La inauguración de la 121ª Expo Rural del Prado tuvo un momento especialmente dedicado a quienes han construido su vínculo con el campo desde lugares muy diferentes. Bajo la consigna “Las Rurales”, la Asociación Rural del Uruguay (ARU) reconoció tres mujeres con historias atravesadas por el trabajo, la producción, la vocación y, sobre todo, la perseverancia.
Las homenajeadas fueron Malena Sanguinetti Ponce de León, Marisa Viera e Isabel Chiarino, y, a su vez, se reconoció la trayectoria del médico veterinario Jaime Castells. Cuatro recorridos distintos, desde generaciones y realidades también diferentes, pero unidos por una vida estrechamente vinculada al medio rural.
Isabel Chiarino: seis décadas de una vida ligada al Prado
Para Isabel Chiarino, el Prado es prácticamente una segunda casa.
Su vínculo comenzó cuando todavía era una niña y acompañaba a su padre, Armando Chiarino, quien llevaba los animales de cabaña La Prenda a la exposición. Su padre fue durante muchos años presidente de la Sociedad de Criadores de Normando y esa relación con la raza terminaría atravesando también la vida de Isabel.
Se formó como técnica en Ciencias Agrarias y trabajó durante 30 años en la industria textil, hasta que llegó el momento de hacerse cargo del campo familiar en Florida. No fue sencillo: como ella misma recordó durante el homenaje, su padre inicialmente no estaba de acuerdo con que una mujer estuviera al frente de esos negocios.
Pero Isabel siguió.
En 1998 regresó al Prado con La Prenda Chica. Los primeros años fueron de aprendizaje, hasta que comenzaron a llegar los resultados. Uno de esos momentos quedó especialmente grabado en su memoria: obtuvo un reservado de Gran Campeón y fue su propio padre quien ingresó a la pista para entregarle la cucarda.
“No me olvidaré nunca de la mirada de sorpresa. Qué orgullo en la cara de mi padre”, recordó su historia durante el reconocimiento. Después llegarían más de 15 años de exposiciones y logros.
Su vínculo con la raza continuó más allá de las pistas. Hoy sigue trabajando desde la Sociedad de Criadores de Normando y tiene por delante otro desafío: la organización de una instancia internacional de la raza prevista para el Prado 2027.
“Esta era mi casa”, dijo Isabel al recibir el reconocimiento de ARU, recordando que habían pasado 61 años desde aquella primera vez que llegó al Prado siguiendo los pasos de su padre.
También agradeció a su familia por el tiempo que muchas veces le quitó para dedicarlo a su gran pasión. “Tenemos que seguir, todos los días hay que continuar”, resumió.
Cuatro historias con las que la Rural del Prado eligió, en el comienzo de su 121ª edición, reconocer también a muchas otras que se repiten todos los días en el campo uruguayo.