La inauguración de la 121ª Expo Prado tuvo un momento especialmente dedicado a quienes han construido su vínculo con el campo desde lugares muy diferentes. La Asociación Rural del Uruguay (ARU) reconoció historias atravesadas por el trabajo, la producción, la vocación y, sobre todo, la perseverancia.
Las homenajeados fueron Malena Sanguinetti Ponce de León, Marisa Viera, Isabel Chiarino y el médico veterinario Jaime Castells. Cuatro recorridos distintos, desde generaciones y realidades también diferentes, pero unidos por una vida estrechamente vinculada al medio rural.
Jaime Castells: “Pensar en el otro”
El cuarto reconocimiento fue para el médico veterinario Jaime Castells, cuya historia atraviesa buena parte de la evolución del sector agropecuario uruguayo de las últimas décadas.
Nacido en 1942, su vínculo con el campo fue creciendo desde joven hasta encontrar en la veterinaria su profesión. Con los años desarrolló una extensa trayectoria como técnico, productor, docente y dirigente gremial.
La raza Corriedale ocupó un lugar importante en ese recorrido. Una frase que recibió cuando comenzó con su propio plantel quedó guardada para siempre en su memoria: “Se juntó un gran veterinario con una gran raza”.
Después vendrían años como directivo de la gremial de Corriedale, de la Federación Rural y de la Asociación Rural del Uruguay, además de la presidencia del Secretariado Uruguayo de la Lana. También participó de grupos CREA y desarrolló una fuerte vocación docente.
En más de 60 años de actividad profesional atravesó crisis sanitarias, sequías, inundaciones y transformaciones profundas en la producción. Sin embargo, una parte central de su concepción profesional estuvo siempre vinculada a las personas.
Cuando ejercía la docencia insistía a los jóvenes veterinarios en algo sencillo: no alcanzaba con llegar a un establecimiento, diagnosticar y dar indicaciones. Había que explicar.
“Explíquele a los capataces, explíquele a los peones por qué se hacen estas cosas, y van a tener el mejor socio para que su diagnóstico y su tratamiento sea exitoso”, recordó.
Su actividad fue cambiando con los años, pero no desapareció. A medida que algunas tareas productivas quedaron atrás, Castells volcó también su tiempo a iniciativas sociales y al trabajo con adolescentes.
“Esta es mi vida por jubilación: vivir para dar una mano al otro”, fue una de las frases con las que se resumió su recorrido durante el homenaje.
Y fue justamente ese concepto el que eligió para cerrar su intervención en el Prado: pensar en los demás.
Castells relativizó el mérito individual del reconocimiento y lo extendió a las muchas personas que, a lo largo del país, entregan tiempo al gremialismo, la producción y sus comunidades.
“Todos los que tienen ese espíritu con los demás y quieren a este Uruguay como lo queremos todos, estamos en el mismo camino”, afirmó.
Cuatro historias diferentes. Una productora que sigue trabajando a los 84 años; una mujer que encontró en el tambo una oportunidad y hoy lidera un equipo; una cabañera que debió abrirse camino en un ámbito que inicialmente le habían dicho que no era para ella; y un veterinario que después de más de seis décadas de profesión sigue entendiendo el trabajo como una forma de servir a los demás.
Cuatro historias con las que la Rural del Prado eligió, en el comienzo de su 121ª edición, reconocer también a muchas otras que se repiten todos los días en el campo uruguayo.