Ganadería

Luis Aparicio Andrade: Medio siglo de servicios al agro…

El director de la firma Andrade Rodríguez Ltda. durante más de 50 años ha transitado en el rubro de los negocios rurales. Desde el departamento de Durazno, basado en la enseñanza de don Homero Andrade, ha volcado al mercado distintas herramientas aplicando lo aprendido de su padre: “la vida son actitudes y éstas, junto con la palabra son la clave del negocio”. Cumpliendo con ello ha sabido lo que es desprenderse de capital para cumplir lo pactado. Hoy, proyecta que el escritorio continuará por muchos años, para lo que confía que sus hijos y nietos, “sigan el rumbo que nos trazaron los mayores y nos compromete”.

Pablo D. Mestre.

Una tarde del mes de mayo de hace más de medio siglo, con las manos temblorosas un joven rematador comenzaba su carrera pidiendo ofertas por una vaca en pista… que resultó ser un novillo… “La gente me hacía señas y gritaba desde los costados del abarrotado local “Durazno” tratando de ayudarme a que me diera cuenta que era un novillo… pero como buen “gallego”, bajé el martillo y adjudiqué la vaca a un comprador”, cuenta 50 años después en forma jocosa Luis Aparicio Andrade.

Entre ese novillo y hoy, muchas cosas pasaron.

Previo a eso. En la década del 40, don Homero Andrade era colaborador del don Juan Cabara a quien le arrimaba ganado. “En el 49 Papá se vino a vivir a Durazno y empezó a rematar algo en la Rural. Y en el año 51 se hizo el negocio del local Durazno (que tiene más de 90 años), con el Dr. Mario Pelayo Abella, formando la sociedad Andrade y Abella”, recuerda Luis Aparicio. Empezaron con la feria los días 12 de cada mes como se mantiene hasta ahora. “Ya muy joven papá me puso a cargo del escritorio y fue cuando saqué la matrícula, en el año 1969”.

Entonces, cuando “Picoco” Morales, su cuñado, le pasó el martillo, Andrade lo tomó “con toda la responsabilidad y emoción” que significaba estar en esa tribuna símbolo de negocios ganaderos en Durazno, fundada por su padre, Homero, en la década del 50.

-¿Cómo recuerda esos primeros tiempos?
-Sin dudas eran otros tiempos. Llegó un momento que tuvimos 6 locales feria, con el Banco Mercantil, con el Banco Durazno, el Banco de Crédito, UBUR, BROU. Teníamos el local Durazno, Liga de Trabajo del Carmen, local Sarandí del Yí, local La Paloma donde hace más de 60 años está la firma, local en Sarandí de Navarro, local La Quebrada, rematamos en Guichón también”.

-¿Qué volumen de ganado?
-Eran épocas de ferias de entre 17 a 20 mil lanares y en torno a 20.000 vacunos mensuales. Cuando la feria era mucho más que una venta de ganado. Era la reunión de la gente, la camaradería, épocas que había más gente en el campo. Ahora se ha llenado de gringos este país.

-Época de plata en el cinto.
-Exactamente. Y la firma era garantía de todo. Si alguien renovaba o precisaba más plazo era con nuestra firma. Por eso en el 82, que nos pegó duro a todo el país, a los escritorio fue más aún y salimos a vender tierra para cumplir con algo fundamental: la palabra.

-Es la base del negocio…
-Sí. Y la actitud. Lo tenemos grabado: la vida son actitudes y éstas valen más que la palabra. Eso es lo que nos ha llevado a mantenernos. Y le agradezco a mis padres (Homero y Anita), y a mi Sra., Veronique Despaux, que en 56 años juntos, me ha acompañado y apoyado, en las buenas y las malas, siempre. Pero además soy un agradecido a los hijos y a la clientela.

-¿Cómo era el negocio?
-Me crié en un ambiente, con un estilo de rematar de arrancar el ganado, mi padre decía: “Ud. trabaje en el campo, vea los animales y llegue a tener la conciencia que sabe lo que es un animal, lo que pesa o no, es la forma de tener autoridad frente a la gente”. Y tengo el orgullo que nunca nadie me dijo qué tenía que hacer, la gente me ha dicho: “lo que haga Luis está bien hecho”. Eso es un orgullo muy grande, además de la responsabilidad.

-¿Cómo aprendió del ganado para cumplir con su padre?
-Nací y viví en el campo, siempre me gustó y hace 40 años que vivo en el campo. Siempre fui un amante de la naturaleza, de todos los animales. Eso me salvó, cuando la cabeza vuela, en los momentos difíciles estar en el campo, con la familia, da otro panorama y me ha ayudado siempre para sobrellevar los momentos difíciles. Nuestra generación vivió muchas crisis, aprendimos mucho de la gente, pero sin rencores, tuve una madre excepcional que me enseñó a agradecerle a Dios todos los días. Y alterné la vida en el campo con el escritorio.

-¿Cuál es la feria más grande que recuerda?
-La hicimos con Jorge Strauch (padre), un caballero, la firma era Pintos y Strauch. Vendimos 12.500 vacunos en 4 horas. Rematamos Daniel Pintos y yo, en un momento difícil varios compraron más de 1.000 vacunos. Y vendimos 2,7 millones de dólares. Ese fue el más grande como martillero.

-Pero el escritorio no es sólo ferias…
-Exactamente. Toda la vida hicimos la prestación total de servicios, desde administrar a mucha gente, embarques a frigoríficos, negocios particulares. En una época, con Leovigildo Da Silva, compartíamos la parte inmobiliaria con él, vendíamos muchos campos y teníamos oficina en Montevideo. Hemos tenido muchos colaboradores, hemos conocido gente excepcional, muchos clientes. Sin ir más lejos, como don Valoy Ortíz, de Flores, que con sus 107 años compró un lote en la última feria y ayer me mandó un mensaje muy afectuoso y hasta puso un dedo para arriba en esos teléfonos celulares nuevos”.

-¿Cómo encara los nuevos tiempos del escritorio?
-Voy tratando de alivianar las valijas, tengo a mis hijos María Sol, Maite, Martín, mi yerno José en el escritorio. Y ya asoman los nietos. Trato de respaldar todo, soy persona de consulta y les voy dando lugar porque es lo que corresponde. La grandeza está en no sentirse imprescindible y permitir que la gente joven empuje. Tenemos 12 nietos. Soy un agradecido de la vida.

-Y adaptado a las nuevas herramienta de hoy…
-Hace años agregamos en los servicios la trazabilidad sin cargo para dar una mano a la gente que ha sido cliente de muchos años. Ante la escasez de personal, tenemos equipo de veterinarios, de Agrónomos, gente que hace más de 40 años está con nosotros. Ayudamos en las estancias, mandamos los equipos y es una forma de solucionar problemas y abatir los costos de los establecimientos. Siempre en una comunión con la gente, tratando de ser solidarios y estando a la orden, no dejamos a nadie a pie, lo que me inculcaron mi padre y mi madre.

-Ha pasado por épocas de vacas gordas y flacas, ¿Cómo ve al mercado?
-Veo un Uruguay que tiene que estar más abierto, con mercados que nunca tuvo, pero costos muy altos. Los acuerdos arancelarios es una de las cosas que tendría que encarar el próximo gobierno. El gran sacrificado siempre es el productor y por eso merece mucho más. Uruguay tiene perspectivas enormes. Lo otro es bajar los costos internos. Hay que tratar de hacerlo para que a todo el mundo le vaya bien.

-¿Qué opina de los valores del ganado?
-Es un muy buen momento de valores, el hecho de la exportación en pie ha sido un mercado testigo y ha ayudado que el productor siga confiando que hay que producir y apostar a la inversión. La cría de ganado en el campo hoy es muy productiva y para el país es fundamental. La cría se valorizó y eso es un aliciente. Genéticamente Uruguay creció mucho en los últimos años en todas las razas y es importante que estos mercados abiertos motiven para que la gente siga invirtiendo.

-¿Qué proyecta del escritorio Andrade Rodríguez?
-Con mucho beneplácito veo que los hijos y nietos son responsables, haciendo las cosas como se debe, cumpliendo. Voy dejando lugar convencido que esto va a seguir por mucho más.