En Uruguay, por más que parezca redundante, hay pocas cosas más “uruguayas” que el campo y el fútbol. Podríamos decir el mate, nuestras playas o el candombe... Pero si hay algo inserto en nuestro ADN, es el sentir agropecuario y la pasión futbolera.
“El fútbol en Uruguay es mucho más que un deporte: es una expresión cultural muy fuerte, arraigada, una identidad compartida y uno de los pocos espacios capaces de reunir en un mismo ritual a personas de orígenes, edades y realidades muy distintas, alentando o apoyando a un objetivo en común”, comentó Julián Capandeguy, director de CPY Agronegocios.
Su empresa realizó un asesoramiento en conjunto con Unicampo Uruguay en el estadio Campeón del Siglo, de Peñarol, para mejorar el estado del campo de juego. “No es una elección casual, sino profundamente simbólica y estratégica ya que Peñarol o Nacional, los grandes del fútbol uruguayo, son las marcas internacionales más fuertes del país, pudiendo superar a cualquier partido político, empresa o entidad”, afirmó el empresario.
Además, hay una particularidad interesante: el estadio CDS es territorio urbano, pero también es emocionalmente rural. En sus tribunas conviven productores, trabajadores del campo, habitantes de pequeñas localidades, pero también en su mayoría ciudadanos de la capital que viven de los más diversos rubros. “En 90 minutos se diluyen muchas fronteras que separan al Uruguay productivo del citadino”, dijo Capandeguy, usando como ejemplo también a la Selección Uruguaya de 2010, otro factor de unión para todos los orientales.
El campo sostiene gran parte de la economía y de la identidad nacional, mientras que la ciudad concentra los servicios, las decisiones y buena parte de la visibilidad pública. “El desconocimiento mutuo genera prejuicios, distancias y se pierden oportunidades, esta última parte nos resulta muy cara para los uruguayos, es como un lucro cesante”, indicó Capandeguy. Por eso, el trabajo de CPY Agronegocios asesorando con sus insumos al CDS aparece como un espacio que reconoce al fútbol como puente natural entre dos mundos que “dialogan y empatizan”.
“Vengo del interior, de escuela y liceo rural en un pueblo inglés como Conchillas, nacido y criado en Carmelo, hoy viviendo en Montevideo, sociabilizo en un 90% de mi tiempo con citadinos y puedo afirmar que la desinformación y los prejuicios al agro son llamativos, como lo es también estar en el interior y escuchar hablar de la gente de la capital”, contó el director de CPY. En este caso, Capandeguy destacó que esta barrera es de y hacia ambos lados.
Uruguay es un país chico donde para todo Peñarol hay un Nacional, y para todo Nacional hay un Peñarol. Hay gente de campo y gente de ciudad. “Uno puede entender que es difícil estar en la piel del otro, pero podemos mejorar siendo más empáticos y agradecidos, entendiendo los sacrificios de un lado y del otro y teniendo cuidado con los relatos”, aseveró.
Para CPY, acercar el asesoramiento agropecuario a un estadio popular permite hablarle a la ciudad desde un lugar que respeta la cultura del agro, mientras acerca el campo a un ámbito urbano sin barreras. “Tuvimos mucho apoyo de la gente del club para el asesoramiento, aplicando la tecnología del agro en un trabajo que hicimos con Unicampo Uruguay, al igual que con Macció, quien puso a disposición sus nuevos drones y el equipo”, sostuvo. Primero se realizó un trabajo GIS y de mapeo satelital, se dividieron 18 cuadrantes con 2 profundidades para confeccionar un mapa de diagnóstico nutricional de macro y micronutrientes y luego, ya realizados estos mapas encriptados, cargarlos en drones y así fertilizar variable.
El fútbol comparte con el trabajo rural y citadino valores fundamentales: el esfuerzo colectivo, la planificación, la paciencia, los roles y la resiliencia frente a la adversidad.
En definitiva, realizar un asesoramiento en un estadio popular del fútbol uruguayo es apostar a una idea simple pero poderosa: que el encuentro genuino entre el campo y la ciudad no se logra solo desde oficinas o ámbitos académicos sino en espacios donde la gente se encuentra, se reconoce y abre al diálogo. “Cuando el diálogo se da en terreno compartido, las soluciones dejan de ser abstractas y empiezan a jugar en equipo y eso debería ser un fin para muchas empresas y entidades, no ser ajenos los unos a los otros, porque cuando uno habla con otro uruguayo siempre hay un denominador común: todos amamos a nuestro país”, cerró Capandeguy.