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El exceso hídrico frena el desarrollo de los cultivos de colza y trigo

El exceso de lluvias en el litoral norte del país está comenzado a generar serias distorsiones en los cultivos de invierno. La acumulación de agua en los perfiles del suelo y la imposibilidad de ingresar con maquinaria a las chacras amenazan con recortar el potencial de rendimiento de las áreas sembradas con colza y trigo en Salto.

Colza.
Colza.
Carolina Meikle.

El ingeniero agrónomo Álvaro Mazzilli, integrante del equipo técnico de Agrocentro, dijo que el punto de partida de la actual campaña de invierno ya venía condicionado por altas temperaturas y una marcada falta de agua, factores que retrasaron el desarrollo inicial de las plántulas y forzaron esquemas de resiembra en varios establecimientos antes de la llegada de las precipitaciones.

Si bien las primeras precipitaciones y el aumento temporal de las temperaturas a fines de julio y principios de agosto permitieron reactivar el crecimiento vegetativo, el volumen de agua caído en las últimas semanas terminó por saturar la capacidad de absorción de los suelos, paralizando el ciclo de trabajo en un momento en el que se debían definir aplicaciones clave.

El exceso de agua acumulada en los suelos del norte no solo impide el tránsito de la maquinaria pesada, sino que genera un ambiente de anoxia radicular que frena el metabolismo y la absorción de nutrientes de las plantas, dejándolas en un estado vegetativo totalmente detenido. La mayor preocupación de los técnicos y productores radica en el cese forzado de las aplicaciones de herbicidas, fungicidas y fertilizaciones nitrogenadas, intervenciones indispensables para consolidar el potencial productivo de la zafra de invierno.

Al describir el estado físico de los suelos y el comportamiento biológico de las plantas bajo estas condiciones de encharcamiento, Mazzilli explicó que "los cultivos están con los campos llenos de agua, las raíces no trabajan, no respiran y la planta está quieta; la verdad que no entra una gota más y lo que necesitamos ahora es que seque, porque esto empezó a complicar no solo en los cultivos sino en los trabajos que no se pueden hacer".

Colza

En el caso de la colza, la oleaginosa había iniciado su ciclo con dificultades de implantación que derivaron en cuadros desparejos y obligaron a realizar resiembras parciales en diversos predios de la zona. Aunque los cuadros lograron recuperarse con las lluvias oportunas del mes anterior, la actual coyuntura climática compromete la etapa final del llenado de grano.

La mayoría de las chacras ya contaba con las aplicaciones de fungicidas de prefloración, pero el temporal interrumpió el ingreso para la segunda pasada de fungicida en plena floración —etapa en la que los campos toman su tonalidad amarilla homogénea— y, fundamentalmente, la última aplicación de urea. Mazzilli dijo que “cuando entremos se va a ir a evaluar si se hace o no, porque ya puede ser tarde y ya no tenemos la eficiencia de ese uso del nitrógeno ni el impacto en la producción que te puede dar, por lo que vamos a tener seguramente en los que no se pueda hacer nada una merma en esa producción".

Trigo:

El cultivo de trigo exhibe una posición de mayor resistencia frente al temporal debido a su estado de desarrollo y a las estrategias preventivas implementadas por los productores antes de las lluvias. En gran parte del área triguera se habían concretado aplicaciones tempranas de fungicidas para contener manchas foliares y anticiparse a los pronósticos adversos, lo que otorga una ventana de espera antes de alcanzar la etapa crítica de hoja bandera y espigazón.

En el plano sanitario, las bajas temperaturas registradas en la región han actuado como un factor de contención biológica, dado que las principales enfermedades fúngicas demandan temperaturas por encima de los 20 grados combinadas con agua libre o rocío persistente sobre la superficie foliar. Sin embargo, la acumulación de humedad en el suelo configura un riesgo latente para cuando comiencen a elevarse las temperaturas medias hacia el mes de septiembre.

La principal preocupación está centrada en que la persistencia del exceso hídrico durante la floración podría desatar enfermedades complejas en la espiga que degraden la condición comercial del grano. "Si a partir de octubre tenemos mucha lluvia y temperaturas y no se pueden hacer los fungicidas, hay una enfermedad que ataca la espiga que a veces es muy difícil de controlar y te afecta la calidad del grano; nadie quiere producir un trigo para ración, siempre se produce pensando en calidad panadera, pero a veces esa enfermedad que te afecta el grano no sirve ni para una cosa ni para otra" indicó Mazzilli.

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