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Quedarse es retroceder: TLC mejora competitividad en mercados

Con un arancel similar a Australia, Uruguay habría ahorrado US$ 41 millones en China.

Rafael Tardáguila | [email protected]

El Mercosur luce envalentonado. El preacuerdo con la Unión Europea le trajo aire fresco a un bloque que tenía muchas más perdidas que ganadas, y que para muchos era más un estorbo que un beneficio.

El Mercosur y la Unión Europea (UE) firmaron el acuerdo comercial más ambicioso, que engloba un universo de 800 millones de consumidores. No serán pocos los palos en la rueda que recibirá esta iniciativa, fundamentalmente desde los países agropecuarios fuertes de la UE, caso de Francia e Irlanda. Pero se da por descontado que el Parlamento Europeo lo aprobará y luego de esa instancia podrá quedar operativo con el primer país del Mercosur en el que su Parlamento haga lo propio. Pasarán un par de años para ello, pero se trata de una instancia clave que pone a la región en el camino de tantos países y regiones que intentan mejorar su acceso comercial al mundo con los productos en los que son competitivos.

En América del Sur el caso emblemático es Chile, país que compite con Uruguay en no demasiados rubros. Podría mencionarse como un caso saliente la carne ovina. Otros países con producciones muy similares a las de Uruguay, como los de Oceanía, hace muchos años que vienen en la senda de mejorar sus accesos en los principales mercados a los que exportan.

Por ejemplo, Australia cuenta con 12 tratados comerciales vigentes, otros cuatro ya firmados que todavía no están operativos, está negociando otros siete y ya tiene en agenda uno con el Reino Unido, anticipando su salida de la UE.

Entre los tratados vigentes, acumula alrededor de 90% de la carne vacuna que el país exporta. Ninguno de los cuatro principales destinos (Japón, Estados Unidos, China y Corea del Sur) quedan fuera de estos acuerdos. En todos los casos hay cronogramas de desgravación arancelaria que año a año mejoran las condiciones de acceso. En algunos de ellos hay salvaguardas en el caso que se dé un crecimiento significativo en las ventas en comparación con el año anterior, de manera de limitar aumentos coyunturales muy fuertes. Es el caso de Japón. En otros, como Estados Unidos y China, hay una cuota máxima a partir de la que se paga el arancel completo. Pero éstas son de volúmenes no fácilmente alcanzables. Con Estados Unidos actualmente la cuota anual es de 428.214 toneladas; crece en 5 mil toneladas cada dos años y es prácticamente imposible de ser completada. Solo en 2015 Australia estuvo cerca de llenar este cupo. En 2019 hasta el 10 de julio había embarcado 150 mil toneladas, 35% del total.

En el caso de China, el ChAFTA prevé para el año en curso un volumen de 174.454 toneladas a arancel de 6%, en tanto el volumen por encima de ese contingente paga el “full levy” de 12%, que es con el que ingresa Uruguay. Este año se prevé que Australia estará completando la cuota en agosto y a partir de entonces quedará en iguales condiciones arancelarias que Uruguay. En 2018 Uruguay exportó 186 mil toneladas de carne vacuna a China; si contase con un acuerdo comercial similar al de Australia, se habría ahorrado unos US$ 41 millones en aranceles. Teniendo en cuenta la faena total de vacunos del año pasado, representarían unos US$ 7 centavos por kilo carcasa. No es poco. Solo con un cliente y pagando la mitad del arancel. Para el año siguiente el impuesto cae a 4,8% y el volumen a partir del que se paga el arancel completo vuelve a aumentar, y así sucesivamente hasta quedar en 0%.

Quedarse quieto es retroceder, porque el ambiente es muy competitivo. Si los competidores mejoran las condiciones de acceso, los clientes preferirán comprarles a ellos. Hay que correr esa carrera mediante acuerdos comerciales con o sin el Mercosur que permitan acompasar las mejoras de los competidores. Sino, se pierde pie. Es lógica pura.