Al camino y buena suerte… La frase que marca el comienzo de la competencia, identifica a la Marcha Funcional de los Caballos Criollos. Desde hace cuatro décadas, una boina blanca también lo hace… Por eso, entre muchos argumentos, la Sociedad de Criadores de la raza resolvió denominar “José María del Campo Gigena”, a la Marcha Ficcc 2026, que se disputará en Melo.
En el nombre de los padres…
La vinculación de José María con los Criollos empieza mucho más allá de donde llega su memoria. “Tendría 2 o 3 años, cuando ya mis padres me subían al lomo de un caballo y me entreveraba campereando con los peones”, recuerda orgulloso. Gurí de campaña, que fue a la escuela rural Sarandí del Río Negro, y volvía a la estancia San José de Mazangano en un petizo, regalo de su abuelo Perico (Gigena), en el mismo sobre el cual saltó innumerables zanjas. Pero enseguida corrió el ojo a los Criollos, siguiendo los pasos de su padre (Gustavo), “un apasionado por los caballos, a los que le daba más importancia que a las vacas porque eran su pasión, su enfermedad, que me la contagió y yo a mis hijos”, dijo José María en una larga conversación a través de una llamada de teléfono que se interrumpía, y no por mala señal, sino por el efecto de la emoción en varios silencios...
Así como la pasión, heredó de su padre el gusto por ese Criollo de buena doma, buenos aplomos, mansos y con tipo racial definido, “pero un caballo para trabajar en el campo”. Insistió en un concepto: “seleccionarlos por desplazamiento, bondad, inteligencia. Y tienen que ser mansos, no pueden estar desconfiados, no te pueden estar cuidando para patearte, para voltearte a un hijo, un nieto. Los caballos tienen que ser mansos. Y llegar a lograr un biotipo que te identifique, que nosotros ya hace años que lo tenemos”. Aseguró que “s una vida de selección, y hoy es muy difícil errar con las madres que hay, con cinco generaciones para atrás probadas en la familia”.
Del origen de los Criollos de Del Campo recuerda al Alguacil La Invernada, caballo que su padre compró junto con su tío Rodolfo (Malfato) y unas yeguas overas de don Anastasio Gamarra.
Los caballos son para montarlos pensó José María desde chico.
Y eso hizo.
A los 8 años compitió en una prueba de rienda, en una Expo Melo. A los 9 corrió el primer chasque en Aceguá y todos los que vinieron después. A los 16 años participó, junto con el “Negrito” Artigas Rodríguez, de La Invernada en la primera paleteada que se hizo en la Rural del Prado, con participación de caballos que vinieron de Argentina y Chile, “mi padre fue uno de los impulsores”. Era la época que se hacían paleteadas y coleadas, que luego se suspendieron.
Así José María comenzó una carrera sobre el lomo de un caballo, la que no ha parado hasta hoy. “Al caballo lo tengo incorporado, ando toda la mañana y toda la tarde, porque es mi herramienta de trabajo”, confiesa. Agregó que “los caballos son mi vida, si el día de mañana me va mal y tengo que vender mis cosas, lo último que vendería son mis yeguas. Vendería hasta la última vaca, hasta la última oveja, y mis yeguas trataría de colocarlas con alguno de los tantos amigos que tengo en todo el país para seguirlas viendo y disfrutando, y que mis hijos algún día le puedan echar mano. Pero creo que no va a pasar eso”.
Los disfruta en su casa, en “Los Olivos de Caraguatá”, donde se instaló en 1987, ni bien se recibió de Agrónomo. “Esto era una tapera, no existía nada. Nos casamos con María Elisa (Saravia) y nos vinimos a vivir acá”.
Ahí continuó con la selección de sus Criollos. Su RP 1, fue con una hija del Gringo La Invernada. Y siguió seleccionando “siempre con el mismo objetivo que lo hacía mi padre: un caballo típico, Criollo, cerdudo, con buenas patas, dándole mucha importancia a la mansedumbre, a la doma, a la docilidad, eso es fundamental”.
Su historia con las Marchas comenzó en 1987, en Treinta y Tres. Después corrió dos en Brasil, donde salió segundo y cuarto. Sólo se salteó algunas cuando estuvo en Facultad; lleva 33 Marchas disputadas, con 4 internacionales, “me apasiona, soy un enfermo de las Marchas”. Y, además, “contagió” de esta enfermedad a su esposa María Elisa y a sus tres hijos: Manuela, Rodrigo y Gonzalo. “Son como nuestras vacaciones de invierno cada año, las disfrutamos en familia”.
Más allá que el objetivo de las Marchas Funcionales es que sirvan como un banco de selección de la raza, para demostrar la rusticidad, poder de recuperación y resistencia de los Criollos; como toda competencia, ganar siempre es reconfortante. José María ya ganó tres: en 1997 en Rocha, un año después una internacional en Paysandú, “gracias a Dios mis padres estaban allí para verme” y la tercera en Melo, en el año 2009.
Evoca con alegría las tres, pero recuerda con bronca la que perdió en el inicio de este siglo. “Fue en Minas, un año después que falleciera mi padre y le pusieron su nombre como homenaje. Por abombado, salí segundo, la yegua estaba imponente, me asusté por miedo de quedar afuera y la perdí”.
En el nombre de los hijos…
Los Olivos de Caraguatá ganó dos Marchas más, ambas con su hijo Gonzalo de jinete. “La emoción es incluso superior a las que gané yo”, confiesa emocionado.
Los tres hijos de José María y de María Elisa son de a caballo, como no podía ser de otra manera obviamente. Desde muy chiquitos andan a caballo. Rodrigo, con 12 años, ganó un chasque definiendo con yeguas de La Invernada, “era un piojito, le poníamos cuarenta y pico kilos de plomo”. Y también fue Campeón Nacional de Enduro.
También Manuela y Gonzalo desde chicos corrieron tanto enduro como chasque.
Y, obviamente, los tres han corrido Marchas junto con su padre que insiste en el concepto que “es una enfermedad que les contagiamos con María Elisa (con quien también compartió una Marcha en el 99), pero una enfermedad sana”.
Y de los caballos Criollos…
Los pilares en los que se basa la selección en “Los Olivos de Caraguatá” es sólida. “Creo que para lograr las cosas en la vida hay que trabajar muy bien la genética y tener un cierto grado de consanguinidad sin llegar a que las características se te deformen. Cuando lográs las características que querés, tenés que acentuarlas, fortalecerlas. Creo en lo que hago, estoy convencido, me apasiona la genética y la vivo todos los días. Creo en los cruzamientos que hago. Tengo más de 40 yeguas, es un paquete genético muy homogéneo”, asegura convencido y sin dejar que lo interrumpa. Para cerrar la frase, lleno de orgullo, asegurando que “donde vayas mirás una yegua y sabés que es de los Del Campo. Tienen un biotipo que nos identifica, que fue el objetivo de mi padre, y yo lo mantengo convencido. Mis yeguas son todas iguales, tienen un tipo y un potencial genético contundente. El que me gusta. El que nos gusta”.
Amén…
El recorrido que lo trajo hasta acá a José María del Campo Gigena hace que sea agradecido a la raza. “Es mucho lo que nos ha dado el caballo Criollo, de amistades, de vida a lo largo y ancho del país, lo que me dio a mí, lo que les dio y les va a dar a mis hijos, de vínculos, de relaciones, acá y afuera, no tiene precio”.
Y, si faltaba algo, ahora denominaron la Marcha Ficcc 2026 con su nombre. “Es muy fuerte, me siento homenajeado, me llegó al alma”, confiesa. Y agrega, luchando sin mucho éxito para que las palabras salgan antes que la emoción: “uno es marchero viejo, además jinete y propietario, es algo que realmente te llena el alma. Más en mi casa, en mi Agremiación… donde he sido directivo, me ha tocado organizar tres Marchas siendo presidente acá. No tienen idea lo que me mueven a mí, me mueven lo más profundo de mis sentimientos... (y se quebró…).
Proyectando lo que vivirá en la competencia, que se realizará entre el 24 de mayo y el 7 de junio, dijo que “voy a tratar de disfrutarla lo más que pueda”. Se planteó tres deseos: “que a mi yegua no le pase nada, poder completar los 750 Km. con Rodrigo que la va a disputar también y por lo menos hacer una etapa los cinco… (nuevamente la emoción le ganó a las palabras…).
También le llegó al alma que muchos de sus amigos lo han llamado para decirle que van a tratar de correr aunque sea el primer día, “para sacarse una foto conmigo... por eso no te hacés una idea de lo que significa mí que la Marcha lleve mi nombre. Una marcha internacional además, que me tocó ganarla... (silencio).
Es que las emociones le afloran a José María al proyectar lo que viene y al recordar lo que pasó.
Porque en la largada también estarán Gustavo, Susel y Anna… “Inevitablemente estarán, eso sin dudas” confiesa tomando aire para continuar.
Y es cuando al comentarle lo felices que sin dudas deberían estar sus padres y hermana de este reconocimiento que le hacen a él, le pregunto qué le haría feliz a él y a María Elisa que concretaran sus hijos en el futuro. Ya con una pelea desigual con la emoción confesó: “Ya lo podemos decir hoy. Hemos logrado tres gurises que son gente, con los pies sobre la tierra, queridos, vinculados con una cantidad de amigos. Los tres profesionales. Hemos logrado tres gurises, gente que es lo más importante por sobre todas las cosas, gracias a Dios y a la Virgen, ya podemos decir eso. Logramos lo que queríamos lograr…”.