La recomendación general para este mes es iniciar la encarnerada y la inseminación artificial desde el 1º de abril, de forma de ordenar el servicio dentro de una ventana adecuada para la producción. Se insiste en asegurar el mayor contacto entre carneros y ovejas durante el período reproductivo, utilizando potreros chicos y con disponibilidad de sombra.
Desde el punto de vista sanitario, los técnicos recuerdan la necesidad de monitorear en forma permanente la carga parasitaria mediante análisis coprológicos, especialmente en un período donde la condición corporal y la estabilidad fisiológica de las ovejas resultan determinantes para el éxito reproductivo. El SUL advierte que un episodio clínico de Haemonchus puede incidir directamente en la pérdida de embriones y, en consecuencia, traducirse en menores tasas de preñez.
En cuanto a la duración del servicio, se establece que, en promedio, debería extenderse durante cinco semanas. Para ello se aconseja trabajar con un 3% de carneros previamente revisados, asegurando que los reproductores lleguen al servicio en condiciones sanitarias y funcionales adecuadas.
Otro de los aspectos destacados es la necesidad de evitar situaciones de estrés durante la encarnerada, ya que cualquier alteración importante en el manejo puede afectar la implantación embrionaria en las primeras etapas de la gestación. Cambios bruscos, movimientos intensos o deficiencias nutricionales pueden repercutir negativamente en un momento fisiológico particularmente delicado.
En materia de alimentación y manejo de pasturas, el SUL recomienda priorizar a las categorías más sensibles desde el punto de vista productivo. Dentro de ellas se encuentran las borregas, las ovejas con baja condición corporal y aquellas que se encuentran criando su último cordero, ya que son las que presentan mayores exigencias para sostener un adecuado desempeño reproductivo.
También se plantea como alternativa el uso de flushing en vientres adultos con condición corporal media, siempre que el productor esté en condiciones de sostener posteriormente la supervivencia de los corderos nacidos de partos múltiples. La técnica, aplicada correctamente, permite mejorar la tasa ovulatoria y aumentar la probabilidad de mellizos, aunque exige una planificación nutricional posterior acorde al mayor requerimiento de las ovejas y de sus crías.