Rurales El Suplemento

Impacto: esto recién empieza

“El golpe de la epidemia en la economía ha sido fuerte, y las consecuencias, todo indica, perdurarán bastante más allá de las sanitarias”.

Gráfica.

Nicolás Lussich | [email protected]

Los agronegocios han sido de los sectores menos afectados por la epidemia, en la medida que los ciclos biológicos y productivos se imponen: las cosechas hay que levantarlas, las vacas ordeñarlas y las faenas -tal vez con más flexibilidad- hay que hacerlas para mantener la oferta de carne, en un mundo que la sigue y seguirá demandando, a pesar de los problemas.

Así, el agro ha sido un soporte importante para una economía muy afectada, aun con la producción mermada por los efectos de la dura sequía. El empleo en el campo -siempre subestimado- es clave para la actividad, en particular en los pueblos y ciudades más allá de Montevideo, y a pesar de que retrocedió fuerte en el último año. Es empleo local, de la gente que reside en cada pago y localidad. Bastante diferente a lo que sucede -por ejemplo- con la producción de productos vegetales frescos en EEUU y Europa, que necesita masivamente de trabajadores inmigrantes temporales para levantar las cosechas, asunto difícil en tiempos de Coronavirus.

Otros sectores están en otro extremo: turismo, cultura y entretenimiento, están casi paralizados. Los bares y otros servicios gastronómicos van retomando actividad, debiendo cumplir con protocolos de distanciamiento que limitan el negocio. Están en juego miles de puestos de trabajo y hay riesgos de que se pierdan muchos empleos y empresas. Las soluciones no son fáciles.

En la construcción y el transporte se han instrumentado protocolos para retomar la actividad contemplando la situación sanitaria, en esta “nueva normalidad”, que se impone en todo el mundo. Eso le ha dado un impulso a la economía y seguramente permitirá ir recuperando el trabajo, duramente afectado en marzo y -sobre todo- en abril. El problema es que el contagio sigue avanzando, lentamente, pero sin mostrar -por ahora- una pausa. De manera que el dilema sigue presente, entre salud y economía.

Mirando afuera.

Más allá de este dilema, en algún momento la epidemia pasará y el país se enfrentará, más claramente, con los problemas pendientes, aquellos que estaban ya preocupando antes de la llegada del virus: estancamiento, desempleo, problemas de competitividad. Y la salida no será fácil, porque la región y el mundo también están con serias dificultades.

Uruguay tiene la ventaja de haberse distanciado de los vaivenes regionales (gráfica), pero no podemos desacoplarnos totalmente: Argentina y Brasil siguen incidiendo fuertemente en nuestra economía y por eso hay que poner allí el ojo. Y el escenario es preocupante: en Argentina la crisis económica se profundiza por la epidemia y por la cuarentena obligatoria que -con excepciones- ha impuesto el gobierno. Si no se tratara de una conducción peronista, seguramente el escenario social sería aún más tenso. En Brasil, a los problemas económicos se han agregado problemas políticos ante los cuestionamientos -en su mayoría fundamentados- a la conducción del presidente Bolsonaro, que ha removido en pocos días al ministro de Salud Henrique Mandetta -justo en plena epidemia- y al ministro de Justicia, el renombrado ex juez Sergio Moro. Ha reafirmado que Paulo Guedes seguirá en la conducción de la economía, lo que ha dado cierta tranquilidad. Aun así, con el aumento reciente por estos ruidos políticos, Brasil ha acumulado un aumento del dólar de 45% en el último año, frente a una suba menor a 30% en Uruguay, que además tiene una inflación más alta.

En Argentina, el dólar paralelo (que es el que incide y determina las relaciones con Uruguay en turismo, servicios, etc.) ha dado otro salto y su cotización nominal casi triplica la de un año atrás (pasó de 40 a casi 120 pesos). En síntesis, la región ha devaluado fuerte sus monedas y Uruguay corre de atrás.

No tiene fundamento pensar que Uruguay deba seguir palmo a palmo a los vecinos en la tendencia devaluatoria: hemos hecho las cosas mejor, tenemos una trayectoria económica más valiosa y mantenemos el grado inversión, pese a los desequilibrios macroeconómicos. La nueva conducción del Banco Central está genuinamente preocupada por la inflación, que es un dolor de cabeza. Pero tampoco podemos desentendernos olímpicamente de las relaciones cambiarias con los vecinos.

En este contexto, Argentina decidió dejar las negociaciones que el Mercosur mantiene con otros países (Corea del Sur, Canadá, Singapur y otros) en lo que varios diplomáticos y expertos en relaciones internacionales catalogan como un abandono del Mercosur, en términos prácticos. No lo es en términos formales y Argentina argumenta que es una decisión transitoria, y que se mantendrá en las decisiones que tienen que ver con el acuerdo con la UE, que aún tiene que aprobarse por los Parlamentos.

Más allá de esto, es claro que Argentina -en medio de una histórica crisis- ha optado por cerrarse más y resolver sus problemas en forma más autónoma. Reflejos parecidos -salvando las diferencias- ha tenido el presidente de EEUU, Donald Trump. Sin embargo, el caso para Uruguay es claro: hemos logrado crecer en los años previos gracias a la apertura y el comercio, por la posibilidad de vender más productos a China, Brasil, la UE, etc., y comprar afuera lo que no producimos competitivamente aquí. Cambiar el rumbo no parece acertado y para el sector agropecuario sería muy negativo.

El problema es que Uruguay ha perdido competitividad y los países con los que sí tenemos acuerdo de libre comercio (los del Mercosur) han devaluado. Las relaciones de precios han mejorado con EEUU y la UE, pero allí aún tenemos problemas de acceso. China sigue siendo clave y -después de la epidemia- quizás lo sea aún más, aunque una excesiva dependencia de un solo mercado conlleva riesgos.

Por todo esto, a pesar de las urgencias que impone el Coronavirus, el país tiene que seguir insistiendo en abrir mercados para valorar más el trabajo de los uruguayos, tener mejores salarios, inversiones y ‘complejizar’ la economía, de manera de hacerla más fuerte y resistente a los ciclos, crisis o cambios globales. Esto es clave para los agronegocios y para toda la economía. Es fácil decirlo y muy difícil hacerlo, en especial desde este Mercosur en crisis, pero no hay que resignarse.