Cada septiembre, miles de jinetes recorren parte del departamento de Paysandú con un mismo destino: la Meseta de Artigas. Son alrededor de 100 kilómetros a caballo, distribuidos en cuatro jornadas en las que el camino se alterna con campamentos, fogones y encuentros entre aparcerías llegadas desde distintos puntos del país.
La imagen se repite desde hace más de tres décadas, aunque sus dimensiones cambiaron considerablemente. Lo que comenzó con un pequeño grupo de jinetes se transformó con los años en una marcha cuyo núcleo ronda actualmente las 3.500 personas a caballo, además de más de 2.000 acompañantes y unas 250 aparcerías. La cifra, además, no permanece necesariamente igual durante todo el recorrido. Mientras algunos participantes realizan la marcha completa desde Paysandú, otros se incorporan en distintos puntos y hay quienes se suman para el tramo final y el tradicional desfile en la Meseta.
Este año el Encuentro llega a su 32ª edición, pero su historia comenzó mucho antes de adquirir las dimensiones actuales. La iniciativa surgió por impulso de Jorge Larrañaga, por entonces intendente de Paysandú, con la intención de realizar una marcha a caballo que tuviera como destino la Meseta y como motivo central el homenaje a José Gervasio Artigas. En aquella primera experiencia participó apenas un pequeño grupo de jinetes. Con los años, el Encuentro fue creciendo, se incorporaron aparcerías provenientes de distintos departamentos y también se extendió la duración de la marcha, que pasó de realizarse en dos jornadas a ocupar los cuatro días actuales.
Pero para entender por qué miles de personas recorren cada año ese camino hay que mirar bastante más atrás que el nacimiento del propio Encuentro.
Un destino marcado por la historia
La Meseta de Artigas está ubicada sobre el río Uruguay, en las proximidades de la desembocadura del arroyo Hervidero, una zona estrechamente vinculada a uno de los períodos centrales de la historia artiguista. A pocos kilómetros de allí se encontraba Purificación, donde José Gervasio Artigas estableció en 1815 su Cuartel General y centro de gobierno. Desde allí ejerció su liderazgo como Protector de los Pueblos Libres y desarrolló parte de su acción de gobierno.
El monumento que actualmente domina el paisaje fue inaugurado el 25 de agosto de 1899, varias décadas después de la muerte de Artigas y casi un siglo antes del nacimiento del Encuentro con el Patriarca. Desde lo alto de la meseta, la figura del general mira hacia el río Uruguay y señala hacia el oeste.
Décadas después, ese lugar se transformó en el destino de una marcha que cada septiembre vuelve a recorrer el departamento para rendirle homenaje.
Una marcha que creció con los años
Lo que comenzó como una pequeña marcha terminó adquiriendo otra dimensión. Actualmente, el Encuentro moviliza durante cuatro días a miles de jinetes y acompañantes, además de una estructura que se despliega a medida que la columna avanza hacia el norte de Paysandú.
Aunque buena parte de las aparcerías son sanduceras, llegan participantes desde prácticamente todo el país. Rocha, Lavalleja, Treinta y Tres y Cerro Largo son algunos de los departamentos desde donde se trasladan jinetes y caballos para formar parte del recorrido.
Para quienes llegan desde más lejos, la marcha incluso comienza antes de la partida formal. Durante los días previos, participantes provenientes de otros departamentos se instalan con sus caballos en la Exposición Rural Feria de Paysandú, donde cuentan con potreros y las instalaciones necesarias antes de iniciar el recorrido. Otros llegan a caballo desde distintos puntos, acompañados por vehículos de apoyo. De esa manera, para algunos los casi 100 kilómetros que separan Paysandú de la Meseta son solamente una parte del camino.
Una vez iniciada la marcha, las paradas también forman parte del Encuentro. Los campamentos y los fogones acompañan el avance de las aparcerías y generan espacios de convivencia entre personas que, en muchos casos, vuelven a encontrarse allí cada septiembre.
Al mismo tiempo se despliega una estructura que permite sostener el movimiento de miles de personas durante varios días. Baños, duchas, provisión de leña, emergencia móvil y presencia de Policía, Bomberos y personal de Tránsito forman parte de un operativo que fue creciendo junto con la propia marcha.
Sin embargo, una de las transformaciones más importantes del Encuentro no necesariamente se mide en cantidad de jinetes.
Una tradición que se hereda
En más de tres décadas, la continuidad del Encuentro prácticamente no tuvo interrupciones. Desde su creación se realizó todos los años, con una única excepción: 2020, cuando la pandemia impidió que la marcha pudiera llevarse adelante.
Treinta y dos ediciones alcanzan para que dentro de una misma marcha convivan distintas generaciones. Hay participantes que comenzaron a realizar el recorrido cuando eran solteros o recién se habían casado y que hoy vuelven acompañados por sus hijos. Otros que entonces llegaban con niños hoy son abuelos. Y también están quienes crecieron participando del Encuentro junto a sus familias y actualmente integran las mismas aparcerías que años atrás conformaban sus padres.
Con el paso del tiempo cambiaron las generaciones, pero dentro de muchas aparcerías se mantuvieron los apellidos y la costumbre de regresar cada septiembre. Esa continuidad ayuda a explicar cómo una marcha que comenzó con un grupo reducido logró mantenerse durante más de tres décadas y convertirse en una tradición que excede a quienes la impulsaron originalmente.
También explica por qué quienes estuvieron vinculados durante años continúan formando parte de la historia del Encuentro aun después de su muerte. En esta 32ª edición serán homenajeadas tres personas estrechamente relacionadas con la marcha: Juan Carlos Moreno, exdiputado y participante habitual; Nelson Courdin, quien durante años recibió y alojó en su campo, ubicado en la entrada a la Meseta, a personas que participaban del recorrido; y Luis “Chiche” Chichet, uno de los primeros en comenzar a marchar hacia el lugar.
Tres historias distintas dentro de un mismo Encuentro: la de quienes marcharon durante años, la de quienes recibieron a los que hacían el camino y la de aquellos que estuvieron desde los primeros tiempos de una tradición que todavía estaba comenzando.
Volver a la Meseta
La 32ª edición comenzó el pasado jueves y culminó este domingo nuevamente en la Meseta de Artigas. Allí, las aparcerías que realizaron el recorrido se encontraron con otros jinetes que se incorporaron para el tramo final y el tradicional desfile frente al monumento.
Para algunos fueron cuatro jornadas y alrededor de 100 kilómetros a caballo. Para otros, el camino comenzó mucho antes de llegar a Paysandú. También están quienes recorrieron solo los últimos kilómetros y quienes llegaron a la Meseta para acompañar desde afuera. Todos confluyeron, una vez más, en el mismo lugar.
Desde la zona del monumento, el terreno permite observar cómo los primeros estandartes aparecen al superar el repecho y, detrás de ellos, comienzan a hacerse visibles los caballos que ingresan a la Meseta. La columna crece a medida que avanzan las aparcerías hasta completar una imagen que se repite cada septiembre.
Cambió la cantidad de participantes, aumentaron las aparcerías, se extendió el recorrido y nuevas generaciones se incorporaron a la marcha. El destino, sin embargo, continúa siendo el mismo.
Treinta y dos ediciones después, Paysandú vuelve cada septiembre a recorrer el camino hacia la Meseta para encontrarse con Artigas.