El Dr. Sergio Fierro, técnico del Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL), remarcó que “este es el momento para preparar majadas, determinar qué carneros tenemos y en qué condiciones están, porque es la base del éxito reproductivo del año”. Esta planificación permite no solo trabajar con animales sanos, sino también optimizar los recursos del campo y disminuir la carga de trabajo posterior al evitar problemas sanitarios crónicos dentro del sistema productivo.
El especialista remarcó que, para los productores que encarneran a fines de verano y durante el otoño, febrero es un mes clave para ordenar la majada, definir qué vientres y carneros entrarán al servicio y corregir a tiempo los desvíos sanitarios o nutricionales. “Lo que intentamos es trabajar con animales sanos, generar más producción y disminuir el trabajo posterior, manejando animales con mejor estado de salud”, explicó Fierro, remarcando que es mejor anticiparse que corregir tarde y caro.
Desde el punto de vista productivo, el veterinario señaló que “el objetivo de la oveja que seleccionamos ahora no es solo que se preñe, sino que logre destetar un cordero en diciembre o enero”. Lo que obliga a evaluar detenidamente el estado corporal, la dentición, la ubre y la capacidad de cada vientre para sostener el proceso reproductivo.
En ese contexto, Fierro advirtió que la planificación temprana permite ajustar sin grandes costos. Con 30 a 60 días previos al servicio, todavía es posible mejorar el estado de las ovejas más comprometidas mediante manejo de carga o mejor acceso a pasto, sin necesidad de recurrir a suplementaciones. “A veces solamente con aliviarlas en un potrero y seleccionar mejor el pasto, las ovejas se acomodan”, señaló.
En Uruguay, los principales problemas sanitarios del rubro están estrechamente vinculados a la combinación de alta temperatura y humedad, un caldo de cultivo ideal para los parásitos internos y las afecciones podales. “Las lombrices y las afecciones podales son los dos principales temas sanitarios del ovino”, resumió, aclarando que, si bien existen otras patologías, estas concentran buena parte de las pérdidas productivas.
Fierro recordó que “venimos de tres o cuatro años bastante complicados desde el punto de vista sanitario para el ovino”, y que el exceso de lluvias juega en contra de la especie, a diferencia de lo que ocurre en períodos más secos, donde la presión sanitaria tiende a disminuir. El impacto de este escenario quedó en evidencia en las últimas declaraciones de Dicose, con altas mortalidades en la recría, directamente asociadas a problemas sanitarios. Estos datos confirman que la sanidad dejó de ser un tema secundario en la toma de decisiones, porque “claramente tiene un impacto mayor y repercute en todos los indicadores productivos y reproductivos de los establecimientos”.
La recomendación es aprovechar este momento del año para sentar toda la majada, identificar animales con problemas crónicos y tomar decisiones definitivas. “Es el momento de sacar todos los animales crónicos de pietín y todo lo que sea un problema”, afirmó Fierro, y recordó que es mejor trabajar hoy para no “pasar trabajo” mañana.
Los vientres
La revisión de los vientres es una de las tareas centrales de este período para aquellos sistemas que encarneran entre fines de febrero y abril. Esta revisión “te da tiempo a sacar las ovejas viejas que ya no van a llegar a gestar un cordero y destinarlas a invernada”, por ejemplo.
En el caso de las borregas, la preparación temprana resulta aún más estratégica. Llegar al primer servicio con un peso insuficiente compromete no solo la encarnerada actual, sino la productividad de por vida del animal. Fierro recordó que el peso mínimo recomendado ronda los 40 kilos para las borregas de dos dientes, y que cualquier desvío debe corregirse con tiempo. “Si no llegan bien a la primera encarnerada, se pierde productividad para siempre”, advirtió.
Dentición, estado de ubre y condición corporal son variables que deben analizarse en conjunto y en función del campo disponible y del manejo nutricional previsto. “Cuando evaluamos la dentición, tenemos que pensar si esa oveja va a llegar en condiciones de gestar, parir y destetar”, explicó Fierro.
El veterinario insistió en que la selección debe realizarse en función del sistema. El mismo animal puede ser apto o no dependiendo de la oferta forrajera, la carga y la capacidad de manejo del establecimiento. “Tenemos que pensar respecto al campo que tengo y a lo que yo le voy a poder aportar desde el punto de vista nutricional”, subrayó.
Los carneros
Si los vientres son la base del sistema, los carneros representan un factor multiplicador, tanto de virtudes como de defectos, por lo cual la revisión pre-servicio del reproductor no apunta simplemente a verificar si preña o no, sino a determinar su aptitud reproductiva. “No revisamos el carnero para ver si preña; revisamos si es apto para reproducción”, aclaró.
La metodología de evaluación clínica incluye la revisión de boca, patas y aparato reproductor, a lo que se suman aspectos de conformación y características laneras. Sin embargo, el técnico advirtió que un carnero con problemas testiculares “capaz que preña, pero con una asimetría testicular me puede estar dispersando problemas genéticos en la progenie”, señalando un riesgo silencioso, pero de alto impacto a mediano plazo.
Este riesgo se amplifica en los sistemas que utilizan inseminación artificial, donde uno o dos carneros concentran la descendencia de toda la majada. En esos casos, la evaluación debe ser aún más rigurosa e incluir análisis seminal y, según el establecimiento, controles sanitarios específicos. Fierro menciona la importancia de descartar patologías como la brucelosis, que pueden comprometer seriamente la eficiencia reproductiva.
El veterinario dijo que el porcentaje recomendado es de 3 a 4% de carneros respecto a la majada a encarnerar, y que esta época del año coincide con una mayor oferta de reproductores en remates. “Tenemos más tiempo para saber cuánto precisamos, más tiempo para elegir y más remates donde elegir”, dijo Fierro, quien, además, destacó que el país cuenta con una genética de calidad en todas las razas ovinas, adaptada a distintos objetivos productivos. La clave es contar con datos objetivos que permitan identificar cuáles carneros son realmente mejoradores para la majada. No se trata solo de comprar, sino de invertir estratégicamente en genética que aporte eficiencia y sustentabilidad al sistema.
En el caso que la revisión detecte problemas en los carneros, el profesional dijo que “lo de 30 o 60 días es una receta conceptual”, y recordó que ese es el tiempo aproximado que demora la producción de espermatozoides aptos, pero que cada caso debe evaluarse en función de la patología encontrada. Existen lesiones frecuentes y, en muchos casos, recuperables, como bicheras en la cabeza, en el pecho o en el prepucio, “si estoy a 60 días, me puede dar; si estoy a 30 días, seguramente no”, graficó.
Asimetrías testiculares, problemas mandibulares, defectos de conformación o patologías crónicas de patas son condiciones que comprometen la salud de la majada o la calidad genética de la progenie. “Todo ese tipo de patología que afecta la salud reproductiva o transmite algo no beneficioso, no es recuperable”, sentenció el veterinario.
La revisión temprana permite diferenciar animales recuperables y los que deben salir del sistema. “El diagnóstico temprano es lo que nos permite pensar bien cuándo arrancar el servicio y con qué animales hacerlo”, resumió Fierro.