Expo Prado

Lacalle se sintió un hombre de campo

En el acto final del Prado, el primer mandatario estuvo entre un presidente que se va y un ministro que debutó.

 


Yo estoy con el campo”, dijo el presidente de la República al cierre del acto de clausura de la Expo Prado 2020, como si su comportamiento en los días anteriores lo hubiera dejado en duda. Es que el Dr. Lacalle Pou fue quien asumió que este año la exposición del Prado se debía hacer, concurrió en varias circunstancias y siempre lo hizo no como parte del compromiso oficial sino como asunto personal. “Si veníamos al Prado cuando no éramos gobierno, ¿cómo no lo vamos a hacer cuando lo somos? Raro sería que no viniéramos”, remarcó.

El presidente habló más allá de que había adelantado a las autoridades de la Asociación Rural, días atrás, que no iba a hacerlo, “para darle pleno respaldo al discurso del ministro de Ganadería”. En los hechos no fue un discurso, sino una suerte de declaración de amor, como una reafirmación de sus ideas y de su compromiso “con todos los uruguayos”.

Después concurrió hasta la pista, junto al presidente y al director de exposiciones de ARU, Gabriel Capurro y Rafael Ferber, a premiar a los cabañeros que tomaron parte del desfile de grandes campeones -un testimonio elaborado con madera de los tirantes de los históricos galpones- y hasta sacarse alguna selfie con ellos, otro testimonio para otras historias. Se lo vio siempre cómodo y distendido, disfrutando de los aplausos y de las sonrisas que recogió en todo momento, al igual que aconteció en los días previos.

Antes de la hora 11, el primer mandatario ya estaba en el palco, junto a varios de sus ministros, en un ámbito donde el distanciamiento protocolar se cumplió a rajatabla, incluyendo los tapabocas que tornaron casi inaudible el canto del Himno Nacional.

Este año el izado de los pabellones patrios fue responsabilidad de personas especialmente elegidas para la ocasión: lo hicieron Rulo González, un cabañero con 54 Prados encima; la maestra Marta Díaz, de la escuela 71 de Durazno; y el agente policial Gerardo Cuevas, destinado a la seguridad rural. Ellos fueron los primeros en ser aplaudidos desde el palco.
A diferencia del año anterior, el discurso del presidente de ARU no abundó en números y cifras, pero mantuvo su característica de no ser leído salvo para recurrir a algunos apuntes. En sus casi 40 minutos de oratoria -y tal como ya lo había anunciado- Capurro realizó una serie de agradecimientos vinculados al combate de la pandemia, puso hincapié en hablar de desigualdad, pobreza y distribución de la riqueza, le dedicó varios minutos a contar una historia personal sobre una visita a China y el diálogo que tuvo con un alto funcionario para dejar en claro cómo fracasaron las políticas socialistas en ese país y cómo su crecimiento económico le permitió sacar millones de habitantes de la pobreza porque no hay impuestos regresivos pero sí un mejor manejo del desarrollo personal y de las políticas públicas y citó a anteriores presidentes, como Alberto Gallinal o Mario Capurro, con referencias a la creación del Mevir y a que no puede haber poblaciones con privilegios y sin privilegios.

Su discurso generó múltiples aplausos, más cuando se refirió a lo que se puede hacer desde el ámbito de las empresas para mejorar los indicadores de pobreza y desigualdad, para lograr una más justa distribución de la riqueza. También habló de los 150 años que cumplirá ARU en 2021 y terminó agradeciendo a los funcionarios de la institución, a sus hijos por ayudarlo, a sus nietos por inspirarlo y “a mi mujer porque me soportó”. Y tuvo emotivas palabras para su padre Eduardo, para su padrino Mario y para Pedro Narbondo Vásquez, sus referentes. “Es mi último discurso y por eso me lo permito”, dijo.

Para el ministro Carlos María Uriarte fue su primer discurso en el Prado. Había adelantado que su alocución repasaría lo hecho en su secretaría de Estado hasta el momento y así fue. Punto a punto, enumeró sus desafíos: el de generar políticas de Estado como el combate a la bichera y mejorar los seguros agrícolas, de mostrar cuentas claras y transparentes para no caer en gastos irresponsables, de que su gestión tendrá un mayor compromiso con el ambiente y de trabajar en mejorar el acceso a mercados, que hay que repensar la institucionalidad, promover la inversión y contar con este BROU que ahora muestra otra actitud, de contar con un plan de género en políticas agropecuarias para lo que ya se viene trabajando con la FAO, de lo que ya se ha avanzado en seguridad rural, con el apoyo de los ministerios de Interior y Defensa, de cómo se combatirán las jaurías, y de cómo mejorar la infraestructura tendiente a la exportación, con la navegabilidad del río Uruguay, de la Laguna Merín y hasta instalando un cuarentenario en Artigas para exportar ovinos de la región donde más los hay.

Después desgranó los problemas de algunos sectores, desde la lechería hasta el arroz, pasando por la ganadería, la forestación, la granja, la pesca y acuicultura y la apicultura, anunciando la creación de similares acciones interinstitucionales de Procarne, como Prolácteos y Promiel.

“Nuestro ministerio está abierto, trabajamos en equipo y con muchas personas que pasaron por la presidencia o directivas de ARU”, había dicho valorando el vínculo, en una oratoria que le demandó algunos minutos más que a Capurro.

Los aplausos en varias de sus aseveraciones contribuyeron a mitigar el frío mediodía que se presentó en el acto, incluso con algunas ráfagas de viento cargadas de tierra que, sin embargo, solo despeinaron un poco a Uriarte, pero sin impedir que todo transcurriera sin tropiezos.

Por lo menos así se podía ver desde la distancia: las exigencias del Ministerio de Salud Pública llevaron a que la organización alejara a la prensa de la base del palco, donde sólo podían permanecer fotógrafos y cámaras de tv. Pero por lo oído y lo que se pudo ver, todo transcurrió sin sobresaltos, con un presidente de la República que se sintió a gusto de principio a fin.