer de verdeos o mejores condiciones forrajeras buscan vacas jóvenes para recriar o engordar, pero encuentran una oferta limitada, situación que ha contribuido a sostener valores elevados para estas categorías.

Pablo Barreto

Las señales existen, pero persisten los temores para invertir

Al ser consultado sobre por qué los porcentajes de preñez no aumentan al ritmo esperado pese a los buenos precios de la hacienda y a las señales positivas que transmite la industria frigorífica, Barreto consideró que parte de la explicación está vinculada a experiencias pasadas de los productores.

Recordó que durante varios años la rentabilidad de la cría fue más ajustada y que muchos productores realizaron inversiones que luego demoraron mucho tiempo en recuperar. Esa situación, sostuvo, generó cierta cautela al momento de asumir nuevos costos o realizar cambios más profundos en los sistemas productivos.

A su entender, ese factor todavía influye en la toma de decisiones de algunos productores, pese a que el contexto actual presenta condiciones mucho más favorables para apostar a la mejora reproductiva y al aumento de la producción de terneros.

Barreto remarcó que la ganadería uruguaya necesita seguir creciendo en eficiencia reproductiva y que existen oportunidades concretas para lograrlo, siempre que los sistemas incorporen aprendizajes, mejor manejo y una visión de largo plazo orientada a aprovechar plenamente las señales que hoy ofrece el mercado.

La genética cambió la forma de producir en la ganadería uruguaya

Para Pablo Barreto, el principal cambio que introdujo la genética en la ganadería uruguaya no se limita a la incorporación de semen o reproductores provenientes del exterior, sino a la adopción de herramientas objetivas para tomar decisiones productivas.

El director de Selecta señaló que los productores han incorporado cada vez más el uso de información genética y reproductores evaluados, permitiendo seleccionar animales no solamente por su aspecto o adaptación al campo, sino también por datos concretos de desempeño.

A su juicio, la expansión de la inseminación artificial y la utilización de reproductores con evaluaciones objetivas modificó significativamente el tipo de ganado que se produce en Uruguay. Ese proceso también generó cambios en el manejo de los rodeos, impulsando una mayor selección de vientres y una atención creciente a la recría y al desarrollo de los animales jóvenes.

Barreto destacó además el fuerte vínculo que existe entre los productores ganaderos y sus rodeos, una relación que considera determinante para explicar la adopción de nuevas tecnologías. “Hay pocos rubros donde exista una relación tan cercana entre el productor y sus vacas”, afirmó, señalando que esa conexión favorece la búsqueda permanente de mejoras productivas.

Consultado sobre las diferencias entre la ganadería estadounidense y la uruguaya, Barreto consideró que durante muchos años existió el concepto de que la genética proveniente de Estados Unidos no era adecuada para los sistemas productivos locales.

Sin embargo, sostuvo que esa visión desconoce la enorme diversidad existente dentro de la propia producción norteamericana. “Estados Unidos es un país continente”, señaló, explicando que existen múltiples ambientes, sistemas productivos y objetivos de selección, lo que permite encontrar herramientas genéticas adaptadas a distintas realidades.

Para Barreto, el verdadero desafío consiste en identificar la genética adecuada para cada productor y cada empresa ganadera. En ese sentido, afirmó que no existe un único modelo de negocio en Uruguay, ya que cada establecimiento combina diferentes recursos, estructuras, escalas y tipos de suelo.

“El suelo le dice al productor hasta dónde puede llegar”, resumió, remarcando que las decisiones genéticas deben acompañar las características particulares de cada sistema productivo y sus objetivos económicos.

La importancia de una vaca funcional y adaptable

Al referirse al tipo de vaca que necesita la ganadería uruguaya, Barreto fue enfático en señalar que el objetivo debe ser una vaca de tamaño intermedio, adaptada a las condiciones de producción basadas en campo natural y capaz de soportar períodos de crisis climática.

Según explicó, esa vaca debe combinar eficiencia reproductiva con la flexibilidad necesaria para responder a los distintos mercados que hoy tiene la producción de carne.

“La vaca tiene que ser mediana y adaptada a nuestro sistema”, sostuvo, aunque aclaró que también debe poseer la capacidad de producir animales que respondan a los requerimientos de los corrales de engorde, de la industria frigorífica y de determinados nichos comerciales.

Para ello, consideró clave la utilización de los reproductores adecuados según el objetivo buscado. De esa forma, el productor puede orientar la producción hacia animales más pesados o más eficientes sin comprometer la funcionalidad del rodeo de cría.

Barreto recordó además que una vaca de tamaño intermedio, bien estructurada y funcional, puede alcanzar pesos de descarte cercanos a los 500 kilos, un aspecto que tiene una incidencia importante en los ingresos del criador.

Los corrales generan nuevas exigencias para la genética

Barreto advirtió que el crecimiento sostenido de los corrales de engorde y de los sistemas más intensivos está comenzando a generar diferencias cada vez más marcadas entre los distintos tipos de ganado.

Según indicó, no todos los animales tendrán el mismo valor en el futuro, ya que algunos reunirán características especialmente demandadas por determinados mercados o programas comerciales vinculados a la industria frigorífica.

Factores como la homogeneidad de los lotes, el peso, la estructura corporal y determinadas características de carcasa comenzarán a tener una incidencia creciente en la valorización de los animales.

En ese contexto, sostuvo que la genética adquiere un papel central para responder a las nuevas demandas. Los corrales, explicó, ya no producen únicamente carne de manera genérica, sino que en muchos casos trabajan vinculados a programas específicos de la industria y a mercados que exigen determinadas características de calidad.

Por ello, Barreto consideró que los productores deben comenzar a prestar atención a esas señales, procurando construir rodeos que mantengan eficiencia reproductiva y adaptación al campo, pero que al mismo tiempo sean capaces de generar animales competitivos para los sistemas de engorde y los mercados de mayor valor.

Una ganadería estadounidense que sigue en expansión de precios

Al analizar la situación actual de la ganadería estadounidense, Pablo Barreto señaló que el sector continúa atravesando un momento de fuerte dinamismo, impulsado por una demanda firme y valores históricamente elevados para la carne vacuna.

Según explicó, Estados Unidos mantiene una intensa demanda tanto en su mercado interno como en los destinos de exportación, situación que continúa sosteniendo los precios de la hacienda y de la carne. A su entender, este escenario tiene perspectivas de prolongarse durante varios años más.

Barreto recordó que ya en la gira del año pasado advertía que la reconstrucción del rodeo estadounidense sería un proceso lento y complejo. A pesar de las expectativas existentes en algunos sectores, considera que las condiciones económicas actuales siguen favoreciendo la venta de animales hacia los corrales y la industria, más que la retención de vientres para aumentar el stock.

“La tentación de vender es muy grande”, resumió, al referirse a los altos valores que reciben tanto machos como hembras en el mercado estadounidense.

Más allá de los factores productivos y económicos, Barreto identificó otro problema estructural que comienza a preocupar cada vez más en Estados Unidos: el recambio generacional. El director de Selecta sostuvo que muchas empresas ganaderas enfrentan dificultades para asegurar la continuidad familiar y empresarial, una situación que ya se observó años atrás en la lechería norteamericana.

Recordó casos de grandes tambos cuyos propietarios terminaron vendiendo o trasladando sus operaciones debido al crecimiento urbano y a los cambios en el uso del suelo. A partir de esas experiencias, considera que la producción de carne podría recorrer un camino similar, con establecimientos cada vez más grandes, asociaciones entre productores y estructuras empresariales más profesionalizadas.

A su juicio, el proceso todavía está en desarrollo, pero representa uno de los principales desafíos para la sostenibilidad de la actividad en el largo plazo.

Menos oferta de ganado y una renovada defensa del consumo de carne

Otro de los factores que continúa incidiendo sobre el mercado estadounidense es la restricción al ingreso de ganado procedente de México. Barreto recordó que una parte importante de los animales que abastecían corrales de estados como Texas y Arizona provenían históricamente de ese país, por lo que las limitaciones actuales generan una menor disponibilidad de ganado para engorde.

Sin embargo, señaló que el principal respaldo para el negocio sigue siendo la fortaleza de la demanda de carne vacuna.

En ese sentido, destacó especialmente el cambio registrado en la comunicación oficial respecto al consumo de proteínas animales. Para Barreto, una de las señales más importantes dadas por el gobierno estadounidense en el último tiempo fue reafirmar el papel de la proteína animal dentro de una alimentación saludable, particularmente en la nutrición infantil.

Según explicó, este enfoque contribuyó a revertir parte de los cuestionamientos que durante años se dirigieron al consumo de carne y reforzó la valoración de la proteína de origen natural dentro de la dieta de la población.

Asimismo, recordó la importancia que numerosos estudios atribuyen al consumo de proteína animal durante los primeros mil días de vida, una etapa considerada clave para el desarrollo físico y cognitivo de los niños.

El excelente contexto que atraviesa la producción de carne también se refleja en el negocio de la genética, que continúa mostrando un crecimiento sostenido en Estados Unidos.

Barreto destacó que las cabañas visitadas durante la gira registran niveles de demanda cada vez más elevados y que buena parte de sus compradores son productores comerciales estadounidenses que buscan mejorar la eficiencia y la calidad de sus rodeos.

A su entender, la reducción del stock bovino no ha afectado al sector genético; por el contrario, ha incrementado el interés por utilizar reproductores superiores capaces de generar animales más eficientes y con mejores atributos de carcasa.

Además, recordó que los importantes premios que paga la industria frigorífica por calidad han fortalecido aún más la inversión genética, impulsando la valorización de reproductores y líneas de sangre destacadas.

Los números reflejan claramente esa realidad. Según comentó, cabañas que años atrás comercializaban toros con promedios de entre US$ 7.000 y US$ 8.000 por reproductor hoy superan con facilidad los US$ 15.000 de promedio en sus remates.

“Todo vale bien, pero hay cosas que valen mucho más”, resumió Barreto, destacando que la diferenciación genética y la calidad del producto final son cada vez más determinantes en la generación de valor dentro de la cadena cárnica estadounidense.

La genética busca eficiencia sin aumentar el tamaño de los animales

Uno de los aspectos que más llamó la atención durante la gira fue la evolución de los criterios de selección genética en Estados Unidos. Según explicó Pablo Barreto, durante muchos años la búsqueda de mayores pesos de carcasa, eficiencia de conversión y calidad de carne llevó a seleccionar animales cada vez más grandes.

Sin embargo, esa tendencia comenzó a modificarse. Actualmente, tanto las asociaciones de criadores como las empresas de genética están trabajando para demostrar que es posible alcanzar altos niveles de productividad sin necesidad de aumentar excesivamente el tamaño de los animales.

Barreto señaló que hoy existe una clara orientación hacia bovinos más moderados, capaces de combinar eficiencia productiva con funcionalidad reproductiva. En particular, destacó que la Asociación Angus viene transmitiendo el mensaje de que los avances genéticos permiten obtener excelentes resultados manteniendo animales dentro de parámetros moderados de estatura.

A su juicio, esta evolución responde a la necesidad de evitar algunos problemas asociados a animales demasiado grandes, como mayores dificultades al parto o mayores requerimientos de mantenimiento, especialmente cuando las hembras permanecen dentro de los rodeos de cría.

Respecto al cruzamiento, Barreto señaló que continúa siendo una herramienta utilizada en determinados sistemas productivos, aunque ya no ocupa el lugar central que tuvo años atrás dentro de la ganadería estadounidense.

Según explicó, las cruzas terminales siguen siendo frecuentes sobre vacas adultas, especialmente en vientres que se encuentran en sus últimos años productivos. En esos casos se utilizan razas como SimAngus o Charolais para generar animales destinados directamente al engorde y la faena.

Sin embargo, consideró que actualmente no existe la misma búsqueda intensa de cruzamientos que se observaba hace una década o más. Una de las razones es el fuerte crecimiento de los programas Beef on Dairy, que aprovechan vacas lecheras para producir animales de carne mediante cruzamientos con razas carniceras, principalmente Angus.

Estos sistemas generan un importante volumen de ganado cruzado que abastece a los corrales de engorde y a la industria frigorífica, contribuyendo a cubrir parte de la demanda que anteriormente se buscaba satisfacer mediante otros esquemas de cruzamiento.

Más allá de los aspectos técnicos, Barreto destacó una característica que observa reiteradamente en las giras por Estados Unidos: la fuerte concentración de los productores en sus propios negocios.

Según comentó, muchos de los empresarios agropecuarios visitados prestan escasa atención a los acontecimientos políticos o económicos internacionales que suelen ocupar gran parte de la agenda informativa en otros países.

“Están enfocados en producir”, resumió. Mientras en Uruguay resulta habitual analizar el impacto de conflictos internacionales, cambios de gobierno o movimientos de los mercados globales, en Estados Unidos muchos productores concentran sus esfuerzos en mejorar la eficiencia de sus empresas y responder a las necesidades de sus clientes.

Barreto relató que incluso al conversar con productores de gran relevancia dentro del sector, es frecuente encontrar personas que desconocen o simplemente no siguen temas vinculados a mercados internacionales, guerras o situaciones geopolíticas.

Lo que sí manejan con precisión, explicó, son los indicadores directamente vinculados a sus actividades: el costo del maíz, la disponibilidad de fibra para los rodeos, el precio del combustible o la rentabilidad de sus sistemas productivos.

Optimismo para el mercado y el valor de las giras ganaderas

De cara a los próximos años, Barreto se mostró convencido de que Estados Unidos mantendrá la firmeza que hoy exhibe el mercado de la carne vacuna.

A su entender, los factores estructurales que sostienen los altos precios continúan vigentes y no existen señales claras de una recomposición rápida del rodeo que pueda generar una expansión significativa de la oferta.

En paralelo, destacó el valor que tienen las giras organizadas por Selecta como herramienta de capacitación y aprendizaje para productores uruguayos. Explicó que se trata de actividades abiertas, en las que la mayoría de los participantes asisten por primera vez y tienen la posibilidad de acceder a establecimientos y empresas que difícilmente podrían visitar de manera individual.

Según señaló, uno de los principales diferenciales de estas experiencias es la posibilidad de ingresar a algunas de las cabañas, centros genéticos y empresas más reconocidas de Estados Unidos, gracias a los vínculos construidos por la compañía durante más de tres décadas de trabajo conjunto con el sector.

Barreto destacó además el nivel de profesionalismo con que son recibidos los visitantes, en sistemas donde los tiempos y la organización se manejan con gran precisión. Una característica que, según afirmó, también deja enseñanzas valiosas para quienes participan de estas recorridas.

Mira el programa completo.

Pablo Barreto en Hablemos de Agro 2026

Licenciada en Comunicación por la Universidad ORT (2017) y máster en Dirección de Comunicación Corporativa (2024). Desde agosto de 2020 forma parte del equipo de Rurales El País. Actualmente colabora con la revista de la Asociación Rural y produce el programa #HablemosdeAgro, que se emite los domingos por Canal 10. Además, acompaña a empresas del sector agropecuario en el diseño y la implementación de sus estrategias de comunicación. Anteriormente trabajó como periodista agropecuaria en El Observador y fue productora del programa radial Valor Agregado, en radio Carve.

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