Lechería

Ricardo de Izaguirre: “el retiro de empresas en medio de la sequía, fue un golpe duro”

El presidente del Instituto Nacional de la Leche (Inale) dijo en entrevista con El País que el cierre y retiro de Uruguay de las industrias lácteas, Schreiber Foods y Ecolat fue “tan rápido y con tan bajo compromiso con los trabajadores y los remitentes que sorprendió mucho”. Agregó que en medio de una sequía, esto fue “un golpe sicológico más fuerte” para el productor. Afirmó que no se visualiza cuando se revertirá la caída de precios internacionales de la leche en polvo. Señaló que “el principal problema” para el sector “son los tamberos chicos, que son el 80% del total. Sería triste que esa masa social, que está muy radicada, se pierda”.

Ricardo De Izaguirre

Ricardo de Izaguirre, presidente de INALE. Foto: Leonardo Carreño

 

Pablo Antúnez. 
La lechería uruguaya enfrenta un combo lapidario: caída de precios internacionales, industrias que bajan la cortina y crisis climática. Los tambos siguen produciendo a pérdida, solventando las vacas a fuerza de raciones y concentrados porque no hay pasto en el campo, no sólo por el invierno, también porque en varios departamentos el clima terminó con el forraje en los predios. Lo curioso es que, aún en este momento difícil el productor apuesta al futuro, sigue ordeñando las vacas cada 12 horas y enfrenta la temporada de servicios con optimismo, porque ya vivió otras crisis, aunque nunca como esta. En estos momentos se están cumpliendo los servicios de otoño en el ganado lechero, donde los animales paridos serán los que solventarán la producción de los tambos dentro de nueve meses. Si las vacas no se preñan, no habrá producción y no entrará dinero a la familia.
“En las reuniones se ve más fuerte a la gente joven que a los productores de más años. Incluso algunos retan a los viejos diciéndoles que están entregados”, contó a El País el presidente del Instituto Nacional de la Leche (Inale), Ricardo de Izaguirre, quien analizó la problemática del sector.
De Izaguirre admitió que el retiro de las empresas lácteas (Schreiber Foods y Ecolat) “fue tan rápido y con tan bajo compromiso con los trabajadores y los remitentes que sorprendió mucho. En medio de una sequía, el golpe sicológico para el productor es más fuerte” porque “detrás de un tambo hay una planificación de muchos años”.
-La lechería vive una crisis histórica ¿a qué se debe?
-Son tres los factores. Los bajos precios internacionales, a lo que se suma una colocación de lácteos un poco restringida, porque hay mercados que fueron captados por Nueva Zelanda y los tiene bien trabajados. Uruguay está vendiendo – fundamentalmente a Brasil- volúmenes muy importantes pero a precios muy deprimidos. Otro factor que complica es la crisis climática que vive el sector. Los problemas climáticos que tenemos en las producciones a cielo abierto son la falta de agua, el exceso de agua y las heladas. Se vive una seca de otoño, no de verano, que son las más comunes en nuestro país. Se generó en la época del año cuando se siembran las pasturas anuales (praderas, alfalfas y demás) que van a dar de comer al ganado por tres o cuatro años. Por eso pega fuerte. El otro factor es el cierre de empresas locales captadoras de leche.
-La sequía tiene cosas malas y buenas para el sector ¿cuáles son?
-Es mala, porque no hay producción de forraje y en otras cosas es buena, porque el ganado está sano. El otoño pasado teníamos un problema de mastitis en el ganado por el exceso de agua, no tenía donde echarse. Ahora con la sequía, puede estar concentrado en lugares más estrechos y sin ir a la chacra, quedar comiendo en los sitios de alimentación. El problema es que los costos de producción aumentaron porque se está trabajando en base a reservas forrajeras y a concentrados proteicos.
La mayor habilidad del tambero es producir más pasto y cosechar ese pasto con la propia vaca, no con maquinaria y, además, siempre en la confección de reservas hay pérdida de calidad de forraje. El mayor uso de la pastura es la cosecha de la propia vaca. Eso hoy no lo tenemos, nos aumenta los costos de producción y tenemos una casi nula producción de pastura.
-¿Cómo incide en las industrias locales la captación de leche que antes se remitía a las dos empresas que se retiraron de Uruguay (Schreiber Foods y Ecolat)?
-En la composición del precio de la leche al productor intervienen la exportación (Uruguay exporta el 70% de los lácteos que produce) y el mercado interno al que se destina el 30% de los productos. El mercado interno no sufrió mayores variables, por lo que en la fijación del precio final al productor, todo litro que ingrese va a la exportación con un precio deprimido, por lo que las industrias locales que captaron la leche de las empresas que se retiraron de Uruguay, le agregan al pool de sus productos uno de menos valor. Todo ingreso de leche, va en detrimento de los productores que ya le estaban vendiendo a esa industria, por eso golpea también el tener que captar esa leche de las empresas que se retiraron.
-El gobierno logró concretar un mecanismo para que los productores no tuvieran que tirar su producción. ¿Cómo es la operativa?
-Conaprole realizará productos a fazon. Lo que sucede con Conaprole es que, legalmente, no tiene posibilidades de diferenciar el precio a los productores. Todo tambero que ingrese, entra con las condiciones de los que ya están, pero por supuesto que la leche variará si tiene más grasa o más proteína y otros elementos. En definitiva, el precio que obtiene la empresa en el mercado internacional o en el interno, va por igual a todos sus socios.
El acuerdo fue una manera de decir no se tira leche, seguimos con la viabilidad del sector, pero para el productor que envía esa leche, tendremos que buscar la forma de cómo adelantarle el dinero que va siendo generado y que se está transformando en leche.
-Los precios de la leche en polvo entera siguen deprimidos y eso pega fuerte.
-El problema es que la leche en polvo está mostrando una caída de precios de más 50% por tonelada en el mercado mundial, el último precio de la licitación de Fonterra fue US$ 2.050 cuando estaba a más de US$ 4.000. Cuando esa leche que se está procesando se venda, capaz que tenemos suerte de un repunte de precios, pero sin duda va a ser un precio no muy distinto al que tiene previsto hoy Lactalís (la empresa que compró el Grupo La Esmeralda y en Uruguay adquirió Indulacsa) para la primera quincena de Julio a $ 5,30 por litro que son unos US$ 0,20 por litro.
-La solución que se logró a través del Inale fue por 90 días ¿después cómo sigue?
-Por lo menos nos da oxígeno, esperemos que surja una solución. Tal vez algún productor pueda reubicarse en la cooperativa, en otra industria, otro hará quesos, etc. En la mayoría de las industrias, la leche se paga 30 días después de cerrado el mes. A partir de este momento tenemos 60 días para buscar esa solución. Ya le enviamos al Banco República los nombres de todos los productores, se analiza qué tratamiento se puede hacer con ese productor si es que ya está operando con el banco, si empieza a hacerlo, etc. Luego tenemos 30 días para fijarle el precio a su producto y abrirle esa cuenta, para que después que se cerró su cuenta, a los 30 días cobre.
– ¿En qué está la solicitud de un crédito especial a la Corporación Nacional para el Desarrollo (CND)?
-Se conformó un grupo de trabajo entre la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (Opypa), Inale y Conaprole, para poner a punto el fideicomiso que presentará el MGAP en el Parlamento cuando esté pronto y obtener un rápido tratamiento. De cualquier manera, la instrumentación del fideicomiso demorará entre cuatro y seis meses, por lo que nos estamos planteando otros instrumentos puente por ese período. No están definidos aún. De cualquier manera, sea a través de la CND o de otra forma, es necesario hacerle llegar al productor la posibilidad de tener el dinero más rápidamente. No sabemos si se hará una sola emisión o si será más de una. Está a definirse.
-¿Están cuantificadas las pérdidas hasta ahora?
-No visualizamos cuándo se revertirán los precios, apostamos a una primavera normal, pero aún así, las pérdidas que ha tenido el sector andan por cuatro centavos de dólar por litro producido, que es lo que estamos solicitando a través del fideicomiso y pretendemos que para poder llegar a fin de año con un buen clima y con menos costos, igual pueda haber un adelanto porque los productores tienen que hacer ahora el pago de las reservas de invierno, las semillas, fertilizantes, etc. Eso le caerá al productor en sus cuentas hasta septiembre u octubre. Una vez fijado los montos y que ya sepa cada productor el monto que le corresponderá, pueda ir a pagar.
-En medio de esta situación de crisis hay tambos que se achican y ganado que sale del sector ¿ya hay pérdida de empleos a nivel de los tambos?
-El principal problema son los tamberos chicos, que son el 80% del total, con ingresos mensuales de $ 18.000 para un núcleo familiar que remite menos de 1.000 litros diarios. Si vamos a cargar las pérdidas sobre los costos familiares, esa familia no se va del sector porque es lo que sabe hacer, pero se van los gurises. Sería triste que esa masa social que está muy radicada, muy entusiasmada, se pierda. Algunos emprendimientos grandes no familiares, se están planteando la posibilidad de reducir el número de vacas y el número de empleados, pero por ahora no es importante.
-¿Y a nivel de la industria cuántos empleos se perdieron?
-Es dramático. La partida de Ecolat nos dejó 400 funcionarios sin sus fuentes laborales y la partida de Schreiber Foods dejó sin trabajo a otros 170, más 25 que tenían empresas unipersonales que trabajaban en calderas, leña, hacían trabajos de soldadura y otras cosas. Todo eso se dio en el interior donde el impacto de la pérdida de empleo es mayor que en la capital. En la ley de Inversiones se puntúa como bueno que las empresas que desean invertir en Uruguay se instalen en el Interior, pero cuando esas empresas se retiran, esos pueblos quedan muy golpeados, porque se pierden fuentes de trabajo que son fundamentales. El desempleo se convierte en un problema social muy importante. Por otro lado, estamos hablando -en el caso de la industria láctea- de mano de obra especializada.

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